A partir de los 50

Reinos de humo

Cuando escribo esta columna, desconozco cuáles son los primeros puestos de la lista 50 Best, que este año se han repartido en Bilbao. Como en tantas otras facetas de la vida, lo que pasa a partir de los cincuenta no le interesa a casi nadie, como en la lotería pasa con las pedreas. Hoy acabamos de conocer la clasificación que ordena en fila india a los restaurantes más pintones del orbe entre el 50 y el 100. Debe de ser un trago que te destaquen para luego ponerte el dorsal 96, como al Diverxo de Dabiz Muñoz, o el 95, como al Enigma de Albert Adrià. Si uno mira de atrás para adelante la lista, se encuentra con otras casas que hace bien poco eran referentes mundiales: The French Laundry (86), de Thomas Keller, o el Fat Duck, de Heston Blumenthal (74). Y si nos fijamos en los nuestros, resulta que Martín Berasategui sale el 76 y Quique Dacosta, que hace poco jugaba la Champions, ahora lo ponen el 68. Por más vueltas que le doy cada año no entiendo bien el gusto por el sube baja, el juego macabro de elevar a alguien a las alturas y dejarlo caer al día siguiente como a las cabras en Manganeses de la Polvorosa solo porque el show debe continuar. Me falta por conocer una legión de restaurantes, pero de todos los que he visitado en el mundo no se me ocurren 95 más interesantes que Diverxo, por citar solo un ejemplo. A mí me motiva más la cultura de los maestros, la que destaca a quienes han alcanzado la sabiduría y deja de cuestionarlos en cada curso. Pero, como casi siempre, conduzco en sentido opuesto.