Pasión por el vino

Reinos de humo

En un gran restaurante es fundamental la calidad de la cocina. También el servicio de sala. Pero hay una tercera pata imprescindible: la bodega. En ella influye, y mucho, la pasión que sientan los propietarios por el vino. Por eso, las mejores bodegas tienen nombre propio. Personalmente tengo tres favoritas en España: la de Josep Roca en El Celler de Can Roca, la del cacereño José Polo en Atrio y la de Txomin Rekondo en la casa donostiarra que lleva su nombre. La colección de vinos que guarda el primero tiene difícil parangón. Verdaderas joyas enológicas recolectadas con mimo y tesón. Cuando se va a El Celler es imprescindible visitar su bodega, casi un museo, que rinde homenaje a los vinos que más le apasionan. Y escuchar luego cómo los explica. José Polo atesora alrededor de 35.000 botellas de los mejores vinos, especialmente franceses. La joya de la corona es la colección de Chateau d’Yquem, desde 1806 hasta hoy. No hay otra igual en el mundo. Lógicamente, su carta de vinos es un grueso libro, auténtico catálogo de la excelencia vinícola, que se vende al público. En cuanto a Txomin Rekondo, ha reunido con paciencia y cariño durante más de medio siglo alrededor de 130.000 botellas de unas 2500 referencias representativas de las mejores regiones productoras. Tres ejemplos de hasta dónde puede llegar la pasión por el vino.