Finlandia ha creado un método que elimina el acoso escolar en el 79 por ciento de los colegios. Una decena de países europeos ya lo han puesto en marcha. Por ejemplo, Gran Bretaña. Viajamos a una escuela galesa para ver en qué consiste el sistema y descubrir las claves de su éxito. Texto y fotos  Carlos Manuel Sánchez

“Nadie dió la cara por mi. Eso es lo que te hunde”. Que tus compañeros no digan nada, que no hagan nada o que se rían mientras que alguien te insulta, o te intenta quemar el pelo con un mechero, o postea en Twitter que en el recreo va a haber ‘sangre'”.

Rebecca Parkin, una estudiante galesa de 17 años, ha sido blanco del acoso escolar desde los 6. Soy muy tímida e incluso decir ‘hola’ me cuesta. Por eso se metían conmigo. Lo pasó tan mal que llegó a autolesionarse, dejó de ir a clase y necesitó ayuda psiquiátrica. Las cosas solo empezaron a cambiar cuando reuní el valor para contar lo que me estaba pasando.

Su ejemplo ilustra la indefensión que sufren las víctimas del acoso escolar. Una indefensión que es una mezcla de impotencia, terror y soledad; la soledad tremenda de un niño que está rodeado de otros niños que se inhiben ante las crueldades del matón de turno o, peor aún, las celebran; no por falta de empatía, sino porque no saben cómo reaccionar. Lo más frustrante del acoso escolar es que el 88 por ciento de las veces ocurre delante de un público que ríe o que calla; cómplice por activa o por pasiva. Movilizar a esos testigos y convertirlos en defensores de la víctima no es fácil, pero es la clave del método KiVa, que ha hecho disminuir drásticamente el acoso en Finlandia y que ya ha comenzado a implantarse en una decena de países.

“Los acosadores suelen ser populares. Y poderosos” , explica la psicóloga Christina Salmivalli, de la Universidad finlandesa de Turku, creadora del programa. Normalmente, para que un alumno dé un paso al frente y apoye a la víctima hay que tener un cierto estatus. Prestigio, convicciones morales… Un 17 por ciento es capaz de hacerlo por propia iniciativa. ¿Pero qué pasa con el resto? La originalidad de KiVa radica en que no convierte en héroes a los que no tienen madera de tales, sino que les proporciona herramientas para solidarizarse con el compañero acosado sin tener que recurrir al valor. Y para informar del problema sin convertirse en chivatos. Es toda la clase, y en última instancia la escuela entera, la que se involucra.

Finlandia implantó este sistema tras una situación de alarma nacional.

KiVa es un juego de palabras (significa ‘guay’ en finés y también es el acrónimo de ‘contra el acoso’). Finlandia lo ha implantado ya en nueve de cada diez colegios, unos 2500. El programa arrancó en un momento de emergencia nacional. En 2007, un joven armado irrumpió en su escuela de la localidad de Jokela y mató a seis estudiantes, la directora y la enfermera; luego se suicidó. Se supo que había padecido acoso escolar durante toda su vida académica. Hubo otra masacre en 2008. Y Finlandia registraba una de las tasas de suicidio adolescente más altas del mundo. Por aquel entonces, el Gobierno ya había decidido encargarles a los investigadores de la Universidad de Turku un plan de choque contra el acoso. Y la sociedad, traumatizada, se lo tomó muy en serio.

Alumnos de sexto grado del colegio Llanllechid (País de Gales) escriben las cualidades que más les gustan de sus compañeros en clase de KiVa, un ejercicio práctico para reforzar la cohesión del grupo.

KiVa se implantó con fondos públicos. Se realizó un estudio de tres años para evaluar su efectividad. Participaron 234 colegios y 28.000 estudiantes de entre 7 y 15 años. Los resultados fueron espectaculares. Los casos de acoso desaparecieron en el 79 por ciento de las escuelas. Esto propició, además, que aumentase el bienestar en las aulas y también la motivación de los alumnos. Y el buen ambiente sirvió, de rebote, para apuntalar el éxito de Finlandia en las pruebas de Pisa.

“Ser cruel suele ser rentable en términos de popularidad. Nuestro método le da la vuelta a esa premisa y consigue que el acosador quede desacreditado ante el grupo”, expone Salmivalli. El enfoque tradicional se centra en la protección de la víctima o en el castigo del acosador. Pero, según la investigadora, es un error intentar cambiar la personalidad del niño que es tímido o inseguro. Y el chulito siempre tendrá un aliciente para intimidarlo. Las consecuencias pueden ser devastadoras y prolongarse hasta la edad adulta. “Lo que nos preocupaba era la dinámica del grupo. Hay grupos que fomentan la intimidación y grupos que la previenen”.

El programa ya ha sido exportado a colegios de Francia, Italia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Bélgica, Estonia, Suecia, Grecia, Sudáfrica y Estados Unidos, entre otros, tutelados por el equipo finlandés. Se ha comprobado que el acoso escolar disminuye entre un 30 y un 50 por ciento durante el primer año. En el Reino Unido se lanzó un programa piloto en el que participaron 17 escuelas de País de Gales, monitorizado por Judy Hutchings y Susan Clarkson, investigadoras de la Universidad de Bangor.

Un profesor del equipo Kiva con un chaleco reflectante está siempre disponible durante los recreos

Los resultados han sido tan esperanzadores que este curso se ha implantado en 70 centros galeses e ingleses. “Existen dificultades, por supuesto. Algunos centros prefieren negar que el acoso sea un problema. Y no hay que bajar la guardia. De nada sirve instalar un buzón virtual para que los niños informen del acoso si el profesor encargado de comprobar el correo no lo hace diariamente. Pero el sistema funciona” , afirma Hutchings. “KiVa actúa como una vacuna, inmuniza a los niños, les da herramientas para defenderse. Por eso, cuanto más temprano se empiece, mejor”, añade Clarkson.

Los chicos deben aprender a interpretar sus emociones y las de sus compañeros

¿Cómo funciona KiVa? El programa. Los estudiantes reciben clases a los 7, 10 y 13 años. Hay lecciones para identificar las emociones de los compañeros y saber cómo se sienten solo por el tono de voz o la expresión corporal. También aprenden a diferenciar qué es el acoso y qué una pelea ocasional. Las clases se completan con videojuegos, material de apoyo y charlas con los padres. El profesor encargado de vigilar el recreo usa un chaleco reflectante para visibilizar el compromiso del colegio.

El equipo KiVa lo suelen formar tres profesores. Son también los encargados de actuar en cuanto se tiene conocimiento de una situación de acoso. Primero se reúnen con la víctima, le dan apoyo y la tranquilizan. Luego hablan con el presunto acosador. Realizan un seguimiento y vuelven a entrevistarse con ambos al cabo de una o dos semanas. Si el problema continúa, también hablan con los padres. El 98 por ciento de los alumnos atendidos por un equipo KiVa aseguraron que su situación había mejorado.

Acoso escolar

Los alumnos se disponen a darle la vuelta a los corazones para leer lo que sus compañeros han escrito.

Huw Jones es el profesor encargado de implementar KiVa en el colegio Llanllechid (País de Gales). “Introdujimos el programa en la clase de sexto (9-10 años). Lo hicimos porque pensamos que nos ayudaría a enfrentarnos a situaciones en las cuales nuestros estudiantes podían sentirse solos, apartados o heridos por los comentarios o la apatía de otros. Las lecciones les proporcionan la oportunidad de expresar sus sentimientos en un ambiente seguro. Es toda la comunidad escolar la que está implicada. Los chavales aprenden que el acoso es una conducta violenta que se repite sistemáticamente contra el mismo individuo y durante mucho tiempo. También aprenden que hay muchas maneras de ayudar al compañero, por ejemplo preguntándole cómo está. Que alguien se interese por ti, aunque solo sea una persona, mitiga los efectos del acoso porque rompe el bucle de la soledad. Como dijo Martin Luther King. ‘Al final no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos’ .

Escuela de respeto

KiVa se articula en diez lecciones sobre emociones y compañerismo que se realizan a lo largo del curso. Además, se desactiva cualquier conato de acoso en cuanto se detecta mediante entrevistas con los implicados.

Ejercicio. Un niño camina por un pasillo. Si los que están sentados no colaboran, le resulta difícil avanzar.

GUÍA PARA ACABAR CON EL ACOSO ESCOLAR

La clase: los espectadores no son cómplices

El programa se divide en tres fases. 6-9 años, 10-12 y 13-16, dependiendo del país. Cada fase consta de 10 lecciones (en dos sesiones de 45 minutos), ejercicios, juegos y trabajos que se realizan durante el curso. Los profesores KiVa enseñan a no reforzar la actitud del acosador y a empatizar con la víctima. Algunas escuelas colocan un banco en el patio para cuando estás triste. Si te sientas en él, los compañeros te acompañan y te preguntan qué te pasa.

Los profesores: acción inmediata

Responden de manera rápida al surgir un problema. No dejan que los niños lo intenten resolver por su cuenta. Hacen de filtro para distinguir si se trata o no de acoso. ¿Hay antecedentes entre los niños involucrados? ¿Un desequilibrio de poder? Se entrevistan con víctima y acosador, pero nunca a la vez. Ni delante de sus compañeros. Escuchan a ambos. Realizan un seguimiento. Los profesores reciben formación específica de preparadores entrenados en Finlandia.

La víctima: apoyo constante

A muchos niños les cuesta pedir ayuda. temen represalias o ser vistos como chivatos. Los acosados lo viven como algo vergonzante. Un alumno acosado puede acudir a los profesores de KiVa. Se les brinda apoyo inmediato para que salgan del aislamiento. No se les culpa ni se trata de que cambien su manera de ser. También se fomenta que los otros alumnos avisen si ven algo anómalo. Hay un buzón virtual para contactar de manera anónima.

El acosador: adiós a la popularidad

La presión del grupo hace que el acosador no rentabilice sus acciones. Eso es más efectivo que los castigos. Exigirle disculpas públicas tampoco basta, y a veces incluso resulta contraproducente, pues es visto como una humillación por el acosador y puede incitarlo a la revancha. Mejor dialogar para que entienda cómo afecta su actitud a otros o invitarlo a que participe en tareas comunes en un grupo donde también esté su víctima.

Los padres: atención a las señales

Reciben charlas en las que se les dan pautas. Se les pide que estén atentos a las señales de que algo no va bien con sus hijos, tanto en el caso de que puedan ser víctimas (por ejemplo, que no quieran ir a clase, cambios de humor, dificultad para conciliar el sueño, pérdida o rotura de ropa, libros, dispositivos electrónicos; un bajón en las notas ) como acosadores. Nunca deben incitar a la víctima a defenderse o recriminarlo por su debilidad. El equipo KiVa actúa como mediador.


LO QUE HE APRENDIDO

1. Aron, 9 años

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Estoy aprendiendo a saber cómo se sienten mis compañeros sin necesidad de que me lo digan. Si reconocemos cuando alguien está triste o asustado o se siente solo, le podemos ayudar. También hay veces que uno no tiene muchas ganas de hablar porque ese día no le apetece, y hay que darle espacio. Pero, si está mal todos los días, debe de ser por algo.

 

 

2. Tiegan, 9 años

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Si un compañero la toma contigo, sabes que puedes contarle a alguien lo que pasa y que te ayudará. Tenemos más confianza. Las lecciones de KiVa son divertidas, no son como estudiar para un examen. Hablamos mucho sobre el tema. Todos tenemos que participar y dar nuestra opinión y así también nos conocemos mejor.

 

 

3. Ursula, 9 años

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Si no haces nada mientras ves que a un niño le están haciendo la vida imposible, es como si estuvieras de acuerdo. Eso es tan malo como acosar. Porque le das alas al que se porta así y no va a parar, va a seguir al día siguiente y a la semana siguiente, hasta que se harte. Tienes que decirle que lo deje en paz. O contárselo al profesor o a tus padres.

 

 

4. Carwyn, 10 años

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No soporto que alguien se porte mal con un compañero y no tengo ningún interés en hacerme amigo de un abusón o en reírle las gracias. Pero no siempre una discusión o una riña sucede porque te estén acosando. Tiene que ser una conducta que se repita y siempre contra el mismo. He aprendido que cuando pasa eso no puedes mirar y no hacer nada.

 

 


LA CREADORA

Christina Salmivalli, psicóloga de la Universidad de Turku (Finlandia), lleva 25 años investigando el acoso escolar y es la creadora del método.

Los derechos son del Ministerio de Educación finlandés. KiVa solo se puede implementar en países donde una entidad colaboradora haya comprado la licencia y reclute a los colegios. El precio es negociable e incluye material. Es un contrato que exige un compromiso a largo plazo.

Los formadores del profesorado reciben un curso de cuatro días en Turku. El próximo, en enero. KiVa se implantará en España próximamente. La formación previa la ofrece el Instituto Escalae, en colaboración con Edudesign Finland.