La promesa del alba

Mi hermosa lavandería

Paseo por el centro Pompidou de Metz, donde se expone una serie de obras de diferentes disciplinas sobre el concepto de pintar la noche. El desaf√≠o de pintar la noche no es tan s√≥lo contempor√°neo. El cuadro m√°s antiguo que lo intent√≥ es la Huida a Egipto, un peque√Īo √≥leo que data de 1609 pintado por Adam Elsheimer. Este cuadro, admirado por Rubens y otros maestros de la √©poca, es de una asombrosa precisi√≥n astron√≥mica y, aunque l√≥gicamente no est√° expuesto aqu√≠, ejerce una gran influencia sobre muchos de los artistas (pintores, fot√≥grafos, cineastas) que exponen en Metz y que pertenecen al siglo XX y a principios del XXI.

Una de las piezas expuestas es una instalaci√≥n de Jennifer Douzenel titulada Lucioles, que consiste en una gran pantalla negra en la que, tras cierto tiempo de visi√≥n, podemos distinguir min√ļsculos puntos de luz. La obra requiere atenci√≥n y silencio, algo que tambi√©n requiere la noche misma para ser descifrada, para ser comprendida. El silencio de la noche es s√≥lo roto por estas r√°fagas de luz tenues y breves que son las luci√©rnagas. Son tambi√©n las diferentes fases de la noche las protagonistas de las obras que aqu√≠ se exhiben. Lucio Fontana recrea en Ambiance spatiale una especie de ambiente de disco, en el que s√≥lo falta la bombilla girando. La obra de Gerhard Richter, mucho m√°s incisiva, no muestra la noche, sino precisamente la imposibilidad de mostrarla. Es quiz√° la obra que se me antoja m√°s honesta de esta muestra.Francis Bacon, en Mujer desnuda en el dintel de la puerta, muestra un espectro son√°mbulo de contornos fluidos que parece anunciar la muerte, la noche suprema. Un cuadro de Ann Craven muestra cuarenta y seis peque√Īas lunas. No hay toros enamorados de ellas y las fases lunares se acercan a la noche, pero no son ella. Una vez m√°s, parece imposible describirla.

Hay una luna lechosa de Kandinsky, de la que sorprende la obviedad: hay demasiadas lunas en esta muestra, muy poca noche negra. Como si los que las han seleccionado hubieran renunciado de antemano a enfrentarse con la oscuridad.

Recorro en silencio las salas vac√≠as donde cien artistas exhiben sus intentos ‚Äďa veces vanos, otras veces certeros‚Äď de capturar la noche. Una fotograf√≠a de la instalaci√≥n de Rapha√ęl Dallaporta me llama la atenci√≥n cuando estoy a punto de irme, con la sensaci√≥n de un cierto vac√≠o. La fotograf√≠a es de un hueso de la √©poca en la que los Australopithecus todav√≠a no hab√≠an sucumbido al Homo sapiens, con unas muescas y l√≠neas que, seg√ļn una hip√≥tesis arqueol√≥gica, podr√≠an representar el calendario lunar. Pensar que hace cuarenta mil a√Īos al ser humano ya le inquietaba la noche y ya lo empujaba a la vida, la promesa del alba.