El hombre y la piedra

Reinos de humo

Quien más y quien menos se ha hecho daño dos veces tropezando con la misma piedra, sobre todo si le ha pillado en tiempo de sol y chanclas. A veces es el propio guijarro el que viene y dirigido por una mano vengadora te machuca el dedo. A Ferran Adrià le acaba de volver a ocurrir. Hace tantos años como los de Cristo, cuando se empeñó en romper moldes en su cocina, meditada y decidida acción que terminó quebrando no solo los moldes, sino todo el menaje físico y mental de los restaurantes creativos del mundo, casi nadie le creyó. Pasaron muchos años hasta que la mayoría asumió que aquellas excentricidades, un amasado de las escuelas de pensamiento y filosofía griegas con las posibilidades de la ciencia contemporánea, eran en realidad producciones de un inspirador y un equipo genial que desviaría el curso de la historia de la cocina en el cambio del segundo milenio. Ahora, ocho años después de abandonar la primera línea, el genio vuelve al ágora de los suyos, convertido en otra cosa diferente a lo que fue, y una parte del respetable se enfada porque no trae viejos éxitos y ni siquiera va a cocinar, sino que se empeña en dedicar su tiempo y su fortuna a ese mundo incomestible que llaman innovación. Cala Montjoi, el Partenón de los cocineros, lleno de mercaderes, mercachifles y palabras llenas de humo. ¡Dónde vamos a llegar! Y ahí regresa la piedra, movida por espíritus anónimos, como el puntero de una güija, para declararle culpable, defraudador e impostor. Y él, con la misma determinación de antaño, sin atisbo de duda, de nuevo a convertir un sueño en producto físico. ¿Cuál será el fruto de la determinación y el tiempo? ¿Volverán entonces los corifeos?