Homenaje a las guisanderas

Reinos de humo

La cocina española está en deuda con las guisanderas, bonita palabra que define a esas mujeres que durante años han estado y están al frente de casas de comidas tradicionales, sin apenas presencia mediática, defendiendo un estilo de cocina que nunca deberíamos perder. Por desgracia, esas cocineras van desapareciendo. En un periodo corto de tiempo hemos perdido a tres de ellas, tres mujeres que en muy distintos puntos de la geografía española han trabajado por conservar, potenciar y transmitir la cocina popular, la de los platos de siempre, los que tenemos en la memoria. Primero fueron, allá por el mes de mayo, María Araceli López, guisandera de Casa Consuelo, la mejor casa de comidas del Occidente asturiano, y Ana María Tomás, matriarca de la familia Rausell, propietarios de ese gran restaurante de producto que lleva su nombre en Valencia. Y hace escasas semanas nos dejaba Marisa Sánchez, otra gran cocinera que puso en el mapa gastronómico su restaurante familiar, Echaurren, en la localidad riojana de Ezcaray. Tres mujeres que apenas se dejaban ver por la sala porque preferían estar junto a los fogones, que eran su vida. Tres mujeres que representaban esa cocina que no debería desaparecer y de la que, por suerte, tanto María Araceli como Marisa, han dejado constancia en libros con sus mejores recetas. ¿Para cuándo el merecido homenaje a las guisanderas españolas?