Can Bosch

REINOS DE HUMO

Durante el encierro en casa, las dudas se vuelven más espesas. Uno tarda en despejarlas más que cuando andaba ajetreado por los andenes. Llevo días pensando si ahora que todos los restaurantes están cerrados merecía la pena hablarles de uno o dejarlo para otro ¿mes? Al final, el péndulo se ha parado en el ‘sí’. Ahora más que nunca hay que reivindicar a esas personas que para ganarse la vida se la han dejado en la cocina o en el comedor de sus restaurantes. Y ojalá todos puedan volver a ocuparse de sus rutinas cuando todo pase y tengan a su alrededor a la mayor parte de las personas que reman junto a ellos. El penúltimo restaurante que visité antes del encierro fue el Can Bosch, en Cambrils, y también es uno de los que voy a visitar de nuevo cuando escampe. La carta es tan larga y la comida salió tan bien que no me queda otra. La familia Bosch, segunda y tercera generación, se proponen que todo el que entre se marche contento, y en esa vieja y sabia filosofía de ‘el cliente es lo primero’, le dejan libertad de elección. Si quiere gambas de Tarragona, caracoles, verduras recién recolectadas, platos tradicionales o algunos más atrevidos diseñados por Arnau, la tercera generación, a la que le toca llevar sobre los hombros el respeto ganado por su padre, no tiene más que pedirlo. Lo último que había leído sobre esta casa al amigo Capel no era demasiado optimista. Pero la coca de cristal con cebolla negra, papada confitada y trufa, la cap i pota con espardeñas y unas alcachofas salteadas con jugo de asado con calamarcito y cigala me confirmaron que hay conocimiento, producto y amor por lo que hacen. Ojalá reabran pronto.