Daniel Craig lo deja. Su elección como nuevo James Bond hace 15 años fue la más  polémica de la historia. Ahora, a punto de estrenar su última reencarnación del célebre espía, el hombre que ha transformado a Bond en un «asesino más real» se retira tras haber protagonizado los cuatro mayores taquillazos de la saga. Antes de ir a por el quinto, hablamos con él en exclusiva. Por Fernando Goitia/Fotos: Getty Images

• Daniel Craig, 15 años encarnando a James Bond

“Yo no soy James Bond, pregunta a mi mujer, a mi familia… Este tipo que tienes delante no puede estar más lejos de todo eso”. Daniel Craig lleva zapatillas blancas de tipo bota y jersey de punto. Sus ojos azules, pero que muy azules, te miran de frente y se ríe con frecuencia al hablar del personaje que lo ha convertido en mito viviente del celuloide. Quizá por ello, el actor inglés nacido en Chester hace 52 años defiende su identidad como si necesitara alejarse del célebre espía al que ha encarnado más tiempo que nadie. En 15 años y cinco películas –la última, Sin tiempo para morir, se estrena el 2 de abril–, Craig ha puesto patas arriba la saga más longeva de la historia. En primer lugar, por el impacto económico: las cuatro ya estrenadas son las más taquilleras de la franquicia, sumando juntas 3200 millones de dólares, casi tanto como las 20 anteriores. Después, porque ha transformado aquel personaje frívolo, misógino y locuaz en un introvertido asesino despiadado y directo, pero capaz de enamorarse, sin erosionar un ápice ese encanto al servicio de su majestad que lleva 58 años arrastrando masas a las salas.

Daniel Craig: "No veo por qué el próximo James Bond tiene que ser una mujer" 1

Fotograma de la película ‘Sin tiempo para morir’

Cumplida su misión, Craig dice adiós a lo grande. Su quinta reencarnación de Bond será la más cara y, además de cerrar la trama iniciada en Casino Royale –su primera aparición como espía en 2006–, incluye, según dicen, la mayor explosión cinematográfica nunca vista. Antes de despedirse de su personaje, charla con XLSemanal en un hotel de Nueva York sobre los 15 años que han cambiado su vida y la de, como diría él, Bond, James Bond.

XLSemanal. Cinco años atrás, al terminar Spectre –la anterior–, dijo que prefería cortarse las venas antes que hacer otra vez de James Bond…

Daniel Craig. Sí, es lo que pensaba, pero, ya ves, mierdas que dice uno [se ríe]. Lo dije al acabar de rodar, estaba agotado y me había roto una pierna; pensé que mi físico ya no estaba a la altura y que con Spectre Bond y yo habíamos terminado. El trabajo pierde atractivo si te rompes un hueso, ¿sabes? Así que quejarse y ser irónico y sarcástico es normal, aunque quizá no debiera abrir la boca [se ríe]. También pensaba en mi mujer y mi familia, no quería que se preocuparan más.

“Bond ha cambiado conmigo, he intentado limar su misoginia, pero él tiene sus taras y es imperfecto”

XL. Dijo también que, si repetía, «sería solo por la pasta». ¿Qué lo devolvió finalmente al papel?

D.C. Bueno, está bien pagado, claro, pero lo principal es que, tras descansar, pensé que sería una pena no rematar la historia que desarrollamos en las cuatro anteriores. Ahora, todo queda bien atado y eso le da un cuerpo compacto a mi aportación. Es un gran final.

XL. El verdadero final sería la muerte de Bond, ¿no?

D.C. ¡Pero qué dices! Bond nunca morirá [se ríe]. Se lo pones cada vez más difícil, estiras la cuerda, pero quien ve una película de Bond quiere que, al final, el mundo esté a salvo.

XL. En todo caso, esta es, ahora sí, su última de James Bond.

D.C. Eso es, ahora sí. Estoy triste de que acabe, pero me siento emocionalmente satisfecho. Si lo hubiera dejado después de Spectre, me habría arrepentido tarde o temprano.

XL. Sus películas son las más rentables de la saga. ¿No le han insistido para que siga?

D.C. No, iban a ser cuatro y he hecho cinco, así que les he dado una de más.

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En ‘Sin tiempo para morir’ hay una agente 007 -Lashana Lycnh-que además es negra. ¿Anticipo de una revolución en la franquicia?

XL. En Sin tiempo para morir aparece una agente 007 negra. ¿Su sucesora?

D.C. Yo no sé nada de eso [sonríe]. Solo espero que a quien me suceda no le toque vivir todo lo que yo viví.

XL. Sí, se montó una buena. Los tabloides de su país se posicionaron contra su elección, ardieron las redes sociales, lo amenazaron de muerte, lo acusaron de ser chaparro, rubio, indigno de Bond…

D.C. Sí, pero he de decir que hoy entiendo aquellas reacciones. Hay fans extremadamente apasionados; sienten a Bond como algo propio y tienen opiniones fuertes sobre cómo debería ser quien lo interpreta.

XL. Se pasa usted de comprensivo…

D.C. Estaban en su derecho.

XL. En todo caso, después de vivir todo aquello, ¿qué consejo le daría a su sucesor… o sucesora?

D.C. «Por favor, no hagas cualquier mierda. Hazlo bien, sé fantástico, porque es una oportunidad increíble».

“Me gusta pensar que hay gente por ahí, hombres y mujeres inteligentes, que, quizá con métodos turbios, cuidan de nosotros. Y lo hacen en silencio. Por eso vivimos en paz”

XL. ¿Cree que el mundo está preparado para una 007 negra?

D.C. El mundo está preparado para lo que sea, pero tampoco veo la necesidad de poner a una mujer en el papel de Bond. Es una respuesta equivocada a ese debate. Lo que se necesita, en general, es escribir grandes papeles para mujeres y hacer buenas películas.

XL. ¿Es ese un elemento al que le dieron muchas vueltas en 15 años?

D.C. Fue una larga conversación, sí: ¿qué hacer respecto a esa misoginia que caracteriza a Bond? Intenté cambiar ese aspecto durante mi ejercicio y creo que algo ha mejorado, pero él tiene sus taras, es imperfecto y no me corresponde a mí juzgarlo, sino al público. Bond es un personaje interesante: un héroe que está profundamente golpeado y, aunque no le fabricamos excusas, lo enfrentamos a mujeres muy fuertes para que le creen problemas. Toda la elección de las actrices parte de esa premisa. No de su belleza, sino de su capacidad para dar carácter a esos personajes.

XL. Al igual que un primer ministro o un presidente, usted será James Bond para siempre. ¿Se siente parte de la historia del cine?

D.C. La verdad es que sí. Aunque sea apenas una mínima parte, me siento muy agradecido, ha sido un inmenso honor.

XL. Ahora que conoce tan bien a James Bond, dígame: ¿es conservador o laborista?

D.C. [Se ríe]. Mi idea romántica es que Bond es un servidor público, muy particular eso sí, al servicio de la Corona y de la gente. Protege a sus conciudadanos sin importar quién viva en el 10 de Downing Street. Él no se mete en política, como hago yo; se limita a preservar la seguridad de su país. Ahora bien, ¿qué significa eso después del brexit? Ni idea.

XL. Precisamente, ¿estaría Bond a favor o en contra del brexit?

D.C. [Se ríe]. Bond no sé, porque el brexit no aparece en la película. No queríamos que la gente en Europa viera a Bond y se pusiera a pensar en este tema. Sí que te puedo decir que yo me siento europeo y por eso he sido muy activo en la defensa de seguir en la Unión Europea. Es un gran error, pero es lo que hay y tenemos que lidiar con ello. Creo, eso sí, que seguimos siendo europeos y que debemos permanecer lo más cerca posible, porque juntos somos mejores. La razón por la que fuimos aliados sigue vigente: mantener la paz, cuidar unos de otros. Y de eso se encarga gente como James Bond.

XL. Hombre, no exactamente como James Bond…

D.C. No, claro, las novelas de Ian Fleming muestran una idea muy romántica del mundo del espionaje. Cualquier espía de verdad te dirá que eso no existe, pero me gusta pensar que hay gente por ahí, mujeres y hombres inteligentes, que, quizá con métodos turbios que prefiero no conocer, cuidan de nosotros. La prueba es que disfrutamos de paz. Y lo hacen en silencio. En el MI6 no hay ningún muro de los héroes ni nada parecido, no hay nombres. Y eso hace más heroico su trabajo, porque para ellos es un servicio ciudadano. No trabajan para el primer ministro o el partido de turno.

XL. ¿Se le ocurre algún villano del mundo real al que Bond debiera neutralizar?

D.C. Oh, sí, ¡una larga lista! [se ríe]. A ver, yo soy un gran fan de la democracia. Lleva unos cuantos años funcionándonos bastante bien y espero que siga así unos cuantos más. Necesitamos mejores líderes, gente que no arroje a sus aliados a los pies de los caballos. Así que cualquiera que intente joder nuestro modo de vida tiene un problema serio conmigo [se ríe].

XL. En materia de espías, ¿qué escritor prefiere?

D.C. Me gustan las novelas de John le Carré, donde se muestra el lado sucio y descarnado del espionaje. De algún modo, yo quise incorporar eso a la saga. Es un juego crudo, fascinante. Acompañas al personaje, empatizas con él y, al final, acaba su trabajo. Sin sentimentalismos. El personaje no puede permitírselos. Para ser un espía, debes ser duro; y eso, en el fondo, es muy triste e interesante a la vez; te rompe el corazón ver que no pueden involucrarse con nadie, que fingen todo el rato, viviendo vidas ajenas, haciendo amigos o simulando estar enamorados. ¡Imagina cuando la otra persona se da cuenta de que todo es falso! Es terrible hacerle eso a alguien. Por eso es tan interesante.

“Ignoro lo que siente alguien al matar, pero debe de ser muy perturbador. Eso intento transmitir: que sus acciones tengan consecuencias en su fuero interno”

XL. Antes de usted, Bond era sobre todo un seductor; lo dijo el propio Roger Moore, que consideraba su aproximación la más real de todos los Bond: «Un verdadero asesino».

D.C. Bueno, yo… [se detiene y piensa]. ¡Uf! No sé. Mira, ¿recuerdas la escena, al principio de Casino Royale, en que Bond mata por primera vez? Es una pelea brutal en unos baños y ahoga al otro tipo en el lavabo. Pues, ahora que dices esto, te diré que para afrontar aquella escena pensé: «Quiero que el espectador sienta que este es su primer muerto». Ignoro lo que siente alguien en semejante situación, pero imagino que debe de ser muy perturbador, un shock brutal. Y eso intenté transmitir: que sus acciones tuvieran consecuencias en su fuero interno.

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En la nueva cinta de la saga hay presencia española de la mano de Ana de Armas. El propio Craig la recomendó después de trabajar juntos en ‘Puñales por la espalda’

XL. En el cine, nunca se ha revelado mucho sobre su pasado, salvo que quedó huérfano con 11 años y mínimos detalles. ¿Por qué cree que la gente empatiza con semejante sujeto desde hace seis décadas?

D.C. A ver, creo que la gente… [se detiene y piensa]. ¡Uf! La verdad es que ni idea. Supongo que es solo un personaje de ficción, entretenimiento bien hecho. La cuestión, como actor, es crear un ser al que le afecte lo que sucede a su alrededor. Lo haces de forma egoísta, para que el público se vincule emocionalmente a tu personaje. Si lo haces bien, seguirás trabajando [se ríe]. Ser actor es dar vida a otra persona y hacer que el público empatice con ella o quiera saber qué va a pasar con ella.

XL. De hecho, ha sido usted el único Bond nominado a un Bafta al mejor actor, aunque, seamos francos, nadie espera mucha profundidad de una película de Bond.

D.C. A ver, una película de Bond debe ser divertida, entretenida y memorable. Y en este sentido, cuanto más valor des al personaje, más interesante resultará. Solo intenté empujar y empujar para darle lo mejor de mí mismo y hacer la saga más grande de lo que ya era.

XL. Bond es hoy menos glamuroso, menos dandi que sus antecesores. ¿No se sentía cómodo haciendo de playboy?

D.C. Cuando me lo propusieron, lo primero que tuve claro es no hacer una imitación de ningún Bond anterior. Además, soy terrible como imitador, doy vergüenza ajena [se ríe]. En todo caso, él sigue usando esmoquin y trajes impecables, conduce un Aston Martin, bebe martinis… Algo ha cambiado, pero el glamour sigue ahí, la diferencia es que ya no se subraya tanto. Y eso, a mi juicio, hace que el personaje tenga más clase.

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XL. Moore tenía un consejo para los nuevos Bond: «Quédate con los trajes y no te caigas en el rodaje». ¿Lo ha seguido?

D.C. Sí, claro, no te tropieces con el mobiliario [se ríe]. Dos grandes consejos que he intentado seguir.

XL. Pero se rompió un tobillo en el rodaje…

D.C. Sí, es que me meto a tope en todo lo que hago. La idea de sufrir una lesión rondaba mi cabeza, pero no creí que pudiera ser tan grave. Tuve que pasar por el quirófano, estar dos semanas parado y seis sin correr. La verdad es que esta vez tuve que trabajar el doble de duro porque, con 51 años, estar tan en forma como Bond cuesta cada vez más.

XL. ¿Diría que hacer de James Bond es una profesión de riesgo?

D.C. Tanto como ser futbolista. Sufres el mismo tipo de lesiones: torcerte o romperte el tobillo, la pierna… Es normal en papeles tan físicos, pero no me juego la vida ni asumo grandes riesgos. Eso lo hace otra gente por mí.

XL. ¿Qué planes tiene ahora?

D.C. Cada rodaje lleva seis o siete meses, el triple que uno normal, así que pasaré más tiempo con mi familia. Pero seguiré haciendo lo de siempre: trabajar. En estos años, nunca me planteé, por ejemplo, hacer personajes que fueran antítesis de Bond para desintoxicarme y esas cosas. En este negocio, las cosas no son así. No tienes una lista de deseos. Simplemente, mantienes la mente abierta a lo que pueda surgir.

Privadísimo

  • Su madre era profesora de arte y su padre, marino y propietario de dos pubs. Se divorciaron cuando tenía 4 años.
  • Sus abuelos combatieron en la II Guerra Mundial.
  • Empezó en el cole con 6 años, y a los 16 ingresó en el National Youth Theatre. «Actúo como profesional desde los 17».
  • Tiene una hija con la actriz Fiona Loudon, su primera esposa, y otra con Rachel Weisz, su mujer desde 2011.
  • Es activo en causas como la lucha contra el sida y las minas terrestres, la igualdad de género o la educación.
  • Su salario como Bond -se habla de 25 millones de dólares- lo sitúa como el actor mejor pagado.
  • Ha trabajado en más de 40 películas con directores como Spielberg, Soderbergh, Sam Mendes o David Fincher.
  • En El despertar de la fuerza interpretó (con máscara) a un stormtrooper.

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