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Cómo evitar los tres errores típicos al invertir

Invertir no es difícil. Lo complicado es hacerlo bien, evitando los típicos errores que, aunque parecen a menudo pequeños, pueden reducir de forma notable la rentabilidad a largo plazo. Conocerlos es el primer paso para evitarlos y tomar decisiones inteligentes.

Arancha Bustillo

Aproximadamente la mitad de los hogares españoles, el 48,6%, según la última edición de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España, dispone de productos de inversión más allá del simple saldo en cuenta. Este dato refleja una creciente democratización de la inversión, que permite que cualquier persona con capacidad de ahorro pueda acceder a vehículos diseñados para hacer crecer su patrimonio. La reducción de las barreras de entrada, la digitalización de los servicios financieros y la proliferación de plataformas explican, en gran parte, esta universalización de la inversión y el creciente interés que despiertan ahora productos como fondos de inversión, planes de pensiones, seguros ahorro e incluso activos alternativos.  

Sin embargo, muchos de estos inversores se aventuran en los mercados sin la formación suficiente y repiten errores comunes fácilmente evitables que derivan, en muchos casos, en toma de decisiones poco eficientes que les vuelven vulnerables ante la volatilidad y permeables a las modas pasajeras. La Encuesta de Competencias Financieras (ECF), publicada por el Banco de España, pone de relieve esta brecha formativa. Según la última edición del estudio, el nivel de conocimiento financiero básico sigue siendo limitado. Solo el 65% de los encuestados responde correctamente a una pregunta sobre inflación, el 52% comprende el principio de diversificación del riesgo y apenas el 41% acierta en una cuestión relacionada con el interés compuesto, uno de los conceptos clave para entender el crecimiento del ahorro a largo plazo.

La accesibilidad a la inversión y una formación financiera claramente mejorable conforman un cóctel que incrementa el riesgo de cometer errores costosos, especialmente en entornos de mercado complejos e inciertos. 

Hay errores que parecen pequeños, pero que pueden lastrar de forma significativa una cartera de inversión y reducir de manera notable la rentabilidad esperada.

Por eso, cada vez cobra más importancia la figura del asesor profesional, cuyo papel va más allá de la recomendación de productos. Su función se centra, principalmente, en acompañar al inversor en la definición de objetivos realistas, en evaluar de la forma más precisa posible la tolerancia al riesgo y diseñar carteras bien diversificadas que respondan a las necesidades particulares de cada persona. En un escenario en el que invertir está al alcance de todos, hacerlo bien se ha convertido en el verdadero desafío. De ahí que antes de nada sea imprescindible conocer los errores más habituales, para ser capaces de esquivarlos. 

Invertir sin colchón de seguridad

Uno de los fallos más habituales es lanzarse a invertir sin haber consolidado antes un ahorro mínimo para imprevistos. Sin un fondo equivalente de entre tres y seis meses de gastos esenciales, cualquier desembolso inesperado como una avería, por ejemplo, puede obligar a retirar la inversión en un momento poco favorable. Y vender en el peor instante no sólo frena la estrategia, sino que puede suponer pérdidas reales de capital y dejar escapar rentabilidades que estaban por llegar.  

Tomar decisiones por impulso

Dejarse guiar por las emociones nunca es el mejor camino. Menos aún en el campo de la inversión, en el que debe primar la estrategia razonada y basada en resultados. Comprar un determinado producto porque todo el mundo lo hace o vender precipitadamente ante una caída del mercado son reacciones muy comunes que, además, pueden salir caras. 

La inversión siempre funciona mejor cuando se basa en disciplina, planificación y perspectiva a largo plazo. Las fluctuaciones a corto son normales, y cambiar de dirección por un impulso puntual puede generar una tormenta innecesaria dentro de la propia estrategia del inversor.

Confiar demasiado en un único producto

Otro error habitual es concentrar toda la inversión en un único activo, sector o tendencia supuestamente “prometedora”. La falta de diversificación incrementa el riesgo y compromete la estabilidad a largo plazo, ya que cualquier movimiento adverso puede afectar de forma directa a toda la cartera.

Para evitarlo, resulta clave contar con asesoramiento especializado. Entidades como Mapfre ofrecen servicios personalizados en sus más de 3.100 oficinas para ayudar a diseñar carteras bien estructuradas, combinando un núcleo de inversión sólido con instrumentos satélite que acompañen y compensen las variaciones del mercado. De este modo, es posible incorporar productos con potencial, incluidas ideas de tendencia, sin perder el equilibrio ni asumir un nivel de riesgo superior al adecuado.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Mapfre. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.