El sundance del vino

Reinos de humo

Los otros ya están aquí. Mientras la mayoría silenciosa del país se va pasando a la cerveza, ellos tratan de descubrir en sus paladares si el suelo del que proviene un vino de Arbois es calcáreo o arcilloso o si la bobal puede dar vinos con perfil de pinot noir. Aún no son muchos, pero sí muy valientes. Hombres y mujeres que peregrinan por viñedos de media Europa y tienen reservadas con meses de antelación citas para catar en las bodegas de pequeños productores que practican la conexión íntima con la tierra y la pureza en el proceso del fermentado de las uvas. Hace dos semanas se juntaron más de 1500 de estos precursores en Burgos, atraídos por el evento de Paco Berciano, una de las personas que, junto con su socia y compañera Maribé Revilla, más ha hecho en España por la afición al vino en los últimos treinta años, primero desde su pionera vinoteca El Lagar, y después desde Alma Vinos, la distribuidora que lleva dos décadas arropando a los pequeños y selectos productores, brindándoles reconocimiento y visibilidad ante una parroquia de singulares feligreses. El encuentro bienal en el que más de 120 bodegueros acuden a servir más de 700 referencias diferentes se está convirtiendo en una especie de Sundance del vino, un tiempo y un espacio en el que no solo lo diferente se convierte en mayoritario, sino en el que los proyectos singulares españoles se muestran y se miden con lo mejor de Europa. Bodegueros como los Ponce logran demostrar que los vinos de Manchuela pueden ser ligeros y nada alcohólicos, o Can Ràfols del Caus exhibir la versatilidad y la calidad del Penedés con una apabullante gama con varietales locales e internacionales de resultados sorprendentes. Son pocos, pero son una parte muy importante del futuro.