Ada Blackjack, la tímida valiente

MI hermosa lavandería

Hay nombres que se te quedan en la trastienda de la memoria y, de cuando en cuando, resurgen con fuerza y vuelven a ti, sin que sepas muy bien cómo ni por qué. Es el caso de esta mujer de nombre rotundo, cuya vida y andanzas descubrí cuando buscaba datos para una película que dirigí hace años, Nadie quiere la noche. Su nombre, Ada Blackjack, una inuit a la que la prensa de la época llamó ‘la Robinson Crusoe mujer’, que fue encontrada en 1923 en el islote Wrangel, al norte de Siberia, desnutrida y al límite de sus fuerzas, por la tripulación del buque Donaldson.

Ada Blackjack nació en 1898 en Solomon, Alaska. Los misioneros ingleses le enseñaron a leer y escribir y el oficio de sastra. Se casó y tuvo tres hijos, los dos primeros murieron y el tercero estaba enfermo de tuberculosis. Su marido la abandonó y, para poder sufragar el tratamiento de su hijo, se presentó voluntaria a un experimento del explorador Vilhjalmur Stefansson, que quería reclamar el islote Wrangel para Canadá y, a la vez, probar su habitabilidad. Otro de sus objetivos era crear (¡en los años veinte ya!) una compañía que organizara tours turísticos para viajeros con posibles y ansias de aventuras exclusivas. La expedición al islote iba a ser por un año y la protagonizaban tres americanos, un canadiense con credenciales científicas y amplia experiencia, y Ada Blackjack, que iba en calidad de cocinera y sastra. El 16 de septiembre de 1921, los cinco miembros de la expedición fueron depositados en el islote, con víveres para seis meses porque se creía que el islote poseía abundante caza. Al principio todo fue a las mil maravillas: capturaron varios osos polares, focas y ocas. Pero, al llegar el otoño, los animales fueron desapareciendo y uno de los miembros de la expedición contrajo escorbuto. Los tres hombres sanos decidieron abandonar el islote a través del hielo para pedir ayuda, dejando a Ada sola con el enfermo. Nunca regresaron. El enfermo falleció y Ada tuvo que componérselas para sobrevivir a dos inviernos, sin dejar que el fuego se apagara, leyendo cada día la Biblia para mantener la cordura y cazando pequeños animales. Cuando fue encontrada, había sobrevivido veintitrés meses sola y estaba al borde de la inanición. Su historia apareció en la prensa de todo el mundo, aunque ella sólo hizo declaraciones para defenderse cuando fue acusada de asesinar a sus compañeros y rechazó los honores que le ofrecieron, arguyendo que hizo lo que cualquier madre en su lugar habría hecho. Se escribieron obras de teatro, novelas y hasta películas sobre su historia. Con el dinero de la expedición (nunca quiso un centavo por contar su historia) llevó a su hijo a un hospital en Seattle, donde fue curado. Regresó a Alaska a vivir hasta los 85 años.