Ruedas de molino

Reinos de humo

Más pronto o más tarde los pequeños se acaban revolviendo en todas partes. En el mundo del vino, las bodegas familiares de Rioja piden amparo al nuevo ministro de Agricultura para que los libere del pago de cuotas mensuales obligatorias a la Interprofesional del Vino de España, una asociación que nació para defender los intereses de un sector muy atomizado, convertida hoy en todopoderosa herramienta de lobby y cuya representatividad cuestionan algunos estamentos. Los pequeños bodegueros rechazan el pago, puesto que las campañas que están realizando promocionan el vino genérico –e incluso derivados, como la sangría–, que poco tiene que ver con una estrategia que vincule la promoción del vino español al origen y al territorio. Dicen que estas cuotas tratan de atender «a las presiones y a los intereses de los grandes grupos bodegueros y cooperativas». Lo incuestionable es que desde esa Interprofesional y el Ministerio se mantiene la misma estrategia, ya conocida, que entiende España como el gran productor de volumen y no de calidad que exporta mayoritariamente graneles, una circunstancia que difícilmente aceptaríamos en otro sector. Imaginen que el turismo o cualquier área industrial renunciaran al valor añadido o a la marca. Obligar a mantener una estrategia única a todo el sector del vino cuando sus intereses son opuestos parece una mala idea por más que alguien vendiera que ‘vino de España’ tendría alguna vez valor en el mercado internacional. Si la Administración no es capaz de entender y apoyar a quienes defienden el vino como algo más que un negocio estándar y creen en el camino lento y la vinculación a la tierra, al menos podría exonerarlos y dejarlos soñar con la Borgoña o el Jura en vez de hacerles pagar las ruedas de molino de otros.