El oremus

Reinos de humo

Las autoridades y el vulgo andan muy preocupadas por las noticias falsas. Yo, sin embargo, ando más intranquilo por las verdaderas. No me refiero a las que nos dicen que el mundo va mucho peor que la yenca, que al menos se quedaba igual –izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres–, sino a las pequeñas y aparentemente intrascendentes que nos indican la temperatura de las meninges del personal. Les cuento solo las dos últimas porque cada una de ellas por separado produce risa, pero juntas dan miedito. La primera decía que un aragonés ha elaborado morcilla vegana utilizando su propia sangre. El hombre, en plan reivindicación, se hizo una extracción y en vez de donarla a la Cruz Roja la coció con sus verduritas. Muy vegana yo creo que no le salió, puesto que lleva sangre de animal maño, pero bueno. Y supongo que la grasa se la sacaría del ‘michelín’ izquierdo. ¿Y la tripa? ¿Colon? ¿Se imaginan que el invento hubiera resultado delicioso? ¿Qué sería lo siguiente? ¿Atracos a los bancos de sangre o, peor aún, compra de litros en esos países donde la vida no vale nada? Todavía me estaba repitiendo la morcilla cuando leo, en forma de reportaje, otra noticia, menos dañina pero igual de tonta. La cosa va de catar el agua de los diferentes grifos de la casa. En un vasito, la del chorro de la cocina; en otro, la de la ducha; y en un tercero, la del lavabo del baño de invitados. Y venga a oler y degustar para ver si aquella cañería que nunca se cambió ofrece notas de podredumbre similar a los sauternes. Y luego me dicen que por qué me gusta tanto el vino. En fin. Que entiendo a los que mientan el oremus