Indultos y condenas

Reinos de humo

No hay trimestre en el que un nuevo estudio científico no condene a un producto y lo convierta en maldito o lo exculpe. Ya decía el gran divulgador Jorge Wagensberg que «la verdad de la ciencia siempre es provisional». El aceite de oliva pasó de ser casi un veneno al principal baluarte de la dieta mediterránea, y las sardinas, de bocados grasos a fuente de omega-3 y de vitaminas liposolubles. Hace tres años llegó la sentencia oficial por parte de la OMS a la carne roja y procesada: decían sus expertos que las salchichas, el beicon, el jamón curado, pero también las piezas de ternera, cerdo o cordero pasaban a ser un «potencial agente carcinogénico». Desde entonces se recomendaba no más de una ración de estos alimentos a la semana. A los pocos meses se levantó una parte de la comunidad científica denunciando el alarmismo de semejante alerta, y recientemente se ha publicado otro estudio en la revista Annals of Internal Medicine que asegura que la OMS se pasó de frenada. Los 14 investigadores de esta ‘metarrevisión’ de todos los estudios publicados al respecto –la más ambiciosa hasta hoy– aseguran que no hay necesidad de reducir el consumo de carne roja porque su relación causa-efecto con un aumento de la mortalidad está insuficientemente probada y es «estadísticamente irrelevante», del orden de 9 casos por cada 1000. Si el tabaco aumenta el riesgo de cáncer de pulmón entre 9 y 25 veces, el de comer mucha carne incrementaría, como mucho, un 1,7 por ciento la posibilidad de desarrollar uno de colon. Qué ganas de complicarnos la vida. Con lo sencillo que es seguir las enseñanzas de las abuelas y comer de todo, siempre de la mejor calidad posible. Yo sigo atento a las parrillas hasta nuevo aviso.