Hizo más de cien mil fotos. No se las enseñó a nadie. Vivian Maier fue una introvertida niñera que durante los años cincuenta y sesenta fotografió Nueva York y Chicago con un talento comparable al de los grandes artistas del siglo XX. El azaroso hallazgo de sus imágenes en un mercadillo la ha lanzado al estrellato, después de su muerte. Ahora, sus fotos y su increíble historia llegan a la Fundación Canal de Madrid.

Siempre con su cámara

Durante los más de 40 años en que Vivian Maier trabajó cuidando niños en Chicago y Nueva York, siempre salía a la calle con su cámara al cuello, un rasgo que la definía tanto como sus sombreros y su atuendo austero y masculino, que se aprecia en los autorretratos. Pero nadie le preguntó nunca por esa afición. Murió a los 83 años, sin saber que un joven que había encontrado sus negativos la buscaba.

La infancia robada

Las familias para las que trabajó la recuerdan como una mujer discreta y algo adusta. Lo único que exigía era poner un candado en la puerta de su habitación. Parecía no tener familia ni amigos. Ahora se sabe que era hija de judíos asilados en Nueva York, de madre francesa y padre austriaco. Este último las abandonó cuando Vivian tenía cuatro años. Pasó un tiempo con su madre en Francia. A los 25 años se instaló en Nueva York y a los 30 se fue a Chicago. Siempre cuidó de niños e hizo fotos de cientos de ellos en la calle.

Una segunda madre

John Maloof, el joven que compró las fotos de Maier en 2007, solo sabía que habían pertenecido a una mujer mayor enferma. No fue hasta abril de 2009 cuando encontró en una de las cajas un sobre de un laboratorio de revelado con un nombre. Vivian Maier. Probó en Google y ese mismo nombre apareció en una esquela publicada días antes. Así localizó a la familia para la que Maier había trabajado como nanny durante 14 años. Los hermanos Gensburg, a quienes había cuidado, se ocuparon de ella y le pagaron un apartamento cuando, en su vejez, ella no tenía ni casa ni dinero.

La mirada de un niño

La mayoría de las fotos están tomadas con una cámara Rolleiflex, lo que le permitía enfocar a la altura de las caderas y no de los ojos. La perspectiva sugiere así la mirada de un niño. En las cajas de Maier hay también fotos de viajes. En 1959 viajó sola a Egipto, Tailandia, Vietnam e Indonesia.

Se considera que las fotos de Vivian Maier están ya al nivel de los grandes fotógrafos americanos del XX como Diane Arbus, Robert Frank o Helen Levitt. Las imágenes muestran que le interesaban especialmente los menos favorecidos y se aproximaba a ellos con innegable empatía. Los Gensburg la definen como feminista, socialista, amante del cine y el teatro y una persona que dice las cosas como son . No le gustaba hablar de su propia vida, pero no tenía problema en dar sus opiniones políticas y sociales.

Vocación secreta

En las cajas de papeles que acumuló Vivian Maier a lo largo de su vida no hay ninguna referencia expresa a la fotografía. No se sabe cuál fue su formación, aunque ella y su madre convivieron una temporada con una pionera de la fotografía. la francesa Jeanne J. Bertrand; quizá ahí naciera su vocación.

Un peculiar legado 

En el cuarto de Vivian había maletas llenas de recortes de periódicos y diarios con titulares de crímenes y terribles desgracias. También dejó algunas películas en Super 8, cintas magnetofónicas de conversaciones con desconocidos, docenas de sombreros, facturas, billetes de tren, entradas de cine y hasta tubos de rollo de película que contenían dientes de leche de los niños a los que había cuidado.

Arte y ensayo

Lane, uno de los niños a los que cuidó y que ahora tiene 54 años, la recuerda como una especie de Mary Poppins por su aspecto -era muy alta y llevaba largos abrigos y gabardinas- y por el hecho de que organizaba actividades atípicas, como llevarlos a comer fresas silvestres a un bosque o ver películas de arte y ensayo.

Na da nuevo bajo el sol

En una de las cintas que Maloof encontró, Vivian Maier -ya mayor- había grabado una reflexión sobre la vida. Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda, te subes y llegas al final; alguien más tiene tu misma oportunidad y ocupa tu lugar, hasta el final, una vez más, siempre igual. Nada nuevo bajo el sol .

El chico que encontró el tesoro

Se llama John Maloof y hace 9 años era un anónimo agente inmobiliario de 27 años con ganas de escribir un libro sobre Chicago. En uno de sus habituales paseos por mercadillos para buscar documentación, se topó con unas cajas de negativos donde intuyó ver imágenes callejeras de la ciudad. Se llevó el lote por 400 dólares. Al revelar, fue cobrando conciencia del tesoro que había encontrado, aunque no podía imaginar la dimensión. Colgó algunas fotos en eBay para venderlas, que desataron un interés inusitado de historiadores de la fotografía y críticos. Maloof recuperó más material, al mismo tiempo que trató de localizar a la autora. Mientras tanto, Vivian -ajena a la búsqueda- fallecía en 2009, tras resbalar en las heladas calles de Chicago. Maloof gestiona ahora las exposiciones mientras se dirimen cuestiones legales sobre la comercialización de las fotos. El 90 por ciento de los negativos son propiedad de Maloof, pero el copyright, al morir Maier sin herederos, pertenece al condado de Cook, en Illinois. El asunto está en los tribunales, pero parece que Maloof rentabilizará su hallazgo.

La exposición Vivian Maier, street photographer se puede ver en la Fundación Canal de Madrid del 9 de junio al 16 de agosto.