El expolio del ahorro

Animales de compañía

Hace unos años, en plena crisis económica, se perpetró por mandato de la Unión Europea una quita de los depósitos bancarios chipriotas. Aunque se disfrazó de impuesto y se justificó como una medida necesaria para sufragar la quiebra de la economía chipriota, la quita fue en realidad una experiencia-piloto diseñada por los depredadores del Banco Central Europeo, que ya para entonces habían decidido expoliar el dinero de los pequeños ahorradores, en connivencia con los Estados lacayos.

Aquella experiencia-piloto de ámbito local se saldó con resultados óptimos para los depredadores: los chipriotas se comieron el marrón sin decir ni mu, dejando que sus ahorros mermaran considerablemente. Sin duda, aquel éxito apoteósico envalentonó a los depredadores del Banco Central Europeo y a sus corifeos, que se lanzaron al expolio sistemático de todos los depósitos bancarios sin necesidad de recurrir a medidas tan traumáticas como la diseñada para Chipre. Para ello, congelaron el ‘precio del dinero’, mientras la inflación comenzaba a dispararse; de este modo, a la vez que expoliaban las cuentas de los ahorradores, los depredadores del Banco Central podían sacar pecho, aduciendo que estaban ‘dinamizando la economía’ y favoreciendo el flujo de crédito.
En los dos últimos años, en España los precios han aumentado un 3,2 por ciento, que es exactamente la proporción de sus ahorros que el sistema financiero ha saqueado a los ahorradores. Este año se calcula que los precios subirán otro 2 por ciento más; de modo que, en apenas tres años, los ahorradores españoles (y lo mismo está sucediendo en otras colonias de la Unión Europea) habrán perdido más de un 5 por ciento de sus ahorros. No existen, sin embargo, asociaciones de ahorradores que denuncien la merma de los depósitos bancarios de millones de personas. Y si existen, los medios de adoctrinamiento de masas las ocultan; y ningún partido político (oligarquías sistémicas al servicio de la plutocracia, a fin de cuentas) nos defiende de este expolio.

Naturalmente, esta estrategia de depredación paulatina tiene otro objetivo concurrente: lograr que cada vez sean más los ahorradores que, espantados ante la merma constante de sus depósitos, inviertan sus ahorros en fondos de inversión y otros productos financieros de alta rentabilidad y alto riesgo. Se trata, en fin, de incorporar como peones a millones de ahorradores a ‘la secta del dinerismo’, inyectándoles el virus de la avaricia, para que sostengan con sus ahorros operaciones financieras altamente especulativas cuyo funcionamiento explica con todo lujo de detalles Esteban Hernández en su libro Los límites del deseo, ya comentado en estas páginas. Nuestros ahorros, incorporados a estos productos financieros aberrantes, son empleados para adquirir acciones en un zurriburri de empresas variopintas con sede en los arrabales del atlas, con la única pretensión de obtener una rentabilidad máxima a corto plazo (y esto se logra mediante ‘deslocalizaciones’, despido de trabajadores, venta de activos, adquisición de materias primas más baratas, etcétera). Es decir, nuestros ahorros son empleados para la especulación más inmoral y para la destrucción del tejido empresarial sano, que es el que se conforma con rentabilidades moderadas a largo plazo.

Me gustaría que mis modestos ahorros sirviesen para favorecer ese tejido empresarial sano y para activar la economía local. No estoy dispuesto, en cambio, a que mis modestos ahorros colaboren en repugnantes enjuagues financieros transnacionales. Tampoco estoy dispuesto a que los expolien depredadores que han convertido la economía mundial en un festín caníbal, utilizando a los Estados lacayos como vampiros de sus propios compatriotas. Un banco tiene la obligación de indemnizar a sus depositantes por la inflación monetaria; pues, como nos enseña Luis de Molina (1535-1600) en su Tratado sobre los préstamos y la usura, «recibir íntegro el valor de lo que se presta siempre es lícito, aunque para ello se haya de recibir una cantidad mayor del bien, y en eso no interviene para nada la usura».

Pero el expolio de nuestros ahorros no se detiene ahí. Ahora se anuncia que los Estados lacayos se disponen a establecer un recargo en el impuesto de sociedades de las entidades de crédito, haciendo creer a las masas cretinizadas (risum teneatis) que se aplicará sobre las ganancias generadas por los bancos. Naturalmente, se trata de una engañifa; pues los bancos repercutirán ese recargo sobre los ahorradores. Sorprende que nadie se decida a evitar este expolio del único modo posible: arrancando sus modestos ahorros, hijos de su esfuerzo, de las garras de los depredadores.