Vuelve el trueque

Reinos de humo

Pasamos los años, cuando no la vida, en el viaje más largo, y después, sin saber por qué, retornamos con la misma determinación hasta el pasado más atávico. Lo nuestro es pasar de Don Juan a juanillo, del Big Bang a la microbiología, del futurismo ferraniano al medievalismo extremo, del alginato a la dieta paleolítica. Cuando íbamos al colegio, nos explicaban las formas primitivas de intercambio y cómo el dinero sustituyó al trueque, más solidario pero menos eficaz por aquello de lo perecedero de los bienes. Pero el péndulo parece que está de vuelta. ¿Se imaginan yendo al bar y, en vez de sacar la billetera o abonar la cerveza con el teléfono móvil, poner encima de la mesa una coliflor o unas patatas? En el pub The New Inn, en Great Limber, en la costa este de Inglaterra, acaban de colgar una pizarra de trueque en la que se detalla la cantidad de pintas o de pudding que le sirven a quien lleve a cambio verduras o frutas locales, siempre y cuando se hayan cultivado en una granja del condado de Lincolnshire. Con un puñado de espárragos se pueden pagar dos pintas de cerveza y con unas patatas reales de Jersey te dan una ración de pudding. El ruibarbo y la coliflor dan para pinta, y así se recoge el resto de producción hortelana, que va cambiando con las estaciones. El dueño de The New Inn, Lewis Phillips, dice que no hay cantidades establecidas de verdura para el trueque y que si alguien trae demasiado poco le dan su ‘birra’ y le piden que otro día traiga más. El proyecto está siendo un éxito. Todos los vegetales que intercambian se cocinan en el pub, así que los propios vecinos terminan comiéndoselos convertidos en manjares. ¿Defensa del producto local?