NGC 6139

Mi hermosa lavandería

Muchas películas y novelas utilizan el personaje del científico astrónomo como el paradigma del hombre o la mujer que vive en las nubes, tan sólo obsesionado por lo que acontece en otras galaxias, mientras que lo que sucede en esta le importa más bien poco. En la historia de la galaxia, acaba de descubrirse un racimo de estrellas que pasan por ser las más antiguas del universo: se cree que se formaron hace diez billones de años. Su papel en la evolución de este todavía no se conoce, pero el telescopio Hubble de la NASA acaba de descubrirlas y las han bautizado con un nombre que parece más apropiado para un crecepelo o alguna forma de Viagra: NGC 6139. Este racimo de estrellas se sitúa en el centro de la Vía Láctea, en la constelación de Escorpio. Durante un año, los científicos de la NASA que han trabajado en el proyecto Legacy ExtraGalactic UV Survey (LEGUS)han amasado miles de imágenes con tecnología de rayos ultravioletas, que se utiliza por primera vez en este tipo de estudios, y las han comparado con imágenes de años atrás, llegando a la conclusión de que son efectivamente las más antiguas que se conocen: ‘las chicas de oro’ del espacio exterior.

¿Qué sabemos realmente de las estrellas? Sabemos que la luz que recibimos viene de ellas y sabemos que son la clave de nuestra existencia en el planeta Tierra.

También sabemos que encontrar respuestas a las preguntas que, desde el astrónomo amateur que se compra un telescopio con la cartilla semanal de un periódico hasta los astrónomos profesionales que accionan el Hubble, se formulan cada vez que alzan la vista al firmamento será cuestión de mucho tiempo, de muchas generaciones. Si es que algún día hay respuestas.

En contraposición al astrónomo, encontramos al biólogo marino que estudia las criaturas abisales que habitan en lo más profundo y oscuro del mar. ¿De dónde viene esa vida sin luz? ¿Qué relación tiene con esas viejas estrellas que se reúnen en racimos en el corazón de la Vía Láctea? Yo, que soy una completa ignorante en temas científicos –cosa a la que intento poner remedio siempre que puedo, sin demasiada fortuna–, desde que tengo uso de razón, he tenido un sueño recurrente. Sueño que soy un biólogo interesado por la fauna abisal y las estrellas y, después de pasar mi vida entera (en el sueño tengo una larga barba blanca) en un submarino científico sacado de una novela de Julio Verne, estoy a punto de encontrar el nexo entre el mar y el universo, nexo que en mi sueño es algo perfectamente inteligible y hasta lógico. Un nexo que nos proporcionará las claves para entender el origen del universo, las claves para encontrar vida en otras galaxias y un sinfín de cosas más. Estoy a punto de comunicar este descubrimiento crucial a mis compañeros de laboratorio cuando invariablemente me despierto y no recuerdo qué es lo que he descubierto. Tan sólo recuerdo el nombre del submarino: NGC 6139.