Los críticos

Reinos de humo

A mí no hay plataforma digital que me los quite. Con unos coincido en gustos y pareceres y con otros, justo al contrario, pero son los míos y yo los respeto por igual. Cuando todavía no era capaz de afeitarme para arriba ya me guiaba en las tinieblas de la ignorancia aprendiendo de su magisterio, así fuera para los asuntos de la música, el cine o las cosas del comercio y del bebercio. Ahora no viven tiempos fáciles. Les hacen más trajes a ellos que los que ellos, por oficio, hacen a sus ‘criticandos’. Veo como a algunos de los buenos se les está perdiendo el respeto y me indigno. A mí que me den un crítico de verdad, con conocimientos y criterio, que luego ya veré yo si le hago caso o no. Yo los prefiero a cualquier plataforma de recomendaciones que haya conocido hasta la fecha. El cocinero Andoni Aduriz, uno de los más reconocidos por sus compañeros de todo el mundo, cuenta que una de las famosas páginas digitales de restaurantes ni siquiera recoge entre los mejores de Errentería, su pueblo, a Mugaritz, uno de los restaurantes más singulares del mundo. Considerar que algo es bueno porque le guste a la mayoría es un error de base, pero decirlo en público conlleva la pena de ser tachado de elitista o, peor aún, de antidemócrata. Quizá lo de un hombre, un voto sea la manera más justa o menos mala para organizar nuestra vida política, pero dudo del criterio de mi vecino Ramón para juzgar la ejecución de un pizzicato de violonchelo o de un boeuf bourguignon. Relativizarlo todo se ha convertido en una pandemia social. Cada vez que oigo que sobre gustos no hay nada escrito, me dan ganas de poner la bibliografía existente sobre los brazos en cruz del listillo de turno.