Ahorrar con una hipoteca, hijos y sueldo normal… Sí, es posible
Ahorrar es, para muchas familias con hijos, hipoteca y un sueldo básico, una asignatura pendiente. Un reto (necesario) que no se atreven a afrontar, porque no cuentan con las herramientas para abordarlo con éxito.
María y Darío tienen dos hijos menores de cinco años, una hipoteca a 30 años y dos sueldos que, juntos, apenas alcanzan los 3.000 euros mensuales. Su situación no es excepcional. En España, al menos uno de cada cuatro hogares no ahorra nada al mes. Las cifras varían según las estadísticas, pero lo que es cierto es que este dato revela la falta de capacidad de ahorro. Una realidad especialmente acusada en las grandes ciudades, donde la vivienda absorbe entre el 30% y el 40% de los ingresos familiares.
A este esfuerzo estructural se suma, además, el encarecimiento generalizado del coste de la vida. En los últimos tres años, la inflación acumulada ronda el 10%, con subidas especialmente intensas en partidas como alimentación, energía, transporte y servicios educativos. Un escenario que, unido a la falta de ahorro, deja a muchas familias expuestas ante cualquier contratiempo como una avería en el coche, un gasto médico imprevisto o una subida de la cuota escolar, que pueden descuadrar por completo un presupuesto ya de por sí ajustado.
La pregunta, por tanto, no es por qué no ahorran, sino cómo pueden empezar a hacerlo en su situación. Y la experiencia demuestra que, incluso con rentas medias y cargas familiares, es posible generar capacidad de ahorro con una mejor organización y decisiones financieras adaptadas a la etapa vital. Porque no es lo mismo ahorrar con 25 años y sin responsabilidades que con dos hijos pequeños, horarios ajustados y gastos rígidos difíciles de recortar.
Orden, planificación y prioridades son las verdaderas palancas que permiten a una familia con cargas financieras construir, paso a paso, un fondo sólido a largo plazo.
Aunque hay métodos para todos los gustos, siempre se debe empezar por radiografiar el presupuesto familiar y señalar los pequeños gastos, revisar conceptos y renegociar servicios básicos para liberar recursos sin afectar al nivel de vida. Una vez hecho este ejercicio, el siguiente paso es elegir la estrategia de ahorro que mejor encaje con cada uno.
El ahorro invisible
Una de las fórmulas más conocidas, y eficaces, es la del ahorro invisible. Un método que consiste en destinar automáticamente y justo después de cobrar la nómina una pequeña cantidad a una cuenta distinta a la habitual de gastos. No se trata de grandes cifras, 30 euros al mes suelen ser suficientes para crear el hábito y evitar que ese dinero se diluya en los gastos corrientes. El objetivo, por tanto, no es acumular grandes importes, sino introducir el ahorro como una decisión estructural y no residual.
Si, además de ahorrar, queremos poner a trabajar ese dinero, es importante optar por productos sencillos, flexibles y alineados con un perfil prudente, especialmente en familias con gastos rígidos y necesidades de liquidez. Así, en entidades como Mapfre existen soluciones pensadas precisamente para canalizar este tipo de ahorro periódico sin exigir grandes compromisos. Los PIAS y los SIALP son opciones interesantes, porque permiten aportar pequeñas cantidades al mes, mantener la disciplina y beneficiarse de una gestión profesional.
Ahorro por planificación
Otra vía muy habitual es el ahorro por planificación, especialmente para partidas como alimentación y gastos de los niños que representan una parte importante del presupuesto familiar y tienden a crecer de forma silenciosa. Este tipo de ahorro no consiste en recortar ni en privarse de nada, sino de anticipar ese gasto y tomar decisiones más conscientes antes de que el dinero salga de la cuenta.
Planificar implica, por ejemplo, concentrar la compra de alimentación, evitar decisiones de última hora, prever necesidades de ropa por temporada y ajustar los gastos escolares con mirada anual. Cuando estos gastos se anticipan se reducen las compras compulsivas, los sobrecostes y los llamados gastos hormiga, que erosionan (mucho) la capacidad de ahorro.
Y qué se puede hacer con ese dinero rescatado gracias al orden… Pues se puede canalizar a ciertos productos de inversión para perfiles moderados que permitan generar un buen colchón a largo plazo. Para elegir bien el vehículo adecuado es clave contar con asesoramiento experto que ponga cifras, priorice objetivos y convierta ese ahorro en una estrategia coherente. Entidades como Mapfre cuentan con equipos especializados en asesoramiento personalizado que acompaña a las familias en este proceso.
Ahorrar por objetivos
Cuando el margen de ahorro es reducido y compite directamente con el gasto diario, a veces la fórmula correcta es ahorrar por objetivos. Este método resuelve porque da un propósito concreto al esfuerzo, y eso cambia por completo el comportamiento financiero.
Metas hay muchas: contar con un fondo de emergencia, amortizar parte de la hipoteca, vacaciones familiares… Pero si el reto es priorizar los estudios de los hijos, Mapfre cuenta con una solución pensada precisamente para tal fin. Se trata del seguro de ahorro Educación, diseñado para ayudar a las familias a planificar con antelación los estudios de sus hijos de forma ordenada y realista.