Antes se movía a un ritmo de 15 kilómetros por año, ahora, a 64. Por E. F. 

Empecemos de cero. Existen dos polos norte. Uno geográfico, en el que pensamos a priori, situado en el punto más extremo al norte del planeta, vinculado al eje de la rotación terrestre, el cual es inalterable y coincide siempre con el norte y con el sur de la Tierra en términos geográficos. El otro polo es magnético.

Y no solo no está en el mismo sitio que el geográfico, sino que incluso se mueve y varía de lugar cada año. Actualmente  se sitúa cerca de la isla de Bathurst, al noroeste de Canadá. El norte que señalan las brújulas no apunta al polo geográfico, sino al magnético. En latitudes como la de España esto casi carece de importancia, pero en latitudes cercanas al Polo Norte geográfico, las brújulas ‘enloquecen’ y pueden acabar apuntando al sur. En estas regiones, el norte geográfico se determina por ello según la posición de las estrellas. El problema ahora es que el polo norte magnético se movía ‘solo’ unos 10 kilómetros por año en 1970 y hoy, ¡64 kilómetros! A este ritmo, en 2050, acabaría en Siberia y desencadenaría algunas alteraciones de las que los expertos toman ya buena nota.


¿En qué nos afecta su movimiento?

El norte de Europa le ‘robará’ a Alaska las auroras boreales más espectaculares, los pintores de las pistas de los aeropuertos tendrán más trabajo y la Tierra podrá morir antes de tiempo.

Auroras: Los científicos ignoran por qué el desplazamiento del polo norte magnético se acelera. Lo atribuyen a sacudidas geomagnéticas en el centro de la Tierra que tampoco saben por qué ocurren. Sí conocen que el desplazamiento repercutirá en la meteorología: las auroras boreales más espectaculares no se verán en Alaska, sino en el norte de Europa.

…Y aviones: Pese a la incorporación del GPS, los aviones también se orientan con una brújula, lo cual obliga a que muchos aeropuertos, según su latitud, deban repintar las indicaciones numéricas que guían a los aviones por sus pistas. Una tarea compleja: los números que las señalizan indican su dirección en grados magnéticos, en un código que los sintetiza. Una pista con dirección este (90 ) es señalizada con un 09. ¿Al suroeste (225 )? Con un 22. Repintarlas es crucial.

¿Menos vida? El campo magnético terrestre ha disminuido, a su vez, un 10% en los últimos 170 años, mucho más rápido de lo que se esperaba. Esto aumenta la vulnerabilidad del planeta a las radiaciones cósmicas y ‘anuncia’ su posible desaparición en 1500 años.