Conspiranoica

Mi hermosa lavandería

Después de leer todo lo que se ha publicado en el último mes sobre Jeffrey Epstein, incluyendo la información divulgada por Jaime Peñafiel, que afirma que el fallecido billonario había tapizado de armiño su avión privado, Lolita Express, y que viajó con este a Granada para copiar la Alhambra y reproducirla en una de sus islas privadas, lo que más me sigue intrigando no es cómo es posible que todo lo que hizo con total impunidad (violaciones, tráfico a gran escala de menores) mientras se codeaba con presidentes (Clinton, Trump), artistas (Woody Allen), realeza (Andrés de Inglaterra) no fuera descubierto antes. Lo que más me intriga, como buena catalana, es ¿de dónde salía la fortuna de este hombre? Llevo semanas escrutando toda clase de fuentes en Internet, he consultado archivos de prensa, he llegado incluso a preguntarle a alguien que conoce personalmente a su único hermano, sin que haya conseguido la menor información fidedigna del origen del dinero con el que pagó la casa donde vivía (se dice que es la propiedad más cara de Manhattan, delante de la Frick Collection), los aviones privados, las islas, los millones que había entregado a Harvard, el altísimo tren de vida que llevaba, incluyendo el dinero que probablemente pagó a sus guardianes para que hicieran la vista gorda y le dejaran varias horas sin vigilancia, tiempo que aprovechó para supuestamente quitarse de en medio. Era propietario de una firma de inversiones, pero no hay detalles de qué tipo de inversiones hacía ni qué tipo de clientes y empresas estaban asociados con él.

Leyendo sobre él y atando cabos, todo resulta extraño. Para empezar, los motivos de la mujer que más tiempo estuvo a su lado, Ghislaine Maxwell, no sabemos si en calidad de amiga, madame reclutadora de menores o qué. Otra mujer –Babi Christina Engelhardt, que hace un año declaró en el Hollywood Reporter que fue amante de Woody Allen desde que tenía 16 años hasta que cumplió los 23 (Woody Allen ha admitido la relación)–, tras acabar su relación con el director, fue asistente personal de Epstein durante años. Epstein pasó en el año 2008 tan sólo 18 meses en prisión, aunque el tribunal había reconocido que abusó de 38 menores de edad, crimen por el que cualquier otra persona hubiera pasado el resto de su vida en la cárcel. La figura legal que se utilizó para soltarlo tan pronto no tenía precedentes en el sistema judicial americano. Tras su paso por la cárcel, siguió exactamente llevando el mismo sistema de vida que antes de entrar en ella: fiestas plagadas de menores que se codeaban con sus amigos millonarios (e insisto, Andrés de Inglaterra y su exmujer, Sarah Ferguson, a la que Epstein ayudó a pagar sus deudas), incluyendo a su abogado de entonces, Alan Dershowitz, un personaje muy pero que muy oscuro que, después de defenderlo, intentó distanciarse de él y hoy se le puede ver en Fox News proclamando su inocencia e insultando a las mujeres que afirman que se acostaron con él siendo menores.

Como me he levantado hoy tremendamente conspiranoica, les cedo a Puigdemont y compañía mi última teoría: detrás de los atentados del 17 de agosto en las Ramblas, en realidad estaba Jeffrey Epstein. Y quizás hasta Woody Allen.