Buenas costumbres

REINOS DE HUMO

Me daba gusto cuando podía ir por ahí fardando de que éramos los mayores comedores de pescado del mundo junto con los japoneses, pero en este tema nos está pasando como en el fútbol de selecciones y la cosa empeora. Sumamos ya ocho años consecutivos de descenso en el consumo de peces. Bajamos en todo. En fresco, en congelado y hasta en marisco. Los españolitos estamos dejando de comer pescado en los hogares. Lo pedimos más que antes cuando salimos al restaurante, pero en casa abandonamos sin remedio un año tras otro –en el último un 3,3 por ciento–, lo que supone que pronto habrá una generación de jóvenes para los que el boquerón y la merluza a la romana dejarán de ser el pan nuestro de cada día. ¿Por qué un país moderno, rodeado de mares, en el que triunfan los mensajes de lo saludable y lo ecológico abandona una proteína sana, rica en nutrientes y baja en grasas en cuyo consumo era líder mundial? ¿Por qué si además de la pesca de flota tenemos una de las grandes ofertas de pescado de cultivo del mundo? Probablemente, las respuestas haya que buscarlas en el cambio de estilo de vida que hemos protagonizado en las últimas décadas y que ha convertido las cocinas y los mercados visitas solo de fin de semana. También en el hábito de comprar productos de supermercado envasados y listos para consumir, lo que no siempre ocurre con el pescado fresco. Vivimos en el momento en el que la gastronomía ha logrado su mayor protagonismo en la historia y al mismo tiempo en el que menos se cocina en las casas. Preparar pescado para una familia es sencillo y comprarlo de calidad, si encontramos un pescadero de confianza, también. Dedíquenle un rato y verán lo que compensa.