Azúcar

Reinos de humo

Desde que murió Celia Cruz no hay quien vaya por la calle diciendo: «¡Azúcar!». Le escuchan a uno decirlo en voz alta y se voltean las señoras que vuelven del gym, le riñen en el ‘tuiter’ los doctores, y suerte si no acaba denunciado por algún colectivo prohibicionista. ¡Ah! Y como digas algo más, van a acusarte de trabajar para el lobby de la industria azucarera. Como en este país ahora todo va de tremendismos, hemos pasado de mojar los chupetes en el azucarero, que no digo que estuviera bien, a pensar que un dulcito es un veneno más letal que un cóctel de heroína y matarratas. Vivimos un tiempo en que no hay términos medios. Altar o garrote vil. Debe de ser que la cultura binaria de los ordenadores se nos está contagiando a los humanos. No sé si se han dado cuenta de que hay palabras que se han quedado descoloridas. Desde lo de Zapatero no hay quien se atreva a decir ‘talante’. Y si uno piensa en ‘tolerancia’ automáticamente se le coloca detrás el ‘cero’: tolerancia cero. Digo yo que si es cero no es tolerancia, pero bueno. Todo es cero o cien por cien. La verdad, yo soy más de ir con los de la feria y volver con los del mercado. Que la felicidad que le da al cuerpo comerse un buen mantecado compensa por las calorías que uno ingiere. Hay quien cree que las señoras que se toman un milhojas para merendar y piden sacarina para el café son unas incoherentes, pero yo las aplaudo. Cada uno se toma el azúcar donde quiere y como quiere. Y sí, hablo de los adultos, que quede claro, que ya me veo a alguien denunciándome por inducir a los menores a consumir dulces.