XLSemanal entrevista a este escritor de superventashistóricos que se precia de no morderse la lengua.

Este barcelonés dinamitó  los cimientos de la lista de libros más vendidos con La catedral del mar, su primera novela. Ahora está decidido a demostrar que lo suyo no fue cuestión de suerte y saca nuevo libro, La reina descalza.

De no conocerlo, y al primer vistazo, cualquiera podría pensar que Ildefonso Falcones [Barcelona, 1959] no es más que otro de esos ejecutivos más o menos agresivos que pululan en situación de permanente tránsito por el vestíbulo de todo gran hotel. Cuesta imaginar que lo que lleva bajo el brazo esté destinado a convertirse en el best seller del año. La reina descalza, que copará los estantes de las librerías a partir del 21 de febrero. Salta a la vista que el escritor admite los rigores promocionales como una parte más del proceso editorial, aunque deje la sospecha de que preferiría estar en otro lugar. En su despacho de abogados, por ejemplo. O documentándose entre legajos en el archivo de una recóndita biblioteca. Sin embargo, se aplica en cada respuesta con la firmeza del letrado que, todavía hoy, es.

XLSemanal. Ha venido en el AVE. ¿Cómo se ve España?

Ildefonso Falcones. [Sonríe]. Rápida, se ve muy rápida. Antes venir a Madrid era un rollo. Te demorabas, perdías tiempo. Ahora se llega bien. Incluso hasta Córdoba. Cuando estaba preparando mi anterior novela, La mano de Fátima, me plantaba allí desde Barcelona en un momento.

XL. ¿Estamos tan separados como nos hacen ver?

I.F. Es lo que pretenden. Me gustaría que no lo estuviéramos tanto. Necesitamos que haya una voluntad de llegar a mejores entendimientos. Pero hay una bronca política, por un lado, y cierta apatía, quizá, por el otro.

XL. ¿Por qué se empeñan en interponer ese abismo?

I.F. No lo sé. Son políticos y diferentes al resto. Están en otro mundo. En su mundo. A ellos no les afecta nada. Estamos recortando en sanidad y en educación, pero luego te enteras de que se acaban de aumentar en un diez por ciento los interinos en la administración de los ayuntamientos de Cataluña. Se saben proteger muy bien. Mi opinión personal es que podemos perder muchísimo, sobre todo los catalanes. Creo que es una apuesta muy arriesgada. Lo único que va a suponer es un fracaso.

XL. ¿Para cuándo una novela basada en la actualidad?

I.F. [Carcajada]. Quita, quita. Si algo funciona, no lo toques. A mí me gusta escribir novela histórica. La editorial está encantada con ella y al público también le gusta. No creo que cambie a la actualidad.

XL. Habrá que esperar a que la crisis sea historia

I.F. [Sonríe]. Me temo que para entonces yo ya no estaré.

XL. Bárcenas, Urdangarín, Mas No faltan personajes que parecen sacados de una novela picaresca. ¿Se anima?

I.F. Picaresca, no. Los pícaros eran graciosos, gente desafortunada. El típico pícaro es una persona sin recursos, marginada, que tenía que buscarse la vida utilizando la inteligencia. Sin embargo, esto de ahora es un desastre. ¡Y seguimos sin ponerle coto! Ahora, nos dicen que van a auditar las cuentas del PP. Pero vamos a ver. si es dinero negro y se entregó en sobres, ya puedes meter ahí a todos los auditores que quieras que no lo van a encontrar nunca. Eso es evidente.

XL. Bárcenas amenaza con la existencia de los ‘recibís’.

I.F. Muy bien, pues que los saque, que los saque. Que los entregue en el juzgado o va a la ‘trena’. Punto.

XL. ¿Qué parte de toda esta pesadilla le gustaría desvelar?

I.F. ¿En cuanto a política? Me gustaría que en Cataluña viviéramos una democracia de verdad. Yo llevo 30 años votando y nunca hemos parado. Llega un momento en que te preguntas. ¿Para qué sirve todo esto? . Votas un estatuto y al día siguiente ya dicen que no sirve. Votas una financiación, porque hay que recordar que hace cinco años se pactó una financiación, y ahora llegan con el pacto fiscal.

XL. ¿Es un problema que ocurre solo en Cataluña?

I.F. En otros sitios puede que la democracia no funcione del todo, pero me da la impresión de que lo hace algo mejor. O que el votante ve que su voto sirve para algo más.

XL. Contar la crisis en clave de ‘best seller’ ¿funcionaría?

I.F. No creo que la gente quiera leerlo, ya la están sufriendo. Si además se lo das para leer, tiran el libro a la basura.

XL. Siempre se le puede dar el tono de un thriller

I.F. Basta con vivirla y con sufrirla. Es muy duro, muy duro.

XL. Ahora que me fijo bien en usted. pelo rizado, piel oscura, la historia de su nuevo libro ¿Es de raza gitana?

I.F. No, no creo. Aunque no me importaría. Los españolitos medios somos así, como yo. Bajitos y con el pelo rizado. Tenemos esas características.

XL. ¿Qué deberíamos haber aprendido del pueblo gitano?

I.F. El ansia de la libertad. Por lo que he estudiado y leído, creo que eso es muy importante. Ese inconformismo, que por otro lado puede llegar a ser malo ya que los convierte en etnocéntricos totalmente, que no reconocen al otro ni lo tienen en consideración, pero esa ansia de libertad es algo de lo que tendríamos que haber aprendido más.

XL. Lo contratamos como abogado para defender al país de quienes lo están hipotecando, ¿acepta?

I.F. ¡Buuuuuuf! ¡Hombre, ahora no, porque ahora me dedico más a la literatura! Pero, bueno, tengo buenos socios que podrían ocuparse. En principio, sí, acepto. Lo que no sabría es por dónde empezar. Probablemente por los bancos. Los ciudadanos estamos pagando dinero a los bancos para que a su vez nos puteen. Es así de claro. Les estamos inyectando miles de millones de nuestros impuestos para que sigan desahuciando y puteando a la gente.

XL. De ahí a la financiación de los partidos

I.F. Y a la condonación, en muchas ocasiones, de deudas millonarias a los mismos. En fin. En el momento en que los partidos se metieron en las cajas callaron al poder financiero y controlaron a mucha gente. Sobre todo en Cataluña. En Cataluña levantabas el dedo para denunciar lo que estaba pasando e igual te quitaban la hipoteca de la caja, lo que no es una tontería, y a ver quién era el listo que se metía en pleitos con ellos.

XL. ¿Cuál es el mayor delito que se comete con España?

I.F. Permitir que haya miles de pisos en poder de los bancos, a los cuales estamos financiando nosotros, y por otro lado se esté desahuciando a familias.

XL. Se niega a hablar en catalán cuando acude como invitado a la televisión autonómica. Los tendrá contentos

I.F. No me niego. No se trata de eso. Es que no sé hablar catalán. Chapurreo el inglés, de hecho. Nunca he tenido oportunidad de dedicarme a los idiomas. Siempre he sido castellanohablante, como mis padres. Aunque lo entiendo perfectamente, no hablo catalán porque no me sale. Me gusta ser consciente de lo que digo.

XL. ¿Se hace, en algunos momentos, dura o difícil esa incapacidad en Cataluña?

I.F. De momento, no. No me ha sucedido nunca. A la gente de allí le dices que solo puedes hablar castellano y dejan de hablar catalán educadamente.

XL. Ya, pero dice usted de momento.

I.F. Es que cada vez vamos a más. Imagínate que este soberanismo que propugna Artur Mas llega realmente adonde se está pretendiendo. El castellano entonces desaparecerá por completo. E imagino que entonces en la Administración de Justicia habrá que asumir las vistas o los juicios en catalán. Y yo no podré porque no me sé expresar como los catalanohablantes.

XL. Qué duro, ¿no?

I.F. Sí, pero qué le vamos a hacer. De todas formas, donde yo me muevo, no tengo problemas. Entiendo que haya gente que pretenda ahora mismo acceder a puestos de la Administración y sí que los tenga. Yo siempre he tenido una profesión liberal y no he tenido muchas trabas. Pero si damos ese salto al vacío que se supone que vamos a dar, el problema se multiplicará por diez.

XL. ¿Y cuál es su opinión al respecto?

I.F. Yo creo que hemos conseguido solucionar el tema de la soberanía catalana. Tenemos la soberanía identitaria. La cultura catalana va a todos los sitios, se promociona, se fomenta, se subvenciona, que es lo que verdaderamente importa dentro de una sociedad. En cuanto al tema económico, si se llega a esa situación de independencia, seamos claros, las empresas se van a ir de Cataluña. Será un desastre. Se convertirá en una ‘merienda de negros’. Es absurdo. ¿Nos tenemos que inmolar ahora por un concepto de Cataluña que, por otro lado, ya tenemos? Sigamos profundizando en la cultura, en la lengua, en las tradiciones. ¡Coño, hagámoslo! Si dijésemos que nos están pisando la cabeza por culpa del catalán, vale. Pero es que no es así

XL. ¿Somos conscientes en el resto de España de lo que está ocurriendo en Cataluña?

I.F. Yo creo que todavía no es consciente nadie. Aquí se ha dado un salto al vacío. Un señor se ha jugado todo su prestigio político y el de su partido, de dos partidos en este caso, a una apuesta única. O se suicida o lo lleva adelante. No sé si se conseguirá. Pero si se consigue, ¿qué va a suceder? Enviarán a la Guardia Civil a Cataluña y ellos tendrán que poner a los Mozos de Escuadra delante?

XL. ¿Le hubiese ido mejor como escritor si hubiese empezado escribiendo en catalán?

I.F. No, pero sí que hubiese estado más protegido. Me hubiese sido más fácil al haber entrado en el circuito de los autores catalanes. Yo no soy ni escritor ni soy catalán. Estoy fuera de este concepto. Tú miras lo que hay y no soy ni escritor ni catalán. Y mucho menos escritor catalán. No tengo patria. Soy un marginal. Una especie de apátrida, porque los de fuera me consideran catalán y los de dentro no me consideran catalán. ¡Estoy bien jodido, sí! [Sonríe].

XL. Se dijo de La catedral del Mar que era un superventas prefabricado y escrito entre varias manos, ¿le sentó mal?

I.F. Sí, muy mal. Había personas que decían que tenía 11 ‘negros’ trabajando para mí, y lo siguen sosteniendo, yo no sé por qué. Pero no. La escribí yo durante cinco años. Me levantaba muy temprano y hacía el esfuerzo de escribirla, los fines de semana, y con cuatro niños. La escribí yo íntegra y solito. Fue algo muy emocionante, aunque también bastante duro. Pero solito, ¿eh? Sin la ayuda de nadie. Después sí que pasó por un proceso de corrección. La llevé al Ateneo y la estuvieron mirando, corrigiendo sus fallos.

XL. ¿Qué busca usted en la literatura?

I.F. Evadirme. Igual que me gustan las películas de acción. Hay un tipo de lector al que le gusta eso. Otra cosa es que escojan libros más profundos en otro momento. Pero una novela es ficción. Y una ficción tiene que entretener. Si no, tendría que avisar en la portada de que se trata de una novela para aprender.

XL. ¿Es que el Ulises, de Joyce, no es entretenido?

I.F. ¡El Ulises, de Joyce, no lo ha leído ni Dios! No nos engañemos. Al final, nadie lo ha leído. Dejemos a un lado a Joyce, que escribió una novela para putear en vez de para entretener. Pero es que hay otros que deciden escribir una novela para dar su visión personal sobre la muerte. ¡A ver, no! Cuando un tío se muere, se muere. Y ya está.

XL. ¿Ha leído 50 sombras de Grey?

I.F. ¡Nooo! ¡No vaya a ser verdad lo que cuenta y la hemos jodido! Nadie puede ser tan guapo ni llegar a esas maravillas sexuales. Acabaremos siendo unos amargados como empecemos con las comparaciones [sonríe]. Eso sí, hay que reconocerle al fenómeno su mérito. Y ha puesto de moda un género, el erótico, que estaba de capa caída.

XL. ¿No obliga eso al escritor superventas a tirar por ahí?

I.F. Yo no tengo problema al respecto. Uno de los argumentos más importantes que tocaba La mano de Fátima era el erótico. El erotismo en el mundo musulmán. Y las escenas de sexo que aparecen en él son muy explícitas y creo que están muy bien hechas. Es más, algunas señoras me han llegado a llamar la atención por ellas. Me han dicho. ¡Oiga, córtese un poco porque no queremos leer esas cosas! [sonríe]. Bueno, qué le vamos a hacer. Hay que contar el sexo con naturalidad.

XL. ¿Es fácil escribir de sexo?

I.F. Sí, claro, pero echándole imaginación [sonríe].

XL. No hace falta contrastar lo que se cuenta.

I.F. También hablo de muertes y no voy matando por ahí.

XL. ¿Vive mejor un autor en formato ‘eBook’ que de los tochos tradicionales?

I.F. No. Es que me han pagado poquísimos ejemplares. Son pocos los que se lo compran y se lo bajan legalmente. Son otros números. El porcentaje es distinto, ya que no hay distribuidor, y eso es algo que no acabo de entender.

XL. ¿Ha estallado ya la ‘burbuja’ editorial?

I.F. No lo sé. Dicen que sí, que está a punto de hacerlo. A mí me ha pasado muchas veces eso de estar en una esquina de una macrolibrería y alucinar con la cantidad de libros que hay allí, y además con una rotación tremenda. Nadie sabe qué ocurrirá a partir de ahora. Lo que está claro es que los libros de papel tienen sus días contados.