La huella más ligera: por qué el pescado de acuicultura es la proteína más eficiente del planeta
¿Conoces el impacto que tiene cada decisión que tomas en la compra semanal? No basta con pensar en nutrición: la sostenibilidad es clave para proteger un planeta que acusa el desgaste que causan nuestros hábitos.
Las proteínas son un macronutriente imprescindible para el funcionamiento óptimo de nuestro organismo y, si bien existen muchas fuentes de proteína de origen vegetal, las de origen animal tienen mayor calidad proteica para la alimentación humana (se consideran proteínas completas) y mayor biodisponibilidad (son más eficientes). Pero, aunque el consumo de proteína resulta fundamental, no debemos perder de vista la huella de carbono que deriva de la ganadería, la cual representa aproximadamente el 12% de las emisiones de gases con efecto invernadero, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
No todas las fuentes de proteína de origen animal son igual de eficientes en términos medioambientales. En la actualidad, ante la crisis climática, el consumidor valora cada vez más que sus decisiones sean conscientes, fundamentadas en el impacto que estas acarrean tanto para su salud como para el medio ambiente. En este sentido, conviene resaltar que hay una proteína notablemente más eficiente y respetuosa con el planeta. Se trata del pescado de acuicultura, el cual destaca por tres razones fundamentales: sus bajas emisiones de CO2, su alto índice de conversión alimenticia y su mínimo consumo de agua dulce. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera la acuicultura como uno de los métodos de producción que más influirá en el futuro de la alimentación.
La “Revolución azul” en alimentación y sostenibilidad ambiental
Para comprender por qué la acuicultura es uno de los métodos de producción de proteína más eficientes –hasta siete veces más que la carne–, primero conviene matizar qué es exactamente esta actividad. La acuicultura es el cultivo de peces y algas en mares y ríos, mediante técnicas encaminadas a hacer un uso más eficiente de los recursos naturales. Se trata de un sistema imprescindible para que podamos continuar comiendo pescado sin forzar los ecosistemas, como complemento a la pesca extractiva.
El 70% del planeta está cubierto de agua y, sin embargo, solo el 7% de los alimentos que consumimos provienen de los mares y ríos. Además, hay que tener en cuenta que los recursos naturales de la Tierra son finitos y, ante el incremento de la población mundial, alimentarnos a todos es un reto del presente que influirá en el futuro. Aquí es donde adquiere especial relevancia el papel de la acuicultura, pues así como necesitamos la ganadería y la agricultura, esta se erige como clave para garantizar la alimentación y preservar al mismo tiempo los recursos naturales del planeta.
Por sí solos, los mares y ríos no son suficientes para abastecer de pescado a una población que no deja de aumentar, con previsión de superar los 9.700 millones en 2050. Ante este escenario, la acuicultura se perfila como una “Revolución azul” con capacidad para ser parte de la solución, contribuyendo a preservar la biodiversidad del medio acuático, al tiempo que rema en favor del aseguramiento alimentario global.
La proteína animal con menor huella de carbono
La acuicultura y la pesca solo son responsables del 0,5% de las emisiones de CO2. La cantidad de energía, nutrientes, espacio y agua necesarios para producir un kilogramo de proteína animal son mucho menores en los océanos y otros espacios acuáticos en comparación con aquellos que provienen de tierra firme. Así las cosas, consumir alimentos procedentes de la acuicultura deriva en una reducción de la presión que ejerce el sistema alimentario sobre los recursos naturales terrestres y acuáticos.
A nivel europeo, el pescado de acuicultura destaca por ser una de las ganaderías que menor huella de carbono genera. Según datos de FEAP Infographics de 2024, las ganaderías de carnes procedentes de animales rumiantes (vacas) emiten entre 14 y 82 kilogramos de CO2 equivalentes por cada kilogramo de producto, las emisiones de porcino son de entre 3,9 y 10 kilogramos de CO2 equivalente por kilogramo de producto y las de aves (pollo y pavo) conllevan entre 3,7 y 8,9 kilogramos de CO2 equivalente por kilogramo de producto. En cambio, para producir 1 kilogramo de pescado fresco –incluyendo transporte, embalaje y almacenamiento– la emisión se sitúa en un rango de entre 4 y 5,5 kilogramos de CO2 equivalente para las especies de lubina, trucha arcoíris y rodaballo.
También saca buena nota la acuicultura en materia de huella hídrica y el consumo de agua dulce, pues aquí gana una gran ventaja en eficiencia medioambiental no solo frente a otras ganaderías, sino también frente a casi todo el sistema alimentario animal y vegetal. La acuicultura prácticamente no consume agua, excepto una cantidad pequeña para la elaboración de los piensos, por lo que la huella hídrica de la acuicultura es de las más bajas de todo el sistema alimentario. A ello hay que añadir que el agua captada para la producción acuícola se considera “uso no consuntivo”, lo que significa que el agua que entra en los sistemas productivos para el cultivo de los peces se devuelve posteriormente al medio en condiciones similares en las que se captó.
Otra razón por la cual la acuicultura es más eficiente es su índice de conversión alimenticia. Esto hace referencia a cuánto tiene que comer un animal para producir un kilogramo de alimento para humanos. En este sentido, los peces son organismos muy eficientes, puesto que necesitan muy poco alimento para mantener su actividad biológica, fundamentalmente porque son ectotérmicos (es decir, que dependen de fuentes de calor externas para regular su temperatura corporal en lugar de hacerlo mediante su calor metabólico), así como porque no tienen que gastar energía luchando contra la gravedad porque flotan. Aquí la acuicultura saca ventaja al resto de ganaderías pues, por poner algunos ejemplos, un rodaballo o un lenguado requieren en torno a 1,1 kilogramos de alimento por cada kilogramo final convertido en alimento humano; mientras que en el caso del cerdo este valor es de entre 2,5 y 3; y de entre 6 y 10 en el caso del vacuno.
La importancia de consumir pescado de proximidad
España atesora 8.000 kilómetros de costa y nueve largos ríos, así como un clima diverso y una nutrida tradición pesquera que dan como resultado una acuicultura medioambientalmente sostenible y de calidad. De hecho, la acuicultura en España es una de las más innovadoras del mundo, destacando por el esfuerzo en investigación para ser cada vez más eficientes. Asimismo, ocupa el primer puesto productivo en la Unión Europea, con una cosecha de casi 270.000 toneladas y un valor de más de 850 millones de euros en 2024. Es, además, un dinamizador de la economía local y un revulsivo para el empleo, brindando empleo directo a 8.209 personas en 2023.
En esa búsqueda incesante por la innovación y la sostenibilidad ambiental hay un doble objetivo: por un lado, la cría de animales ricos en nutrientes, con las mejores cualidades y un sabor óptimo; y, por otro lado, un afán por garantizar el uso más eficiente de los recursos naturales, a sabiendas de que son valiosos y limitados.
Otra de las grandes virtudes de la acuicultura española es que las 10 especies de pescados que se cultivan en nuestro país están disponibles para el consumidor prácticamente durante todo el año y son productos de proximidad que, normalmente, en menos de 24 horas llegan del mar o el río al mercado. Esto no solo es positivo para la frescura y el sabor, sino que también rema en favor de reducir la huella de carbono.
Con todo, cuando el consumidor elige pescado de acuicultura española, lo hace con la ventaja añadida de estar ahorrando los recursos de la Tierra que, como ya hemos matizado, no son infinitos, por lo que resulta acuciante primar actividades que den un respiro al planeta. Si tenemos en cuenta que se prevé que dos tercios del pescado que consumiremos en 2030 procederá de la acuicultura, la acuicultura española encara una gran ocasión para reafirmar su papel como una actividad de baja huella de carbono, que optimiza los recursos y da como resultado una proteína de excelente calidad y valores nutricionales. Una muestra de que las cosas se pueden hacer mejor implicando a todos los actores de la cadena, desde el marinero que ha dedicado toda su vida al mar, hasta el biólogo que vela por el bienestar de cada especie, pasando por tu pescadero de confianza y tú mismo cuando escoges aquello que te llevas en el carrito de la compra.