El equilibrio perfecto: aumentar tu patrimonio y mantener tu nivel de vida
Una buena planificación financiera, en la que se contemplen de forma realista ingresos y gastos, y se reorganicen y optimicen recursos, no sólo es básico para tomar decisiones económicas informadas y reducir riesgos. También vale para ahorrar de cara al futuro.
Crear hábito de ahorro. He aquí el quid de la cuestión. Éste es uno de los factores clave para hacer un buen colchón financiero, y sin embargo suele quedar fuera del foco cuando hablamos de salarios, vivienda o inflación. La tasa de ahorro de las familias españolas se ha desacelerado en la primera mitad de 2025 hasta situarse en el 4,8%, 1,6 puntos por debajo de la registrada en el mismo periodo del año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y entre las razones que explican esta bajada se encuentra la falta de cultura financiera. No se trata solo de cuánto ingresamos, sino de cómo automatizamos el ahorro, qué reglas nos ponemos y qué herramientas usamos para sostenerlo en el tiempo. Dejar de verlo, en definitiva, como guardar lo que sobra para instalar un método realista, adaptado a las circunstancias de cada uno para que se pueda cumplir.
En España, la tasa de ahorro también depende mucho del ciclo económico: se ahorra más cuando hay más incertidumbre y se reduce cuando la economía parece estable. Es lógica financiera básica y pasa prácticamente en todas las economías avanzadas, pero no es lo recomendable. Ahorrar cuando ‘pinta feo’ y gastar cuando todo va bien es contraproducente si lo que se pretende es consolidar el hábito. De ahí que lo aconsejable siempre sea desacoplar el método de inversión del estado de ánimo del ciclo, poner un suelo automático y añadir extra cuando se pueda.
Planificar no es sinónimo de renunciar, sino de ganar en claridad, seguridad y tranquilidad financiera. Y la mejor manera de crear un buen hábito de ahorro de cara al futuro.
Además, en España el ahorro a largo plazo está menos arraigado que en otros países europeos, donde son más habituales los planes de previsión, los fondos o las rentas vitalicias. Y esto es así, porque aquí hay menos hábito de planificación financiera, porque tradicionalmente siempre se ha ahorrado con el principal fin de comprar una vivienda, y nos faltan mecanismos que por defecto nos inviten al ahorro. Por tanto, no es que haya falta de voluntad, es que hay falta de costumbre que, de arraigarse permitiría construir un patrimonio, más o menos, importante mientras se administran los gastos fijos mensuales. Es mucho más que ‘hacer números’. Es una herramienta para organizar tu dinero, protegerte frente a imprevistos y alcanzar metas de forma realista invirtiendo, además, en productos que permitan que ese capital vaya creciendo.
Pero, cómo convertir el ahorro en rutina. Para construir el hábito debes tener en cuenta tres pasos básicos:
Visión global
¿De verdad sabes cuánto dinero dispones al mes? ¿Eres consciente de tu capacidad de ahorro? Seguramente las respuestas a estas dos preguntas, así, de primeras, sea un sí. Pero, si te paras un momento a reflexionar, quizá te asalte la duda. Por eso, siempre es recomendable, quieras o no, comenzar con una planificación financiera, poner en orden tu economía doméstica y apuntar, en un Excel o en un bloc de notas, todos tus movimientos mensuales: ingresos, gastos fijos, deudas y ahorro disponible, para, de un vistazo, tener clara la fotografía de tus finanzas. Porque si crees que solo se puede ahorrar lo que nos sobra de todo lo demás nunca alcanzarás tus objetivos. Debes concederle su sitio al ahorro. Todo esto te dará una visión real de tu situación y te permitirá marcarte metas alcanzables. Sin este ejercicio es tan fácil sobreestimar lo que puedes ahorrar e invertir como todo lo contrario, creer que no tienes capacidad para construir un buen colchón en el largo plazo.
Objetivos y plazos
Una vez analizadas tus finanzas, llega el siguiente paso: qué objetivos tengo en el corto, medio y largo plazo. Porque, no es lo mismo ahorrar para hacer un viaje en 6 meses que para la jubilación en 30 años. Así, al igual que pones en orden tu balance mensual (lo que entra y lo que sale de tu cuenta) también deberías priorizar tus expectativas y asignarle a cada una de estas metas un producto adecuado: si es un ahorro a corto plazo, necesitarás un vehículo que te ofrezca liquidez y seguridad; si es un ahorro a medio, lo mejor son productos equilibrados; y si tu plan es generar un buen colchón financiero para el futuro deberás invertir en una cartera diversificada con potencial de crecimiento.
Asesoramiento profesional
Y, si lo que buscas es que tu planificación financiera sea realmente eficaz, acude al asesoramiento profesional. Esta es una pieza clave. Tener un personal trainer financiero te permite un análisis concreto de tu situación y un plan adaptado a ti. Muchas veces, al hacerlo por nuestra cuenta, tendemos a subestimar riesgos o a tomar decisiones impulsivas; mientras que un experto conoce los productos que mejor pueden ajustarse a tu perfil y a tu horizonte temporal para que estas soluciones no supongan un sobreesfuerzo financiero sino una fórmula cómoda y funcional para llegar a tus metas. Entidades como MAPFRE, cuentan con profesionales en cada una de las más de 3.100 oficinas que ofrecen un asesoramiento cercano, personalizado y orientado a protegerte ahora, hacer crecer el patrimonio con seguridad y dar tranquilidad para tu futuro financiero.