Alpha Zero

Mi hermosa lavandería

Alpha Zero es un ente de inteligencia artificial que aprendió a jugar al ajedrez en cuatro horas y aprendió también a enseñarse a sí mismo a mejorar en nueve horas. Después de eso, derrotó al campeón del mundo de ajedrez, y los humanos sabemos que ganará a cualquier jugador que quiera enfrentarse a él (o ella). Lo que asombra a los expertos es que su táctica para vencer siempre es un ataque frontal que nadie había intentado hasta ahora y que parece producto de una mente entrenada para acabar directamente con el contrario, sacrificando todo lo sacrificable por el camino. Alpha Zero se exhibe ahora en torneos donde diferentes máquinas de inteligencia artificial se enfrentan entre ellas, para deleite de los aficionados, entre los que, confieso, no me cuento. No se me ocurre nada más aburrido que ver cómo un superordenador machaca en cuarenta y cinco partidas simultáneas a un puñado de robots, resignados a perder. No es mi idea de una tarde divertida, pero supongo que a muchos aficionados al ajedrez la idea de ver un maratón de películas de Béla Tarr les puede provocar más de un bostezo. Con el actual estado de cosas en el planeta y el número de majaderos en posiciones de poder en aumento, parece más que plausible que la inteligencia artificial se plantee como una opción, tan buena como cualquier otra, para llevar las riendas del mundo. Un Alpha Zero inmune a los celos, las envidias, las pasiones, las obsesiones, la vanidad y la avaricia. Un Alpha Zero ecuánime, ético, justo, concentrado, libre de presiones y prejuicios y que contemple como único objetivo impedir que los humanos destrocemos el planeta y nos destrocemos entre nosotros suena como una opción a no descartar cuando pensamos en maneras de arreglar las cosas que suceden y que parecen irremediablemente destinadas a acabar con la vida como la conocemos. Sé que muchos pensarán que esto es un puro disparate y que Alpha Zero será muy bueno en lo suyo, pero que a la hora de rescatar a la gente del Mediterráneo o votar medidas de protección a los niños en la ONU hacen falta seres humanos con sangre y tendones y no robots, que ni sienten ni padecen y que acabarían esclavizándonos. A menudo, cuando me atrevo a decir en voz alta que –en un mundo donde Putin y Trump mandan– igual estábamos mejor si la que mandase fuera una máquina de inteligencia artificial a la que nada ni nadie puede amedrentar y que no concibe que los humanos seamos nuestros peores enemigos, me contestan que acabaríamos todos mucho peor, poco menos que en el Planeta de los Simios. Pero si tuviéramos un Alpha Zero como el que yo sueño, nadie tendría que tirarse al mar porque Alpha Zero ya habría eliminado hace años, limpiamente, al presidente de Siria. Y los niños no necesitarían protección de la ONU porque Alpha Zero detectaría al instante a cualquiera que pudiera atacar a un niño (o a un adulto) y lo separaría de este. También suspendería inmediata e irrevocablemente cualquier acto vandálico contra el planeta. Soñar con ovejas eléctricas siempre es fácil.

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