Las nuevas formas de ahorro que se llevan a partir de los 50
Cualquier edad es buena para empezar ahorrar, pero cada etapa tiene sus prioridades. A partir de los 50, cuando la jubilación asoma en el horizonte, el ahorro adquiere un nuevo sentido. Ya no se trata tanto de acumular capital sino de ordenar el patrimonio y pensar en nuevas fórmulas de inversión.
Los estudios, el trabajo, la familia… Nos dejamos llevar tanto por la inercia que genera la rutina, que cuando nos queremos dar cuenta tenemos 50 años y no hemos contratado, ni siquiera, un plan de pensiones. Y nos entran los nervios. Pensamos que ya no hay margen para el ahorro, que se nos ha pasado el arroz. Sin embargo, en el tiempo de descuento también se puede ganar el partido.
A los 50 años quedan, aproximadamente, unos 15 años para la jubilación. Tres lustros clave para tomar decisiones con un impacto real en la tranquilidad financiera del futuro. En este momento vital, muchas personas disfrutan de una mayor estabilidad laboral, menos cargas que en décadas anteriores y una visión más clara de sus necesidades. No en vano, a este grupo se le conoce como Generación Silver, entre otros motivos por su mayor capacidad de ahorro.
Además, el contexto acompaña. España es el país con mayor esperanza de vida de la Unión Europea, con 84 años de media, lo que convierte a los 50 en una auténtica edad bisagra: no es el final de nada, sino el inicio de una etapa larga en la que todavía se toman decisiones relevantes. A ello se suma que las personas de más edad presentan, de media, un menor riesgo de pobreza o exclusión que otros colectivos. Y, en términos patrimoniales, el ciclo vital también pesa: a finales de 2022, siete de cada diez hogares eran propietarios de su vivienda principal, con un valor medio de 150.000 euros, un colchón que ayuda a explicar la estabilidad relativa de esta generación.
Un escenario que invita a plantear estrategias enfocadas en asegurar una renta que complemente la pensión, aporte seguridad a largo plazo y permitan, además, seguir mejorando el patrimonio.
A partir de los 50 años el plan financiero pasa por ordenar el ahorro y ajustar bien los objetivos y los productos para dar coherencia a la estrategia de inversión.
Soluciones que ayudan a canalizar el ahorro de forma gradual y tener la opción de transformarlo en una renta periódica que complemente a la futura pensión pública. Existen varios instrumentos diseñados para quienes buscan seguridad, previsibilidad y tranquilidad, que resultan especialmente útiles cuando el horizonte temporal es más corto y el objetivo es garantizar (aún) ingresos en el largo plazo.
Ahorro pensado para que se convierta en ingresos
Una opción interesante para ahorrar a partir de los 50 son los Planes Individuales de Ahorro Sistemático (PIAS), tanto por su fiscalidad como por la posibilidad de rescatarlo como renta vitalicia. Este instrumento permite ahorrar de forma progresiva y acumular patrimonio de cara a la inversión. Y no, no debe ser tratado como sustituto de un plan de pensiones, sino como un complemento más, porque tiene sus propias características. El plan de pensiones estructura el ahorro para la jubilación, mientras que los PIAS aportan flexibilidad y opciones de renta. Combinarlos adecuadamente puede ser una estrategia más equilibrada que elegir sólo uno.
Una renta para toda la vida
Para quienes priorizan la tranquilidad, existen alternativas que permiten convertir un capital acumulado en una renta periódica garantizada durante toda la vida. Este tipo de soluciones resultan especialmente interesantes a partir de los 50, cuando la preocupación principal es no quedarse sin ingresos en edades avanzadas. Una primera mirada a las opciones disponibles te dará una idea de cuáles son las principales condiciones de un producto como éste que, en gestoras como Mapfre, por ejemplo, permiten suscribir un seguro de renta vitalicia llegado el momento, con un capital relativamente accesible y con ventajas fiscales.
Asesorarse bien siempre es la mejor estrategia
A partir de los 50 años, las decisiones financieras ya no se toman en abstracto. El punto de partida de cada ahorrador es distinto y mientras unos llegan con un buen patrimonio acumulado, otros aún están construyéndolo. Por eso, no existen soluciones universales y cobra especial importancia contar con asesoramiento especializado que ayude a poner orden, priorizar objetivos y convertir el ahorro en un plan realista de cara a la jubilación. En entidades como Mapfre, equipos de asesores expertos atienden a cada ahorrador de forma personalizada, teniendo en cuenta variables clave como la edad, la estabilidad de los ingresos, el nivel de ahorro previo, la situación fiscal o las responsabilidades familiares. Un análisis individual que permite diseñar la estrategia más adecuada para transformar el ahorro en ingresos futuros y ganar tranquilidad en una etapa decisiva de la vida.