Fue la primera dama, o primera amante, de Francia durante 18 meses. La primera, pero no la única. También existía la actriz Julie Gayet. Por Charlie Parrish 

Cuando Valérie Trierweiler se enteró, entró en estado de ‘shock’. Luego llegaron la ira y un libro demoledor. Valérie se escribe con ‘V’ de venganza. Lo demuestra en esta entrevista.

“¿Está usted casado? ¿Se imagina a su mujer en brazos de otro hombre? Si se enterase de que su mujer tiene un amante y supiera quién es, ¿cree que podría no imaginárselos juntos? Voilá. Sí que se los imaginaría”. El tono es tranquilo, pero lleno de indignación. Quien habla hoy es una ciudadana como otra cualquiera, pero durante 18 tristes meses fue la primera dama de Francia. Sentada en una suite de un discreto hotel parisino, su estampa rezuma una feminidad en tensión, bien hubiera podido sostener una taza de té en la cabeza durante la hora y media que dura nuestra entrevista.

“Cuando lo conocí, me pareció irresistible, pero cambió. Nunca me hubiera enamorado del hombre con quien conviví en el Elíseo”

Trierweiler era la novia de François Hollande desde hacía ocho años cuando él fue elegido presidente. La primera vez que hicieron el amor, en un hotelito de dos estrellas en Limoges, Valérie se dijo que aquel hombre era irresistible, que estaba dotado de un carisma poderoso y una atómica capacidad de persuasión, a pesar de su imagen de tipo común y corriente. Según explica, cuando se convirtió en presidente, el hombre que ella conocía se transformó en otro. Ya no era el fascinante e incorregible optimista por quien había dejado al padre de sus tres hijos. Ahora compartía la cama en el palacio del Elíseo con un ingrato malhumorado y embustero, abrumado por las presiones de su cargo. “Tengo muy claro que nunca me hubiera enamorado del hombre con quien conviví en el Elíseo”, afirma.

Hollande abandonó a Trierweiler después de que fueran publicados los detalles de su relación con la actriz Julie Gayet. Lejos de hundirse, Trierweiler escribió el superventas más explosivo en la historia editorial francesa. En Gracias por este momento, Valérie llega a acusar a Hollande de haber ordenado que administraran tantos sedantes a su expareja que durante un tiempo fue incapaz de levantarse de la cama. Lo describe, además, como a alguien que se “mofa de los pobres, insulta a la familia Trierweiler y se desdice con palabras de una crueldad inhumana”. El libro fue vituperado por la mayoría de los críticos parisinos, pero se vendieron 200.000 ejemplares en tan solo dos días. 

TODO EMPEZÓ COMO UN ROMANCE PROHIBIDO EN UN HOTEL DE SEGUNDA

¿Quién sedujo a quién?, pregunto, antes de que el poder y las rivalidades personales lo echaran todo a perder. Valérie responde utilizando los verbos en presente. “Hemos sido los dos. Se trata de algo natural. No es que el uno sedujera al otro. En aquel momento me siento enteramente arrebatada por los sentimientos, por la pasión, y ni por un segundo pienso en las consecuencias o en el futuro, en lo que después pueda suceder”. Todo empezó el año 2004. Trierweiler, por entonces, era periodista especializada en actualidad política y trabajaba para Paris Match. Hollande era el líder del partido socialista francés. La química entre ellos era evidente. Tanto que el jefe de comunicación del político llamó a Valérie para preguntarle si sabía que el presidente estaba locamente enamorado de ella.

Cuando Hollande ganó las elecciones de 2012, Valérie se propuso que el mundo tomara buena nota de la diferencia entre su beso y el besito en la mejilla que él había dado a Ségolène Royal

La pareja de Hollande desde hacía años y dirigente socialista, Ségolène Royale, incluso le recriminó a Valérie dos veces, según cuenta ella, que estuviera siempre tan cerca del padre de sus cuatro hijos. “Ségolène se daba cuenta de lo atraído que él se sentía por mí, pero yo hacía lo posible por no enterarme de lo que pasaba”, dice Trierweiler. “Él era un político y yo, una periodista; y un asunto así está prohibido. Traté de racionalizarlo; yo me decía que él me gustaba mucho, pero que no estaba enamorada”. Se cogieron de la mano por primera vez en el asiento posterior del coche de Hollande, mientras salían de París para acudir a una reunión del partido. Las cosas terminaron por desbordarse aquella noche de abril después de una crepe y una copa de vino y terminaron en el hotel donde Trierweiler tenía previsto pasar la noche sola. Hollande, a quien se suele acusar de tener poco contacto con la realidad, hubiera preferido un establecimiento más lujoso. “Esa primera vez me preguntó. ‘¿Por qué este hotel tan cutre?'”, recuerda Trierweiler. “De haber podido, él hubiera cambiado de hotel esa misma noche”.

HOLLANDE. ¿UNA FIERA EN LA CAMA?

Valérie tiene hoy 49 años. Hollande, 60. Pero su aspecto no solo difiere por los once años que los separan. Bella y elegante ella, el aspecto del presidente francés ha sido siempre el de un profesor de Geografía al borde de la jubilación. De forma que hay que hacer la pregunta del millón: ¿el poco agraciado presidente esconde un amante explosivo en la cama? Trierweiler asegura que en su libro no ha divulgado ni secretos de Estado ni de alcoba. “Lo único que puedo decir es que a mí me sedujo”, responde. “Y al parecer no he sido la única”.

Y LLEGÓ LA SEGUNDA EN DISCORDIA. LA SERPIENTE EN LA HIERBA

No está claro en qué momento Hollande se lio con Julie Gayet, que tiene siete años menos que Trierweiler. Pero está clarísimo que, desde el primer momento, la primera amante presidencial aborreció que existiera una segunda. Los rumores sobre Gayet envenenaron mi vida desde que surgieron en 2012, dice Trierweiler. Al describir la inesperada aparición de su rival durante la victoriosa llegada de Hollande a la Bastilla [allí se celebró la victoria electoral], no habla de una persona, sino de una serpiente en la hierba. Poco amiga de las componendas, Valérie telefoneó a Gayet para exigirle una declaración pública negando la existencia de una relación, a lo que Gayet se prestó. Cuando los rumores reaparecieron, se encaró con Hollande y le hizo que jurara por la vida de su hijo que eran falsos. Hollande lo juró, pero no lo eran. La revista Closer publicó las fotos de Hollande con casco de motorista. El presidente tuvo que decir la verdad, sentado en la cama matrimonial del Elíseo. Con todo, Trierweiler intentó salvar la relación. “En ese momento sigo estando enamorada de él y no puedo imaginarme una vida sin él”, dice. “Traté de comprender y, entonces, se produjo el shock. La rabia llegó después”.

EL INTENTO DE SUICIDIO AL DESCUBRIR LA VERDAD

El shock se produjo a la mañana siguiente, y Valérie trató de neutralizarlo con somníferos. Fue al cuarto de baño, donde tenía guardada una reserva para emergencias. Hollande estaba despierto y se abalanzó sobre ella. “Demasiado tarde. La bolsa se rompió”, escribe. Las píldoras cayeron sobre la cama y en el suelo. “Me las arreglé para coger unas cuantas y engullirlas”. Perdió el conocimiento y, cuando empezó a recobrarlo, estaban llevándosela del Elíseo de tapadillo, en dirección al pabellón de psiquiatría del hospital Pitié-Sâlpetrière. Según afirma, en el hospital le administraron unas dosis deliberadamente excesivas de sedantes, siguiendo instrucciones del Elíseo, a fin de que no pudiera viajar con Hollande para pasar el año nuevo en Tulle, la circunscripción electoral del presidente.

¿Cómo lo sabe? “Me enteré después. En su momento, me di cuenta de que allí había algo raro; cada vez me resultaba más difícil tenerme en pie. No dejaron que mi hijo menor entrara a visitarme. El propio médico me lo aclaró todo al día siguiente. Me dijo textualmente: ‘No quieren que vaya a Tulle, por lo que hemos aumentado la dosis’. ¿Y al doctor le enviaron estas instrucciones desde el Elíseo? Sí , contesta. ¿Hasta qué punto aumentaron la dosis? No sabría decirlo. Lo suficiente para dejarme dormida”.

UNA MUJER DE ARMAS TOMAR. ¿DESQUILIBRADA POR LOS CELOS?

Según los partidarios de Hollande, Trierweiler se vuelve una persona desequilibrada, irracional y peligrosamente impredecible. Ella misma reconoce. “Soy una mujer celosa. Está más que claro”. Su libro puede ser leído como una larga confesión de impotencia ante la pasión y la desesperada dependencia que se deriva de esta. Hay por lo menos tres escenas que resultan hasta difíciles de creer. En una de ellas, Trierweiler se siente tan humillada por el continuo contacto entre Hollande y Royale (quien, recordémoslo, es una de sus principales aliadas políticas, además de la madre de sus hijos) que cubre una pared entera del apartamento presidencial con fotografías de su propio exmarido.

En otra, durante un mitin socialista cuatro meses antes de las elecciones de 2012, se siente físicamente incapaz de mirar cuando Hollande y Royale salen al escenario cogidos de la mano. Un testigo ocular dice que Trierweiler sencillamente parecía estar ‘loca’ ese día. Es la misma interpretación que se ha dado al momento de la celebración de la victoria de Hollande, cuando le oyeron susurrar a su oído que quería besarlo y no de cualquier manera, sino en la boca. Para que nadie se quedara sin verlo.

Todo es cierto, reconoce ella. Trierweiler es lo bastante sincera para admitir que por entonces no era muy razonable. Durante las dos semanas y media posteriores a que se supiese el romance con Gayet, a pesar de las mentiras y de la medicación, se aferró a la posibilidad de arreglar las cosas con el presidente. Pero Hollande puso punto final a sus esperanzas con un comunicado de 18 palabras enviado a la agencia France-Presse, en el que rompía su relación con Trierweiler. La realidad había terminado por imponerse.

¿UN HOMBRE ARREPENTIDO QUE BUSCA LA RECONCILIACIÓN?

Trierweiler afirma pero sin aportar pruebas que, durante la primavera y principios del verano, Hollande tuvo remordimientos y le bombardeó con correos y mensajes de texto suplicándole volver a su lado. Asegura que el presidente la sorprendió en el curso de sendos viajes a Marruecos y los Estados Unidos haciendo que le enviaran flores a las habitaciones de sus hoteles, por mucho que ella no hubiera dicho que estaba de viaje a nadie del Elíseo. ¿Cómo se enteró Hollande? Trierweiler sospecha que recurrió a la Policía y a otros. ¿Le intervinieron el teléfono? No lo cree. Lo que piensa es que la Policía sencillamente recabó la información de las embajadas francesas. “No estoy segura, pero lo que es evidente es que recurrió a ciertos métodos”. También dice que le preguntó a Hollande directamente y que este no le respondió. O lo hizo a su manera. “Me dijo que siempre sabía dónde encontrarme”.

LA ÚLTIMA PALABRA: GRACIAS POR EL AMOR LOCO QUE COMPARTIMOS

Hollande no sale bien parado en el libro. Hay quien dice que se siente hundido por su publicación, aunque Trierweiler afirma que en realidad no lo ha leído. Su fuente es fiable: su hijo menor, Laurent, que tiene 17 años y sigue manteniendo una estrecha relación con el presidente (de quien no es hijo). Durante las semanas posteriores a la separación, Laurent pasó incluso alguna noche en el Elíseo, donde su madre ya no residía. Valérie dice que no se arrepiente de nada. Y lo dice con las palabras de Edith Piaf: “Je ne regrette rien“. Da las gracias a Hollande por el amor loco que compartieron y deja abierta la posibilidad del perdón. Ségolène Royale necesitó siete años para perdonarlo. Es posible que yo no necesite tantos . De forma que la despechada primera amante deja entreabierta la puerta, un poquito. Está por saber si el presidente un día se dará la vuelta y optará por atravesarla.


PRIVADÍSIMO

-Fue la quinta de seis hijos. Su padre perdió una pierna siendo niño al pisar una mina en la Segunda Guerra Mundial. Falleció cuando Valérie tenía 21 años.

-Vivió siempre en un barrio modesto. Su madre trabajaba como cajera en una pista de hielo.

-Se casó muy joven con un amigo de la infancia, de quien se divorció pronto y sin hijos.

-Con su segundo marido, Denis Trierweiler, subdirector de la revista Paris Match, tuvo tres hijos. Lo dejó por Hollande en 2007, aunque no se divorciaron hasta 2010.

-Estudió Historia y Ciencias Políticas en la Sorbona. Tras pasar por un programa de televisión, se convirtió en analista política en Paris Match.

-Trierweiler reconoce que cuida su aspecto. No es que quisiera aprovecharme de mi físico, pero a los 18 años ya vestía elegante y sexy a la vez. Llevaba faldas y tacones cuando las demás chicas vestían vaqueros.