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De la hucha al plan financiero: los métodos del ahorro inteligente

La fórmula mágica del ahorro no existe, pero sí que hay métodos que, bien combinados con productos financieros adecuados y una buena planificación, pueden servir para hacer crecer tu dinero.

Arancha Bustillo

No hay una ecuación matemática universal que encierre el secreto del ahorro perfecto. Y cualquier gurú que te venda lo contrario, está mintiendo. Lo que sí hay son métodos que pueden adaptarse a la situación de cada uno y productos de inversión que permiten hacer crecer el ahorro con riesgo controlado. 

Imagina el ahorro como un plan de entrenamiento físico orientado a alcanzar un objetivo concreto. Las rutinas de ejercicios y la dieta dependerán de factores como la edad, la condición física, el tiempo disponible para entrenar y la meta que se quiere conseguir. Con el ahorro pasa lo mismo. No existe una receta igual para todos, pero sí principios que, bien aplicados, pueden dar resultados sólidos a largo plazo. 

Como en cualquier preparación física, el primer paso es conocer el punto de partida. Antes de poner a trabajar tu dinero, necesitas medir tu estado financiero y conocer con precisión ingresos, gastos y deudas. Luego viene la pregunta clave. ¿Para qué quieres ahorrar? Porque al igual que no es lo mismo entrenar para correr una maratón que para tonificar, tampoco se puede utilizar el mismo método de ahorro para un fondo de emergencia, para complementar la jubilación o para comprar una vivienda. 

Escoger un método de ahorro es un ejercicio de honestidad con uno mismo. Existen muchos planes para “poner en forma” nuestras finanzas, pero no todos encajan con nuestro ritmo de vida, nuestros objetivos o nuestra capacidad de esfuerzo. Algunos se han popularizado por su sencillez, mientras que otros parten de un principio tan básico como efectivo: págate a ti primero, que viene a ser el equivalente a reservar tiempo sí o sí para entrenar, pase lo que pase, y consiste en apartar cada mes una cantidad fija para ahorrar e invertir antes de destinar el resto a gastos. Sea cual sea la fórmula elegida, conviene entender que no hay atajos ni milagros. Igual que en el gimnasio, los resultados no dependen de la promesa del plan, sino de la constancia con la que lo aplicamos.

Empieza con un método que te resulte sencillo, aunque la cantidad sea pequeña. La constancia y la automatización te permitirán mantener el hábito.

Todos estos métodos pueden ajustarse a tu situación personal y combinarse con productos de inversión que hagan crecer ese esfuerzo, igual que un buen plan de entrenamiento se potencia con una nutrición adecuada. Al final, ahorrar no significa privarse, sino entrenar tus finanzas para ganar fuerza, resistencia y resultados reales. No se trata de aguantar sacrificios, sino de construir hábitos que te permitan alcanzar tus metas y mantenerlas en el tiempo.

Elige un método que puedas mantener

Fórmulas populares como la del 50/30/20, que divide los ingresos netos en 50% para necesidades, 30% para deseos y el 20% que resta para ahorro e inversión son ya de sobra conocidas. Hay sistemas más visuales, como el de los 6 botes, que aterrizan el ahorro a un plano cotidiano y proponen una fórmula que divide los ingresos en 6 categorías fijas con el fin de controlar a dónde va el dinero y evitar gastos por impulso. Y el ahorro por objetivos que se está extendiendo entre los ahorradores, porque permite visualizar y concretar la meta para la que se va a destinar el dinero. En este sentido, el Programa Horizonte Inversión de MAPFRE es una buena alternativa, porque te permite definir el objetivo y el plazo, y delegar la ruta de riesgo adecuada hasta llegar a la meta. Y con el respaldo de gestión de los especialistas de la entidad.

Automatiza el ahorro y pon a trabajar tu dinero

De poco sirve escoger el método que mejor encaja contigo si luego no asumes el compromiso de ahorro. La falta de fuerza de voluntad se suple con la automatización, que evita el típico ‘ya aportaré el mes que viene, que este me viene un poco mal’ y que suele desembocar en el abandono del hábito.  

Programar una transferencia automática a principios de mes es la mejor estrategia. Y hacerla hacia un producto de inversión siempre será más rentable que destinarla a una cuenta. El método de ‘pagarse primero a uno mismo’ sortea aquello de gastar ‘lo que te sobra’ y permite construir patrimonio, aunque se aporte pequeñas cantidades, siempre y cuando se mantenga la constancia.

Define metas y revisa periódicamente

Cualquier método de ahorro suele quedar en una intención si no se aterriza en una motivación real. Ahorrar con motivo suele ser más eficaz, porque sin meta el ahorro se queda en un concepto abstracto y es más fácil gastar lo que se ha reservado. Además, visualizar el resultado (esas vacaciones pendientes, la compra de un coche…) genera dopamina, lo que refuerza el hábito de guardar el dinero, y cada aporte deja de sentirse como un sacrificio para vivirse como un paso más hacia aquello que se desea. 

A veces esos objetivos van evolucionando, lo que suele reforzar la capacidad de ahorro y convierte ese hábito en un proceso dinámico que se adapta a tu vida y fortalece la disciplina financiera a largo plazo.  

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Mapfre. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.