Volverse loco por cinco dólares. Ese es el precio que se paga por una dosis de ‘flakka’, la última droga sintética que está causando estragos en los Estados Unidos. Por Daniel Méndez

Un hombre corre desnudo por la calle, huyendo de unos perseguidores imaginarios y sorteando a los policías -reales- que tratan de darle caza. Son necesarios varios agentes para reducirlo.

Una joven de 17 años, también sin ropa, recorre la localidad de Melbourne (al sur de Orlando, Estados Unidos) manchada de sangre y gritando. “¡Soy Dios! ¡Soy Satán!”. Otro, en Florida, es detenido mientras trata de mantener relaciones sexuales con un árbol. “¡Soy Thor!” , le espeta a los policías. Son solo tres ejemplos, hay muchos más, ilustrados con profusión en YouTube. Detrás de todos estos casos, ocurridos en los Estados Unidos, se encuentra la flakka, una droga sintética de potentes y desconocidos efectos y con precios peligrosamente bajos. Es la locura de los cinco dólares , como la definió un consumidor ante su terapeuta al hablar de ella.

El veneno de nueva generación

A esta droga sintética solo se la llama flakka en Florida, el estado donde más estragos está causando. Solo en uno de sus condados, Broward, las autoridades registraron el año 2014, 190 incidentes relacionados con este potente estimulante. En otros lugares de los Estados Unidos la llaman con el genérico ‘gravilla’ en clara alusión al formato en que se comercializa (aunque más que a arenilla, su aspecto recuerda a unas sales de baño). El término ‘gravilla’ no se ha extendido por una sencilla razón: ya hay otra droga que se llama así.

Los vídeos de jóvenes bajo los efectos de la flakka proliferan en YouTube

La denominada ‘droga zombi’, que provocó incluso algún episodio de canibalismo hace un par de años. La flakka –cuyo término, según algunos, podría derivar del castellano flaca- vendría a ser algo así como la versión 2.0 de la gravilla. Una variación necesaria, después de que las autoridades la identificaran y prohibieran sus componentes activos.

Un negocio redondo para los narcotraficantes

Este es un ciclo que se repite a menudo con las nuevas drogas sintéticas. Producidas las más de las veces en laboratorios semiclandestinos de países como China o Pakistán (solo semi porque a menudo estas sustancias no son ilegales allí), ven sus componentes ligeramente alterados cada vez que se topan con una nueva prohibición. Es su modo de escapar a los controles. Controles, por otro lado, laxos y escasos. No en vano pueden adquirirse por Internet sin excesivas complicaciones y el pedido llega al consumidor por vía postal.

Se fabrica en laboratorios clandestinos de Pakistán o China y puede comprarse por Internet. Es decir, la droga llega por vía postal

A gran escala aporta pingües beneficios. Un kilogramo empaquetado en China cuesta unos 1500 dólares. En las calles de los Estados Unidos, esa cantidad alcanza los 50.000 dólares. Y por si fuera poco, son sustancias que escapan a la detección en los controles de drogas habituales. Es decir, en caso de encuentros con las autoridades, nadie puede acusarte de haber consumido una sustancia ilegal mientras no sea declarada como tal.

El componente principal de la flakka es la -pyrrolidinovalerofenona (alpha-PVP, en su versión abreviada), un estimulante emparentado con la anfetamina. Es la versión sintética de un alcaloide psicotrópico presente en una planta –khat– utilizada tradicionalmente en países como el Yemen, Etiopía o Somalia. Su uso es similar al de las hojas de coca en Bolivia o Colombia, aunque el khat es mucho más potente: se trata de la planta con las propiedades psicoestimulantes más fuertes que se conoce.

Su aspecto recuerda a las sales de baño, pero sus efectos llevan a sus usuarios a perder completamente el control y al delirio mientras la temperatura de su cuerpo supera los 40 Cº

Los consumidores se hacen con su versión sintética buscando una estimulación mental, sensación de energía, euforia, creatividad, incremento del estado de alerta… Ocurre que la frontera entre una dosis baja y los efectos negativos -en ocasiones, mortales- de una dosis alta es muy sutil. Y ahí es cuando la flakka muestra su lado más amargo: incremento de la temperatura corporal por encima de los 40 grados, sudoración, taquicardia, tensión muscular, dolor de cabeza, ansiedad y agitación, ataques de pánico, episodios psicóticos, alucinaciones… No ayuda el hecho de que la euforia inicial desaparece en poco tiempo, lo que hace que el consumidor sienta el impulso de administrarse una nueva dosis. La flakka se puede fumar -a menudo en los cigarrillos electrónicos, donde pasa completamente inadvertida-, ingerir, esnifar o inyectar por vía intravenosa.

La rival de la cocaína y la metanfetamina

La droga ha sido específicamente diseñada para disparar la presencia de dopamina -un neurotransmisor relacionado con el sistema cerebral responsable del placer- al tiempo que bloquea otros neurotransmisores, lo que provoca una intensa sensación de euforia. Las nuevas drogas sintéticas surgen a menudo como sustituto de sustancias como cocaína o metanfetamina ante su escasez en el mercado o sus elevados precios. Estas actúan de un modo parecido, pero la flakka posee una característica especial: no solo provoca la liberación de dopamina o noradrenalina, sino que además impide después su reabsorción por parte de las neuronas cerebrales, incrementando la duración e intensidad de sus efectos si se abusa de la dosis.

Pese a que su presencia más notoria ha sido, hasta ahora, en los Estados Unidos, en concreto en Florida -puerto de entrada de muchas sustancias ilegales procedentes de América Latina-, en Europa se registra un número creciente de casos. Hasta hace poco más de una década, apenas se detectaban un puñado de nuevas sustancias psicoactivas al año; el año 2014 sin embargo, se descubrieron más de 100, según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías. Una tercera parte de ellas eran catinonas sintéticas, como la flakka.

Ya en 2013 se incautaron 115 kilogramos de alpha-PVP en Europa. El Viejo Continente, por lo tanto, no está exento de este peligro. Porque conviene insistir: es una sustancia tan nueva que sus efectos a largo plazo no han sido aún estudiados. La falta de control, además, hace que el usuario no sepa bien lo que consume. Nada bueno, en cualquier caso.

Las nuevas drogas en el mercado

Las sales de baño no son, ni mucho menos, las únicas sustancias psicoactivas de nueva creación. el Sistema Temprano de Alerta de la Unión Europea tiene monitorizadas hasta 450 drogas de este tipo. Más de la mitad han sido identificadas en los últimos tres años. un cinco por ciento de los jóvenes europeos de entre 19 y 24 años declaran haberlas probado.

‘María’ de ‘bata blanca’ Existen, al menos, 30 sustancias que actúan como sustitutos de la marihuana creados en laboratorio. Pueden consumirse por vía oral, con cigarrillos electrónicos y vía intravenosa. Su nombre habitual es spiceaunque también se la llama K2, llamarada solar o fuego de Yucatán. En Europa se requisó en 2014 una tonelada de esta marihuana sintética.

Sales de baño Las catinonas sintéticas, su nombre científico, han mostrado un gran auge en el último lustro. Hay distintas composiciones con efectos comunes como euforia, alucinaciones, delirio con excitación… Ahora bien, cada una de ellas -flakka, MDPV…- actúa de forma distinta en materia de liberación de serotonina, dopamina o noradrenalina.

Clásicos ‘revisitados’ El MDMA o éxtasis es la feniletilamina psicodélica más famosa. Pero hay otras moléculas de nombre impronunciable, como la 2c-b o 4-bromo-2,5-dimetoxifeniletilamina, que se están extendiendo sin que el consumidor sepa que lo que consume como MDMA es, en realidad, otra cosa. Con nombres como Nexus, B-Fly o Dr. Death, no son sustitutos, sino añadidos a viejas composiciones.

‘Coca’ sintética También la cocaína se puede sintetizar en un proceso complejo y costoso, aunque en Internet se pueden encontrar métodos de dudosa fiabilidad. Sustancias como el RTI-126, sintetizado por primera vez en los años noventa, puede ser cinco veces más potente que la cocaína.