Manual del ‘viejunismo’

Desde hace un trecho se publican más libros de cocina que cominos caben en un kilo. Yo miro y hojeo las gastro-novedades y enseguida saco mis conclusiones. Viniendo de quien venía, no me esperaba otra cosa, pero me agradó descubrir que a veces lo predecible es para bien, no como le pasaba al final al pobre Mariano. Cocina viejuna (Larousse) es el primer libro de Ana Vega Pérez de Arlucea, conocida en los mundillos del comer como Biscayenne, una bilbaína pizpireta y atemporal que atesora conocimientos de la historia culinaria como si hubiera ido al colegio con madame Curie, pero en gastro. Lo suyo y el ‘viejunismo’ no es algo improvisado: lleva años construyendo su teoría cuántica, rescatando creatividades publicitarias, recetas e historias de una época de excesos en la que salíamos embalados del desarrollismo para entrar de cabeza en la Transición y la conquista de Europa, momentos llenos de esperanza y hoy añorados en lo político, pero que en lo estético y en lo culinario dan un poco de grima porque se llevaban el cóctel de gambas, los huevos rellenos, el solomillo Wellington o gelatinas saladas, platos ahora tan improbables como los pelos cardados o las hombreras. Cocina viejuna es el contrarretrato imprescindible para entender una época, contado con gracia, bastante picante y el cariño que necesitan estas cosas delicadas. Es un divertimento para leerse solo o para compartir en familia o amigos y convertir una triste tarde de invierno en una gloriosa. Y sobre todo para aprender otra vez a reírnos de nosotros mismos, que tanta falta nos hace.