Hace unas semanas tres de sus compañeros fueron detenidos en Grecia y liberados sin cargos en un proceso aún sin explicación. Lejos de lamentarse, los bomberos sevillanos que trabajan en la isla de Lesbos siguen con su tarea. Y es crucial. Son los únicos que se lanzan al mar para ayudar a los refugiados a llegar hasta la orilla. Así es como salvan vidas cada día.

Soy bombero desde hace más de 20 años, he vivido todo tipo de emergencias. grandes incendios, siniestros químicos, un accidente aéreo, pero lo que he visto en Lesbos .

Manuel Blanco culmina su frase con un suspiro. Más descriptivo, sin duda, que cualquier adjetivo. Técnicamente no es nada nuevo para mí -añade, ya repuesto-, estoy preparado para ayudar a esta gente, pero esto me ha superado como ser humano, te desborda .

Blanco es sevillano y cofundador de Proem-Aid, una ONG de bomberos entregada al rescate de los miles de personas que buscan en las costas griegas el inicio de su sueño europeo. Entre la amalgama de voluntarios y organizaciones -unas 80- que trabajan en la zona donde operan, la suya es una tarea crucial. Son los únicos que parten al encuentro de los precarios botes abarrotados. Es decir, los rostros de los bomberos, su barco y sus chalecos reflectantes son la primera visión de Europa para los desesperados que cruzan las 12 millas y media de mar que separan Turquía de Lesbos.

Cuando llegas, todos te miran -refiere Blanco, sargento y coordinador de emergencias de los bomberos de la provincia de Sevilla-. Son 50 almas aterrorizadas y no saben quién eres. policía, guardacostas turco o griego, de las mafias Esas miradas nunca se olvidan. Se te queda el corazón en un puño .

El encuentro suele ocurrir a un par de millas de la costa, en aguas helenas, a veces en plena noche. Los bomberos se acercan, iluminan el bote y liberan la tensión con unas palabras mágicas. Somos bomberos españoles. Venimos a ayudarlos . Las expresiones se relajan entonces y se escuchan gritos de júbilo, aunque casi siempre hay necesidades urgentes. Un día tuvimos a un señor que venía en parada cardiaca y hubo que hacerle una reanimación cardiopulmonar. Ayer hicimos un rescate en los acantilados, extrayendo a gente en camilla desde las rocas. Otra vez nos encontramos un bebé de tres días -rememora el bombero, afectado por los recuerdos-. Muchos botes sufren vías de agua y los padres te piden que te acerques más para arrojarte a sus hijos. Oye, no importa si me hundo, pero salva a mi niño. Porque lo de los niños es tremendo. La mayoría llegan con un ruido brutal de bronquitis en el pecho. No hace falta ni auscultarlos. A uno que recogimos ¡se le oía el pecho desde nuestro barco! ¡Tremendo! Cuando desembarcas, la gente te abraza, te besa, te da las gracias. Recuerdo a un niño con un huevo Kinder, que sería todo un tesoro para él; pues quería dármelo por haber salvado a su familia. ¡Brutal! .

Fue otro niño, precisamente, quien empujó a Blanco y a dos de sus compañeros, Onio Reina y José Pastor, a embarcarse en esta peripecia humanitaria. Todos vimos las imágenes del pequeño Aylan Kurdi, el cadáver de aquel chaval sobre la arena, en septiembre. Aquello nos tocó -evoca Blanco-. Después siguieron llegando imágenes y noticias del Egeo hasta que, una tarde, Onio vino a mi casa y nos dijo a José y a mí. Me voy a Lesbos. Y nosotros contigo -le dijimos-, pero mejor montemos una ONG, impliquemos a más gente y vayamos de forma organizada’. Así empezó Proem-Aid. Eso fue el 29 de noviembre. Pues el 3 de diciembre ya estaba en la carretera un coche con cuatro bomberos y un barco en el remolque. No podíamos perder tiempo en publicitarnos y recaudar fondos. Pusimos 300 euros cada uno, aprovechamos vacaciones y permisos, cambiamos algunos turnos con otros compañeros y pasamos a la acción. Fueron 4800 kilómetros en cuatro días, con turnos al volante y parando solo para repostar. ¡Que había muchas ganas de ayudar, vamos! .

La detención

Los voluntarios de Proem-Aid llevan dos meses en Lesbos salvando vidas -han ayudado a más de 20.000 personas a alcanzar la costa griega- en jornadas de casi 24 horas a lo largo de unos 30 kilómetros de costa al sureste de la isla. Allí han montado un pequeño parque de bomberos frente al mar, donde operan en grupos de seis -tres en el barco y tres en tierra- con relevos cada 15 días y coordinados con otras ONG y las autoridades locales. Cuando identificamos un bote, avisamos a la gente en tierra, que se prepara para recibirlos, y también a los guardacostas. Unas veces nos dicen que nos encarguemos nosotros; otras van ellos; y en ocasiones lo hacemos juntos , explica Blanco.

Hace unas semanas, sin embargo, él y dos de sus colegas fueron detenidos por una patrullera helena. Acusados de trasladar personas a aguas griegas, aunque no llevaban a nadie a bordo, pasaron tres días presos para ser liberados sin cargos en un proceso que Blanco califica de surrealista y al que no le halla explicación. Seguimos sin entender por qué nos detuvieron. No hicimos nada que no hubiéramos hecho antes. Los guardacostas, de hecho, han agradecido varias veces nuestro trabajo. Pero bueno, eso ya no importa -desdramatiza-. Hemos de seguir trabajando, aunque, eso sí, necesitamos más ayuda . En ese sentido, el incidente, al menos, ha atraído atención sobre su labor y sus necesidades económicas para continuarla. Porque el éxodo sirio e iraquí no parece que vaya a detenerse mañana, precisamente.

Ahora es invierno, hace mucho frío, llueve; pero cada día, de media, sacamos diez botes con 30-40-50 personas cada uno. Es decir, 500 al día solo en esta pequeña parte de la isla -detalla Blanco-. Es una avalancha sin fin y los griegos están desbordados. Es normal, ningún país está preparado para algo así. Por eso estamos aquí, porque si nosotros no hacemos este trabajo nadie lo hace. En la playa hay gente con ropa seca, comida, atención sanitaria, personal del Gobierno para identificar y trasladar a los que llegan Ven los botes zarandeados por las olas, la gente desesperada a bordo y poco pueden hacer hasta que alcanzan la orilla. Pero nosotros sí .

Más que botes, gusanos de agua

Los bomberos sevillanos son, por tanto, el primer eslabón de la cadena migratoria. En la zona que cubrimos somos los únicos que hacen rescate marítimo -explica Blanco-. Si tenemos constancia de que vienen botes con problemas, salimos a su encuentro . Lo que significa, en una jornada agitada con hasta 20 embarcaciones, no tener un minuto de descanso. Porque de tener problemas, lo que se dice tener problemas, pocos botlibran

. Más que botes son flotadores gigantes con forma de barco -explica Blanco-. No tienen rigidez, se comportan como una articulación, una especie de gusano que se adapta a las olas. Si les agarra una grande, los de popa pueden estar arriba y los de proa abajo, a dos metros. ¡Da un miedo! Porque dentro puede haber 50 personas. Los hombres viajan siempre sentados en el borde y las mujeres, niños, ancianos y discapacitados en el centro. Todos llegan con los pies mojados y, a veces, el agua en el interior alcanza varios centímetros. Para colmo, algunos llevan chalecos salvavidas que no son tal. Se los venden las mafias y los hacen con un material que absorbe el agua; es decir, en lugar de flotar son pesados lastres en caso de naufragio .

El cóctel, mortal a todas luces, incluye varios ingredientes más. Todos, espeluznantes. Para empezar, es gente que no sabe navegar; nadie les ha dicho que con olas hay que ponerse en perpendicular a ellas para no volcar -subraya Blanco-. Añádele que van con motores precarios de apenas 15 caballos, que si se les paran no saben arrancarlos, que a veces no van bien anclados y se les caen al agua, que les dan el combustible justo para el viaje en línea recta, que hay viento, corrientes, olas -con mala mar los pasajes que venden las mafias son más baratos-, que muchos viajan de noche; es normal que se queden a la deriva o que naufraguen. Es un viaje a vida o muerte . Y así lo confirman las cifras. En 2015, más de 3400 personas murieron en el Mediterráneo en este tipo de viajes. En 2016, en un mes, ya han seguido sus pasos otras 200.

Mientras tanto, los bomberos de Proem-Aid seguirán en Lesbos todo lo que sus reducidos recursos se lo permitan. Saben, eso sí, que el tajo se intensificará en primavera, cuando el buen tiempo anime a muchos de los dos millones de refugiados sirios e iraquíes que hay en Turquía a intentar el sueño europeo. A no ser, claro está, que para entonces Grecia ya no forme parte del espacio de libre circulación de la Unión -países como Austria piden su expulsión por no controlar el flujo de inmigrantes hacia el resto de Europa- o que los 3000 millones de euros que Bruselas ha prometido a Turquía para ocuparse del problema permitan retener allí a buena parte de los desesperados.

“La mejor preparación era traer la cabeza fría”

Joaquín Marín, 49 años. Valencina de la Concepción.

¿Por qué está aquí?

Para ayudar. Si me fuera hoy estaría contento por lo que he aportado, pero triste por todo lo que he visto. Antes de venir a Lesbos, nos mostraron muchas imágenes. La mejor preparación era traer la cabeza fría. Me ha impresionado la alegría con la que desembarcan algunos y las expresiones de sus rostros después, en el campo de refugiados. Reflejan tristeza y preocupación, pero me llevo la satisfacción de ver a muchos voluntarios que dejan todo en sus casas para ayudar. 

¿Su experiencia más intensa? 

Con un hombre mayor que, antes de subirse al autobús que lo llevaba al campo de refugiados en Moria, vino a buscarnos para hacerse una foto con nosotros. Estaba agradecido y feliz, su cara decía. Al fin estoy fuera de peligro .

“Me conmueve ver a estas familias que, pese a tanta desgracia, siguen juntas”

Alberto Alcalde, 30 años, Mairena del Aljarafe.

¿Por qué está aquí?

Hay familias enteras que necesitan ayuda. Yo tengo una formación que aquí puede ser muy útil y he venido a ayudar. Fue todo muy rápido. Un amigo me habló del proyecto de Proem-Aid y no lo dudé un momento. Lo que hacemos hoy aquí de alguna manera va a repercutir en el futuro.

¿Su experiencia más intensa? 

Fue con una pareja de mi edad con tres niños pequeños. Mientras los estaba auxiliando, pensaba que hacía dos años y medio que yo me había ido a vivir con mi pareja. También en el pasado de esa familia, en que de repente toda su vida se hubiera puesto en peligro. Todo eso pasaba por mi cabeza al verlos. Me vi reflejado en ellos. Algún día yo podría estar en su situación, pensaba. Fue una mezcla de impotencia, pena y desesperación. Ella gritaba y su marido se quitó la chaqueta para colocársela encima. La familia al completo estaba abrazada. Me conmovió que ante tanta desgracia siguieran todos juntos.

“Al abrazar a la niña su silencio me conmovió”

Eugenio Mantero, 37 años. Villanueva del Ariscal.

¿Por qué está aquí?

Sentí que mi ayuda hacía falta. Me cuesta definir lo que está pasando aquí. Estoy confundido. Conforme pasan los días tengo menos palabras. Llega un momento en que se te atora la cabeza al ver tantas personas llegando en esos botes. Estos 15 días en Lesbos quiero aportar. Tengo la esperanza de que esto va a tener una solución pronto.

¿Su experiencia más intensa?

Con una niña de unos cuatro años. La saqué del bote junto con su madre. Cuando sintió el calor de mis brazos, se fue calmando y dejó de llorar. Su silencio me emocionó. También cuando fui al campamento de refugiados en Moria fue muy duro ver cómo viven ahí. Que tras ese viaje terrible tengan que vivir en esas condiciones.

Negocios nocturnos

Viajar con mala mar y de noche es más barato. Para las mafias solo importa que el flujo no se detenga e ingresar. Muchos refugiados aprovechan las ‘gangas’ y se lanzan al mar a vida o muerte.

Mafias que ‘reciclan’

En las playas, mientras el personal humanitario atiende a los refugiados, las mafias desinflan los botes, los desmontan y desaparecen en pocos minutos para reutilizarlos.

Lo que queda por venir

Solo a la isla de Lesbos, este enero, han llegado más de 31.000 personas; 50.000 a toda Grecia. El flujo, por tanto, no se detiene pese a los peligros del viaje. Los expertos advierten de que, con la llegada de la primavera, buena parte de los dos millones de sirios e iraquíes que hay en Turquía se lanzarán al Egeo.

Proem-Aid recoge donaciones a través de su Facebook y de las webs www.migranodearena.org y www.proemaid.org.