Viaje al corazón de España

Animales de compañía

Escribe Fernando García de Cortázar, en el prólogo de su admirable y monumental Viaje al corazón de España (Arzalia Ediciones), que ama el paisaje y el paisanaje de España porque sus padres cultivaron en él, «ya desde niño, la conciencia de pertenecer a una hermosa y áspera nación, al mismo tiempo que me ejercitaban en los hábitos de la piedad religiosa». Y, del mismo modo que la piedad religiosa en el niño tiene un fondo amoroso de ingenuidad y deslumbramiento (que permanece en el adulto, tapizando su alma para siempre), el amor a España que García de Cortázar plasma en este libro y logra comunicar al lector tiene, allá en el fondo, el ímpetu del niño que sale en mayo al campo, para hacerle un ramo de flores silvestres a la Virgen. Hay un fondo de exultación ante el misterio en este Viaje al corazón de España que cautiva desde su primera página (y hablamos de un libro de arena que puede empezar a leerse por cualquier página), una vibración de entusiasmo y de fervor que se respira en cada frase. Y, sobre ese fondo de amor entrañable a la patria, de amor que se adentra gozoso en las entrañas de la patria, para contagiarse de su temperatura y acompañar su palpitación, se superponen las lealtades sucesivas que el autor ha ido tributando a España, a lo largo de los años, en armonía con el amor que le inculcaron sus padres: la curiosidad perenne del viajero, la perspicacia vigilante del historiador, la cálida intuición del poeta.

Así logra Fernando García de Cortázar una amalgama única, coronando lo que a mi modesto juicio es una de sus obras mayores (si no la máxima). Su mirada sobre los pueblos de España está nutrida por un fuego amoroso que nunca declina, una amalgama de pasión y razón que cobra contornos diversos ante cada paisaje, ante cada río, ante cada piedra, ante cada recuerdo, ante cada poema, ante cada efusión del alma. Viaje al corazón de España es un viaje literario al corazón de un gran patriota, que va dejando su latido en cada lugar de España. Al conjuro de sus palabras, García de Cortázar alumbra los caminos de España de hermosuras inéditas, o rescata hermosuras viejas que se habían quedado a desmano, abrumadas de tópicos. Y no hay hermosura en la que no fije la mirada (en la que no fije su escritura siempre tersa) que no destelle en nuestra imaginación con brillos nuevos; no hay rincón de esta España que no sea alumbrado, dilucidado, revelado por nuestro autor. García de Cortázar escribe sobre las tierras de España como si estuviera confesándonos sus amores; y a cada tierra, a cada ciudad, a cada pueblo o aldea dedica una estampa irrepetible, traspasada por una luz de domingo, en la que a veces asoma el amor delicado y absorto del niño, a veces el amor acuciante del joven en la plenitud de su vigor, a veces el amor aquietado y en sazón del hombre adulto, a veces el amor melancólico y pudoroso del anciano; y todos estos amores se funden en aleación, procurando al lector epifanías irrepetibles, hondamente conmovedoras, que le despiertan el deseo de conocer los parajes que García de Cortázar le descubre, o de volver a visitar los que ya conocía, para fundir su recuerdo con la mirada siempre penetrante del autor.

No encontramos en Viaje al corazón de España enojosos alardes eruditos: cada alusión histórica, cada cita literaria, nacen de la sustancia misma de la obra y en ella se funden, con naturalidad y donaire. Tampoco encontrará el lector en estas suculentas páginas esa visión pintoresca y tremebunda que gusta de mostrar a España (brisas hediondas de la Leyenda Negra) como un país trágico habitado por seres desaforados. España, en la pluma de García de Cortázar, es una tierra a la vez antigua y moderna, llena de gracias variadas, de bellezas que surgen a salto de mata, súbitas como libres, esperando la mirada que sepa redimirlas de la incuria y el desdén. Y Viaje al corazón de España es, también, un libro de recia fibra moral, en la estela del mejor noventayochismo, en el que la alabanza de los muy diversos paisajes y paisanajes de España no oculta el dolor que nuestros errores pasados y presentes infligen al auténtico patriota. Pero García de Cortázar nunca se regodea en las heridas (a veces todavía de cicatriz tierna, a veces incluso sangrantes), sino que las sana siempre, con paciencia y caridad, pero también con verdad insobornable, con verdad que se atreve a decir su nombre sin respetos humanos ni sumisiones al pensamiento dominante.

Viaje al corazón de España es el libro de un poeta que nos muestra que sólo hay un modo de mantener nuestra hermosa y áspera nación unida: conociéndola y amándola por entero, conociendo y amando cada uno de sus pueblos, hasta caer rendido de amor.