Volver a Lanzarote

Reinos de humo

Volver a Canarias durante el invierno peninsular siempre ha sido un placer de los dioses, pero la verdad es que cada día lo es más, al menos para los aficionados a las cucharas. Al menú clásico de sol, playa y volcanes se le han ido añadiendo otros platos locales que empezaron siendo simple tipismo y que hoy conforman ya una gastronomía madura y singular, con restaurantes y productores que se ocupan y preocupan del producto y la memoria. La cocina canaria, por desgracia, no es la que se suele ofrecer a los millones de visitantes de piel rosada que cargan allí sus baterías con sol y pintas de cerveza, pero ya no vive escondida en locales semiclandestinos solo para canarios. Los hoteles de postín, como el Princesa Yaiza no lejos de Arrecife, en Lanzarote, ofrece ya menús elaborados únicamente con los productos de su propia finca, Uga, y esa preocupación no es exclusiva de los establecimientos de altos vuelos, también en los más familiares da gusto ver el orgullo con el que sirven sus quesos de cabra majorera, sus pescados atlánticos, como viejas y bocinegros, y los tomates y melones a los que la salinidad del mar aporta un dulzor insuperable; los pescados secos locales, como el corvinato o la delicadísima vieja, y hasta el camarón soldado que allí llaman gamba de la Santa. La feria Saborea Lanzarote, en el municipio de Teguise, celebrada recientemente, es el mejor escaparate de ese dinamismo que se vive. Los canarios, históricamente tan listos, han dado la vuelta a su peculiar tortilla y han logrado convertir el estigma del isleño en orgullo. Ahora que los vientos que soplan en la gastronomía son los de la autenticidad y la singularidad, las Canarias pueden ofrecer productos auténticos y endémicos como ningún otro.