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Dime qué edad tienes y te diré cómo ahorrar

Los seguros de ahorro también forman parte de una estrategia financiera sensata.

Arancha Bustillo

Cumplimos años, cambiamos de trabajo, formamos una familia, compramos una casa, pensamos en la jubilación… y, sin embargo, muchas veces seguimos sin tener un plan de ahorro definido. Nuestras prioridades, y también nuestro nivel de riesgo, no son los mismos a los 25 que a los 45 o a los 65 años, pero seguimos actuando como si el tiempo no pasara, sin darnos cuenta de que el futuro financiero se empieza a construir en el presente.

Noelia se dio de bruces con la realidad a los 37 años, cuando tuvo a su segundo hijo y necesitó solicitar una excedencia en su trabajo. Había echado números y sus ahorros le daban para vivir un año sin ingresar, pero pronto descubrió que no todo el dinero estaba tan disponible como pensaba. Una parte estaba comprometida en la entrada de una futura vivienda, otra la había invertido a medio plazo y el resto apenas cubría los gastos más inmediatos.

Aquella situación le hizo darse cuenta de algo que hasta entonces no se había planteado demasiado: tener dinero ahorrado no es lo mismo que tener una estrategia de ahorro.

Contar con una estrategia planificada de ahorro permite mayor protección y ayuda a mejorar la calidad de vida en el futuro.

La realidad es que el ahorro no suele ocupar un lugar protagonista en nuestra planificación cotidiana. Primero vienen los gastos del día a día, después los imprevistos y, si sobra algo, entonces pensamos en guardar una parte. Pero esa lógica, repetida durante años, puede terminar dejando en segundo plano algo tan importante como la estabilidad financiera a largo plazo.

Revisa tu planificación en cada gran cambio

Hijos, hipoteca, un cambio de empleo o simplemente el paso del tiempo. Cada etapa en la vida supone responsabilidades distintas, riesgos diferentes y, por tanto, necesidades financieras que cambian. Lo que tenía sentido a los 20 seguramente no encaje a los 40, porque la realidad personal y profesional son otras.

Por eso, cada gran cambio vital debería ser también una oportunidad para revisar nuestro mapa de ahorro e inversión. De analizar si la estrategia que seguimos sigue teniendo sentido. Quizá ahora necesitamos más liquidez, o tal vez ha llegado el momento de pensar en instrumentos diseñados para el largo plazo.

Una revisión periódica es un ejercicio de responsabilidad financiera que puede marcar la diferencia con el paso de los años. Elegir bien en qué productos colocar nuestro dinero, teniendo en cuenta la edad, los objetivos y el nivel de riesgo que estamos dispuestos a asumir en cada momento es uno de los pasos básicos que hay que dar si queremos construir una estrategia inteligente y, sobre todo, coherente.

Piensa con perspectiva temporal

El ahorro, a través de cualquier producto financiero, no debería responder únicamente a una necesidad puntual. Más bien debería formar parte de un proyecto más amplio, con la mirada puesta en el medio y largo plazo. Porque no estamos hablando de acumular dinero, sino de construir una base sólida que permita proteger nuestros ingresos, afrontar imprevistos con tranquilidad y garantizar la estabilidad económica en el futuro. 

Crear un hábito de ahorro, aunque sea con pequeñas aportaciones periódicas, puede parecer algo modesto al principio. Sin embargo, con el tiempo se convierte en una herramienta poderosa. Más allá de la cantidad acumulada, lo importante es la constancia, la disciplina de reservar una parte de los ingresos para objetivos futuros.

El ahorro siempre funciona mejor cuando se mira con perspectiva y sobre todo si nos olvidamos de contemplarlo como algo secundario. Cuando se toman decisiones sin tener en cuenta esta visión temporal se acaba saltando de producto en producto, sin tener una estrategia clara.  El horizonte temporal es una decisión que no debemos pasar por alto y que va a marcar nuestro perfil. Por eso, contar con un asesor, que te ayude a tomar las mejores decisiones, con conocimiento y profesionalidad, como los que puedes encontrar en cualquiera de las 3.200 oficinas de Mapfre, es vital. 

Define una estrategia financiera

Un seguro de vida, por ejemplo, no solo cubre un riesgo concreto. También puede desempeñar un papel importante dentro de una estrategia de previsión familiar, aportando seguridad ante situaciones inesperadas. Del mismo modo, algunos productos de inversión están orientados a objetivos específicos, como la jubilación o la financiación de proyectos futuros, mientras otros permiten construir patrimonio de forma progresiva.

La clave está en entender que cada herramienta cumple una función distinta dentro de un mismo plan. Algunas priorizan la protección, otras el crecimiento del capital y otras la liquidez. Cuando se combinan de forma equilibrada, pueden contribuir a crear una estrategia más sólida y adaptada a las distintas etapas de la vida.

Entidades como Mapfre subrayan la importancia de coordinar estas piezas dentro de una estrategia global. Seguros de vida para la protección, productos de previsión y soluciones de inversión deben trabajar juntos, no competir entre sí. Es más, muchos son el eje sobre el que pivotará tu ahorro en un momento de tu vida y, sin embargo, pasarán a ser accesorios cuando tus circunstancias vitales vayan evolucionando.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Mapfre. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.