Tres niñas

Pequeñas infamias

No siento especial atracción por los niños prodigio. Unos no me parecen tan prodigiosos, a la mayoría los veo como candidatos a juguetes rotos y a casi todos los imagino manipulados en la sombra por algún adulto desaprensivo. Y, sin embargo, existen en la actualidad tres excepciones notables, tres niñas que, no deja de ser significativo, defienden otras tantas causas tan candentes como irresolubles para los adultos. Sus nombres son Malala Yousafzai, Ahed Tamimi y Greta Thunberg. A la primera la conocimos cuando, con quince años y por defender los derechos de las niñas a asistir a su escuela en la localidad pakistaní de Migora, un talibán le descerrajó un par de tiros a bocajarro. Tras recuperarse milagrosamente de sus heridas y continuar su lucha por los derechos civiles de mujeres y niños, Malala se convirtió en 2014 en la persona más joven en ganar un Nobel en cualquiera de las categorías que este otorga. Ahed Tamimi también ha sido víctima de la intransigencia. Su larga melena de rizos rubios se hizo famosa en el mundo entero cuando abofeteó en público a un soldado israelí poco después de que una patrulla disparase a la cabeza con una bala de goma a uno de sus primos provocándole secuelas irreversibles. El suceso se produjo tras las protestas por parte de los palestinos porque el manantial de su comunidad fue confiscado para entregárselo a unos colonos judíos. Bassem, el padre de Ahed, se encontraba desde tiempo atrás en ‘detención administrativa’, un tipo de encarcelamiento sin juicio ni cargos que puede prolongarse indefinidamente mientras que la familia antes ya había sufrido otras dos muertes. La del hermano de Bassem, al ser alcanzado en la cara por una granada de gases lacrimógenos, y la de un tío materno de Ahed, abatido por la espalda por soldados israelíes. La niña acabó detenida, interrogada y condenada a ocho meses de cárcel. Ahora, una vez en libertad, Ahed sigue luchando por dar visibilidad a unos atropellos que ni siquiera los observadores de organismos internacionales como la ONU, destacados en los territorios ocupados para velar por que se cumplan las leyes, se atreven a denunciar. La tercera de las niñas de las que hablo se llama Greta Thunberg y se ha convertido en un símbolo de las protestas por el clima. Sus Viernes por el Futuro son manifestaciones convocadas cada semana para denunciar la inacción de los responsables políticos frente al cambio climático que se han extendido como la pólvora, primero en las redes sociales y ahora en ciudades de centenares de países. «Antes era muy tímida y aún sigo siéndolo –explica esta niña de dieciséis años y aspecto aún más aniñado–. Pero siento que lo que hago tiene sentido y puede ayudar a muchas personas». «Lo de Greta recuerda mucho a un viejo cuento de la tradición sueca –comenta a su lado una activista veterana que lleva años luchado por la misma causa y sin ningún éxito–. El más pequeño de todos nosotros –’la más pequeña’, corrige– empuja a los demás a luchar contra el dragón».

A mí los ejemplos de Malala, Ahed y Greta me recuerdan otro mito, anglosajón este, el de Boudica, una reina guerrera que logró poner de acuerdo a varias tribus británicas enemigas entre sí y protagonizar el mayor levantamiento contra la ocupación romana en tiempos de Nerón. La historiadora Antonia Fraser, con la reina Boudica como ejemplo, ha elaborado una interesante teoría según la cual la mujer en la historia se ha mantenido siempre en segundo plano, excepto cuando surge una situación límite. Entonces, como Boudica (o como Agustina de Aragón, Isabel la Católica, Margaret Thatcher y tantas otras) dan un paso al frente y consiguen modificar el curso de la historia. El integrismo islámico, el conflicto árabe-israelí y el cambio climático son tres de los mayores retos a lo que nos enfrentamos hoy en día. ¿Lograrán Malala, Ahed y Greta marcar el camino hacia su resolución? Quién sabe, tal vez ese viejo mito sueco del dragón y el no menos antiguo de la reina Boudica se descubran como proféticos. Cosas más raras se han visto.

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