Grecia es hoy el gran apestado de Europa. El país más antiguo del continente vive al borde del colapso, amenazado por una deuda insostenible, la quiebra total y los programas de ajuste de impuestos para cumplir sus compromisos financieros.

El cineasta Costa-Gavras y el escritor Petros Márkaris, dos de los intelectuales más prestigiosos del país heleno, reflexionan para ‘XLSemanal’ sobre el pasado y el futuro de su tierra y los finos hilos que mueven el mundo.

COSTA-GAVRAS, director de cine

Este director de 79 años es el paradigma del cine político. Cada una de sus películas nos advierte de algún problema de nuestra sociedad. En su nueva obra, y en esta entrevista, dispara contra el sistema financiero.

“Hay 21 billones de dólares en paraísos fiscales. Solo con la mitad se podrían resolver todos los problemas de la humanidad”

¿Alguien entiende realmente cómo funciona el mundo? Ni los propios banqueros lo saben. Eso es, al menos, lo que ellos te dicen. He hablado con muchos para escribir mi nueva película [El capital, estreno el 30 de noviembre] y cada uno conoce la parte que le toca; nadie alcanza a entender la dimensión total del mundo financiero. Ese es el problema, todo está fuera de control. Incluso dentro de los propios bancos hay muchos jóvenes traders que venden productos cuyos jefes no saben bien de qué se trata. Es un universo totalmente opaco. En 2008 vimos esta historia de un trader de 31 años que trabajaba en la Société Générale y perdió 5000 millones de euros en unas horas. ¿Cómo es posible? ¿Qué sistema es este donde ocurren cosas así?

El dinero, la nueva religión

El dinero se ha convertido en la verdadera religión de nuestra sociedad. Los bancos son una necesidad en este mundo, pero en los últimos años han cambiado completamente su política. El 16 de septiembre de 1992, George Soros se llevó más de mil millones de dólares en ganancias vendiendo libras esterlinas a corto plazo, hundió el Banco de Inglaterra y no le pasó nada. Aquella operación puramente especulativa le mostró el camino a mucha gente y empezó así una espiral muy peligrosa. Hoy, Soros se las da de filántropo de izquierdas, pero es un monstruo.

La crisis anunciada

En 2005 leí un libro, El capitalismo total, de Jean Peyrelevade, un banquero francés que dirigió el Crédit Lyonnais. No se trata de ningún izquierdista radical, sino de un verdadero hombre de banca. En aquel año, nadie soñaba siquiera con la crisis, pero él ya lo anunciaba todo. lo que luego ha pasado y cómo nos encaminamos hacia un desastre mayor. Ahora, todos los expertos dicen que se veía venir. ¿Pero por qué nadie impidió que ocurriera? Quizá porque quienes lo sabían eran los mismos que deseaban que sucediera.

Regulación financiera

Todo el mundo dice que hay que regular más, pero para que eso suceda tendría que hacerse al mismo tiempo en todos los países. Si los bancos europeos regulan en solitario quedarían en una posición muy débil y los de EE.UU. se quedarían con todo. Es casi imposible. Los bancos más agresivos del mundo son los de EE.UU., en particular Goldman Sachs. Y ahora son más agresivos que nunca. Siempre ha sido necesario vigilar a los bancos, hoy más que nunca, pero caminamos en sentido contrario.

Grecia, deuda y clientelismo

Desde que Grecia se independizó de los otomanos, en 1831, las grandes potencias siempre la han mantenido endeudada. Es un lugar estratégico en el Mediterráneo y la deuda es la mejor forma de control. Quien controla tu deuda te controla a ti. Como país pequeño y pobre, esa carga nunca fue algo muy oneroso para los países ricos, los compensaba. En este escenario se creó un sistema político al servicio de estos intereses, primero a través de la familia real, los militares y la derecha, basado en un clientelismo tremendo. Nadie se atrevía a tocar eso. Andreas Papandréu, cuando los socialistas ganaron por primera vez unas elecciones, en 1981, pudo haberlo cambiado, pero no se atrevió. Tenía el suficiente apoyo popular, había vivido en países con tradición democrática como EE.UU., Francia o Suecia, pero no hizo nada; al contrario, sus fieles ocuparon el lugar de sus oponentes y todo siguió igual. Por eso en Grecia hay un millón de funcionarios, casi el diez por ciento de la población. Son personas cuya ambición, de jóvenes, era una vida tranquila, no hacer nada y cobrar. El clientelismo es lo que ha hundido al país. Siempre ha sido así.

Economía liberal

El multimillonario Warren Buffett se quejó hace poco de que paga pocos impuestos. En Francia también hubo alguno que fue por ese camino, pero cuando el presidente François Hollande dijo. Muy bien. Pagaréis el 75 por ciento , se echaron las manos a la cabeza. Tienen que pagar un poco más, pero tampoco es tanto para ellos y no quieren pagar. En Grecia no hay ese problema, todos los millonarios se han llevado sus fortunas a Suiza y a paraísos fiscales.

El botín, a buen recaudo

Leí hace unos días en un diario británico que en los paraísos fiscales hay 21 billones de dólares. ¿Cuánto dinero es eso? Es una suma que se escapa al entendimiento. En el mismo artículo se subrayaba que solo con la mitad se podrían resolver todos los problemas de la humanidad. El dinero que se ha perdido en esta crisis no se ha quemado, duerme en alguna parte. Los bancos griegos han dejado marchar al exterior más de 6000 millones de euros en los últimos meses y luego se echa la culpa de lo que sucede en Grecia a que la gente no paga bien sus impuestos. Toda estas personas tienen una sola patria. el dinero; no les importa nada más.

Lo poco que sabemos

Los bancos franceses y alemanes, que están totalmente conectados, animaron a los griegos a comprar y a endeudarse. Los griegos compraron a crédito submarinos, coches, relojes , sin pensarpodrían pagar. La economía, en el fondo, es algo muy sencillo. si ganas cinco mil euros y gastas ocho mil, es insostenible. Y, claro, para que esto fuera posible, los bancos corrompieron a los políticos; varios ministros griegos, de izquierda y de derecha, están ahora en prisión. Este sistema estuvo vigente más de una década. Se habla mucho de los corruptos, pero nunca de los corruptores. La motivación alemana y francesa a corto plazo era que los griegos compraran para animar sus propias industrias. En eso pensaban, pero, quién sabe, todos estos banqueros son personas muy cultas, bien educadas y, sobre todo, muy bien informadas, que conocen perfectamente las consecuencias de sus actos, las catástrofes que causan. Cuando uno es el más rico y el más fuerte cada vez quiere más y domina los mecanismos para salirse con la suya. Hay mucho en juego, pero sabemos poco.

Alimento para extremismos

Cada país tiene sus cloacas y a veces estas se desbordan. Un siete por ciento de los votantes griegos optaron por Amanecer Dorado, pero no creo que todos estos ciudadanos sean nazis. La situación es tan terrible que este tipo de mensajes cala con facilidad entre gente necesitada de esperanza. Escuchan promesas nuevas y se agarran a un clavo ardiendo. Estos partidos necesitan gente enfadada que se fanatice; los fanáticos les resultan muy útiles, porque los siguen sin cuestionar sus decisiones y votan con los ojos cerrados. Este es el gran problema de nuestra sociedad. Hay que pensar, vencer el fanatismo, que la gente elija a sus líderes por sus cualidades. La culpa la tienen los otros partidos, la izquierda sobre todo. En Grecia, los políticos no son honestos; nadie confía en ellos. No los elegimos y les pagamos para que hundan nuestro país, sino para que solucionen los problemas. Sus prioridades no parecen seguir ese camino.

Los jeques silenciosos

En mi película aparecen unos árabes sigilosos que, sin hacer ruido, parecen ser quienes mueven los hilos. Los jeques lo están comprando todo. clubes de fútbol, edificios, hoteles, empresas, manejan los fondos de inversión más importantes, controlan el petróleo ¿Quiénes son? Occidente mira el mundo islámico por encima del hombro, pero resulta que está al servicio de los jeques. Contra esos musulmanes sí que no hay discriminación. Invierten en países ricos y no ayudan al mundo árabe, a pesar de compartir religión. Es el dinero, siempre es el dinero.

La civilización, en crisis

Es nuestra civilización la que está en crisis, no solo la economía. Es algo profundo, no puede haber una crisis más profunda. Es necesario rehacerlo todo. Empezar de cero. La economía, el medioambiente, la sociedad en general No es aceptable que haya personas riquísimas mientras millones de ellas mueren de hambre o duermen en la calle. Hace dos meses, a una señora suiza, su marido, dueño de una farmacéutica, le regaló un yate de cien metros de eslora. Cada vez que navega con él, necesita mil litros de combustible. Es obsceno. Las diferencias entre ricos y pobres crecen cada día. No digo que los ricos sean el enemigo, pero hay que encontrar otra manera de estar en sociedad. No sé cuál. En mi filme, el personaje principal les dice a sus fieles. Vamos a robar a los pobres para dárselo a los ricos . En toda película se exageran las cosas con una intención dramática, pero en este caso veo que lo que cuento, en realidad, no es nada exagerado. La realidad siempre supera la ficción.


 

Privadísimo

Constantinos Gavras nació el 13 de febrero de 1933 en Loutra Iraias, en el Peloponeso.

Su padre luchó en la Segunda Guerra Mundial en la Resistencia griega. Tras el conflicto combatió del lado republicano, controlado por el Partido Comunista, en la guerra civil griega.

La derrota republicana estigmatizó a los Gavras. Mi padre luchó contra el rey, pero no era comunista cuenta. Sus hijos no pudimos ir a la universidad ni sacarnos el carné de conducir. La gente te señalaba por la calle.

En 1951 se fue a Francia a estudiar Derecho. Lo dejó en 1956 por la Escuela de Cine. Fue asistente de mitos del cine como René Clair y Jacques Demy y en 1965 rodó el primero de sus 19 largometrajes. Con Z, un polémico thriller político, ganó su primer Óscar, en 1969. El segundo se lo dio Missing en 1982. Hoy preside la Filmoteca Francesa.


 

PETROS MARKARIS, escritor

A sus 75 años, ha alcanzado fama internacional y merecido prestigiosos galardones como el Pepe Carvalho 2012 con la serie ‘noir’ protagonizada por el comisario Kostas Jaritos. ¿La última? ‘Liquidación final’.

 

En este momento en Europa hay muchas cosas en juego. Y el problema no es, como nos dicen, el mercado. Nadie entiende qué coño es eso. Tampoco si el euro puede sobrevivir o no yo tengo claro que no. Sino que se está intentando crear un nuevo proletariado. Porque el que conocemos desde la revolución industrial de 1900 hasta 1980 ha terminado. El proletariado de Marx ya no existe. Ahora llega, o quieren que llegue, una nueva clase proletaria con personas formadas que, sin embargo, ganan 400 euros al mes. Empieza desde el sur porque piensan que desde aquí arrancará de forma más sencilla.

¿Qué quieren?

Viene ahora la troika y nos dice que la jornada laboral tiene que aumentar dos horas. Lo exigen en un país donde un tipo se tira ocho horas diarias detrás del mostrador de su tienda y ¡entran dos clientes al día! ¿Esa tienda va a abrir dos horas más para gastar más en electricidad, que además van a subirnos otra vez? ¿Qué sentido tiene todo esto? Quieren que las condiciones laborales bajen tanto que aceptemos cualquier cosa. Y lo lograrán, caiga quien caiga.

Sin salida 

Esto es un camino sin salida para nosotros, porque ni siquiera valdrá cambiar de moneda. Para quien pasa hambre ¿hay alguna diferencia entre pagar su miseria con dracmas o con euros? No, ninguna. La diferencia es que, con la moneda nacional, españoles y griegos tendríamos una esperanza de futuro que hoy no tenemos con el euro. Y te lo dice alguien que aplaudió cuando Grecia entró en la Unión Europea. Yo no soy inocente.

No hay valores 

Europa quiso, en su nacimiento, extender un sistema basado en principios democráticos. Cuando no había una moneda común, eso es lo que tenía valor. Pero cuando nació el euro, se impuso como valor común. Y ahora que el euro puede desaparecer, ¿qué valor nos queda? Ninguno. Ya no hay valores. Aquí hablan solo los economistas y políticos. ¿Por qué no dan voz al resto? ¿Dónde están los artistas, los escritores, los intelectuales? Esta ausencia es, en realidad, una verdadera catástrofe.

¿Quién manda en europa?

Alemania y sus aliados, sin lugar a dudas. Y que conste que yo no culpo a los alemanes porque estén ganando esta guerra. Ellos saben producir y vender buenos productos. Son expertos en funcionar dentro de un sistema que está basado en el coste bajo. Me parece cojonudo. El problema es que quieren hacer política con el sistema económico que tan bien les va. Quieren garantizar cosas con el mínimo coste. Y eso, en política, no puede ser. Siempre les recuerdo a mis amigos alemanes que, después de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses dejaron en Europa un montón de dinero, sobre todo en Alemania. Y ellos no lo prestaron; lo regalaron. ¿Por qué? Porque sabían que quien tiene las llaves debe pagarlas. Sin embargo, los alemanes lo quieren sin coste.

Sobre los tópicos

Todo eso de que en el sur somos unos vagos son gilipolleces. El problema es que no quieren reconocer que tenemos otra cultura. ¿Con qué cocinan ellos en sus casas? Con grasa animal o margarina. Nada que ver con nuestro aceite de oliva. Eso es otra cultura. Y no solo en lo gastronómico. ¡Hay dos mundos ahí! Los países del sur tenemos que unirnos, pero no solo contra el norte, sino por preservar una cultura antiquísima que es lo único que al final vale la pena mantener.

La corrupción 

El problema de la corrupción es estar de acuerdo con ella. Aquí empieza a haber gente que la acepta. Es el principal problema de Grecia. Es la diferencia con Alemania. Allí la corrupción está en la clase alta, no en la clase media. Por el contrario, en Grecia está instalada en todas las clases sociales y políticas. Ocurre algo parecido en España e Italia.

Los ‘indignados’ 

Yo pertenezco a una generación de luchadores. No porque fuésemos unos héroes, sino porque nos tocó vivirlo así. Lo bueno de esos movimientos españoles de ‘indignados’ es su pureza. Eso sí, también tienen un punto débil. la falta de orden político. Necesitan un punto común, un orden, para que no se acaben diluyendo. Pero la culpa de que se diluyan no es suya, sino de los partidos de izquierda. No pueden existir si no se forman como partido. No puedes combatir el sistema saliéndote del mismo. Es algo inimaginable.

Meterse en política 

¿Si me presentaré a las próximas elecciones? Es que los escritores tenemos una limitación a la hora de meternos en política. Siempre disponemos de las preguntas adecuadas, pero no nos manejamos tan bien en el mundo de las respuestas. Mi trabajo consiste en hacer las preguntas adecuadas. El de los políticos, en teoría, darnos las respuestas.

Ascenso del nazismo

No sé cuál es la solución a la crisis, pero sí sé que el desorden político en Grecia acaba de sacar a la luz a un partido de extrema derecha, cercano a los postulados nazis, y eso es algo peligrosísimo, inadmisible. Históricamente sabemos que estas crisis solo fomentan que la derecha tome el poder. Eso es algo que tienen que afrontar, tarde o temprano, los partidos de izquierdas.

La violencia como recurso

Pensar eso es un error. Mi última novela trata de un hombre que pasa a la acción sangrienta ante el fraude fiscal que se vive en Grecia. Por eso, en las ediciones griega y española de este libro aparece un mensaje en la contraportada que dice. Se desaconseja imitar los hechos narrados en esta novela . Sin embargo, intuyo que es el deseo de muchos griegos. Noventa de cada cien personas no llegarían a matar por desesperación. No obstante, me da miedo pensar en ese otro diez por ciento. Y si hablas con cualquier policía, te dirá que muchos han rebasado ese límite. Y nos están obligando a rebasarlo cada vez más. Ahí está el peligro.

El futuro

No creo que hayamos superado esto en diez años, lo siento mucho. Grecia es ya un país desesperado. Del todo. Más tarde o más temprano, España estará en la misma situación. Los europeos hemos convertido la economía en una ideología. Vemos los números, pero no reparamos en las personas. Y si no vemos a las personas, es el fin.

Privadísimo

Estudió Ciencias Económicas en Viena y Stuttgart y se trasladó después a Atenas, donde reside desde los años cincuenta. No obtuvo la ciudadanía griega hasta la caída de la Dictadura de los Coroneles, en 1974. Lo hizo junto con el resto de los armenios que vivían en Grecia.

Colaboró asiduamente con el director de cine Theo Angelopoulos, con el que coescribió los guiones de cinco filmes.Se define como brechtiano, en el sentido de que le gusta guardar las distancias y ver los acontecimientos como espectador y comentarista.

Confiesa que la faceta pequeñoburguesa de Jaritos, el personaje de sus thrillers, no tiene nada que ver con él. Se define como un militante de izquierdas desencantado.

Es viudo. Tiene una hija. Perdió la visión de su ojo derecho en un accidente laboral. Fuma en pipa y le gusta amenizar sus charlas con un par de güisquis con hielo.