Espeteros

Reinos de humo

Es maravilloso observar cómo la sardina es capaz de conseguir consensos inéditos en la política. En estos tiempos de faca y daga es el espeto malagueño el que logra lo que ni el paro ni la sanidad: poner a todos de acuerdo. En la Diputación de Málaga votan a favor el PP, el PSOE, Ciudadanos, IU y Málaga Ahora. Ídem en el Parlamento andaluz -a excepción de Podemos, que no sé qué objeción le pondrá a las sardinas, salvo que son pescado azul y ya se sabe lo de la memoria histórica- y luego, en el Senado, la cosa sale por asentimiento, de modo que el arte de asar en vertical los pequeños pelágicos trinchados en una caña anda ya camino de París para ver si la Unesco lo reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial. Digo yo que Pla y Cunqueiro deben de estar montando una comilona y/o una bebilona para celebrarlo donde quiera que vayan los disfrutones cuando dejan este valle de lágrimas (por favor, manden la dirección para cuando toque). En lo que yo no estoy de acuerdo es en que lo del espeto sea Patrimonio Inmaterial. ¿Hay acaso algo más material que sentir en los labios la grasilla derretida por el calor del leño con sus notas de humo bajando garganta abajo? Si eso es inmaterial, yo me puedo doctorar en mística. Ya puestos -influencia de la política- yo reclamo que no se olviden de los espeteros, merecedores de honoris causa tanto como Vargas Llosa. Viva el fuego y la caña, pero viva los que asan docenas de docenas cada día apostados tras sus inocentes barquitas varadas en la playa mientras los demás tostamos nuestros jamones de pata blanca en la arena. Sin espeteros, no hay paraíso.