Llevar una cámara en Siria es peligroso: te convierte en objetivo. La mayoría de los periodistas extranjeros ha abandonado la zona. Solo permanecen los locales. Estas son sus imágenes y sus palabras.

“MI VECINO INTENTABA APAGAR EL FUEGO CON UN VASO DE AGUA”

SYRIA CONFLICT DOUMA AIRSTRIKES:DOU105. Douma (Syrian Arab Republic), 11/09/2016.- Firefighters extinguish a fire following an airstrike by forces loyal to the Syrian government in the rebel-held area of Douma, outskirts of Damascus, Syria, 11 September 2016. The strikes come a day ahead of a ceasefire agreed on between Russia and USA, and agreed on by Syria's government, which will take effect on 12 September. (Damasco, Incendio, Siria, Rusia, Estados Unidos) EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

Mohammed Badra (Agencia: EPA/EFE)

«Escuché unos aviones y corrí al sótano. Desde allí oía los gritos de la gente pidiendo ayuda. También los latidos de mi corazón. Por último, una explosión. Cogí mi cámara y salí a ver qué había pasado. Mi vecino, Abu Soubhi, trataba de apagar el fuego de su casa con un vaso de agua. Echaba uno detrás de otro. Su hogar estaba en llamas. Los bomberos le pidieron que lo dejase pero él se negaba. Solo quería entrar en casa. Y entró. Esto ocurrió en Duma, al norte de Damasco». Mohammed Badra (Agencia: EPA/EFE)

“¿PUEDE OIRNOS ALGUIEN?”

ALEPPO, SYRIA - APRIL 24: A Syrian boy runs after Syrian Regime Forces airstrikes targeted residential areas at Sahur neighborhood in Aleppo, Syria on April 24, 2016. (Photo by Beha el Halebi/Anadolu Agency/Getty Images)

Beha el Halebi-Anadolu (Agencia: Getty Images)

«Todavía puedo oír los gritos en mi cabeza. El barrio de Sukkari estaba siendo atacado. De una nube de polvo surgió un niño corriendo y disparé mi cámara. Ser periodista en Alepo, la ciudad más peligrosa del mundo, es difícil. Arriesgamos nuestra vida para que el mundo vea lo que el régimen de Asad está haciendo. Pero es como gritar desde un pozo tan profundo que nadie puede oírte. ¡¿Puede oírnos alguien?!». Beha el Halebi-Anadolu (Agencia: Getty Images)

 “ERA ATERRADOR”

EDITORS NOTE: Graphic content / A corpse lies behind a damaged ambulance in the Maadi district of eastern Aleppo after regime aircrafts reportedly dropped explosive-packed barrel bombs on August 27, 2016. At least 15 civilians were reported killed when two bombs fell several minutes apart, near a tent where people were receiving condolences for those killed this week. / AFP / AMEER ALHALBI (Photo credit should read AMEER ALHALBI/AFP/Getty Images)

Ameer Alhalbi (Agencia: AFP/Getty Images)

«Iba en coche con unos amigos cuando los aviones del Gobierno lanzaron la primera bomba. Cayó a 50 metros. Había muchos heridos. Al llegar la ambulancia, cayó la segunda bomba. Ya no había nadie a quien rescatar. Los heridos yacían muertos. Era aterrador. Llegaron más ambulancias. Familiares buscando cuerpos. Gritos. Olor a muerte. Pasé días sin poder quitármelo de la cabeza». Ameer Alhalbi (Agencia: AFP/Getty Images)

“SOLO SOMOS NÚMEROS”

TOPSHOT - A man covered with dust sits on a street following a reported air strike by Syrian government forces in the rebel-held neighbourhood of Sukkari in the northern city of Aleppo on May 30, 2016. / AFP / Baraa Al-Halabi (Photo credit should read BARAA AL-HALABI/AFP/Getty Images)

Baraa Al-Halabi (AFP/Getty Images)

«Este hombre, Abu Adel, trabajaba en el mercado de Alepo. Le acababa de alcanzar una bomba. El hombre está casado y tiene cuatro hijas. Vende fruta para ganarse la vida. En ese momento estaba conmocionado. Había escapado de la muerte. A nadie parece interesarle la gente, solo somos números. Abu ha vuelto a vender vegetales en el barrio. A pesar de todo, la vida sigue. Por eso, me gusta esta foto». Baraa Al-Halabi (AFP/Getty Images)

“ME PUSE A LLORAR CON EL CHICO”

A Syrian boy is comforted as he cries next to the body of a relative who died in a reported airstrike on April 27, 2016 in the rebel-held neighbourhood of al-Soukour in the northern city of Aleppo. / AFP / KARAM AL-MASRI (Photo credit should read KARAM AL-MASRI/AFP/Getty Images)

Karam Al-Masri (Agencia: AFP/Getty Images)

«Tomé esta foto después de que las fuerzas del Gobierno bombardearan un hospital de Alepo. El chico de la imagen había perdido a su madre y a su hermano pequeño en el ataque. Su padre había muerto dos meses antes. Lloraba junto al cuerpo de su hermano. Lloraba como lo hice yo cuando perdí a mis seres queridos en otro bombardeo del Gobierno.
El cadáver de la madre del chico no podía ser identificado. No quedaban restos suficientes. La reconoció cuando le mostraron unas joyas que ella llevaba puestas. Entonces colapsó. Gritaba: ‘¡No tengo a nadie más que a Dios para que cuide de mí! ¿Dónde iré? ¿Cómo voy a vivir?’. No pude fotografiar más. Me puse a llorar con él. Yo también había perdido a mi madre. Pero, al menos, yo tenía 22 años». Karam Al-Masri (Agencia: AFP/Getty Images)

“EL DOLOR DE MI PAÍS”

EDITORS NOTE: Graphic content / Syrian rescue workers and residents try to pull a man out from under the rubble of a building following a reported air strike on the rebel-held neighbourhood of Salhin in the northern city of Aleppo on March 11, 2016. / AFP / THAER MOHAMMED (Photo credit should read THAER MOHAMMED/AFP/Getty Images)

Thaer Mohammed (Agencia: AFP/Getty Images)

«Cuando vi la cabeza de este hombre y su cara cubierta de sangre mezclada con el polvo de su casa destruida mirándome, me imaginé que me estaba diciendo. ‘Que tu cámara sea testigo de este crimen’. Me imaginaba a mí mismo en su lugar, un superviviente, sin saber qué le había ocurrido a mi familia. Cuando me miraba, veía en sus ojos todo el dolor de mi país». Thaer Mohammed (Agencia: AFP/Getty Images)

“LA TRISTEZA INFINITA”

TOPSHOT - The sister (L) of Mohammed Ismael, who died in one of three suicide car bombings claimed by the Islamic State (IS) group in the nearby town of Tal Tamr earlier this week, mourns during his funeral in Qamishli, a Kurdish-majority city in Syria's northeastern Hasakeh province, on December 13, 2015. Tal Tamr, in the Khabur region, is controlled by Kurdish forces and has been targeted in the past by IS jihadists, who in February overran much of Khabur and kidnapped at least 220 Assyrian Christians. AFP PHOTO / DELIL SOULEIMAN / AFP / DELIL SOULEIMAN (Photo credit should read DELIL SOULEIMAN/AFP/Getty Images)

Delil Souleiman (Agencia: AFP/Getty Images)

«Una mujer kurda llora en el funeral de su hermano. Lo mató un suicida del Estado Islámico. Estuve allí más de media hora mirando aquel rostro. Tenía una tristeza que no había visto antes. Sucedió en Qamishli, una ciudad de mayoría kurda». Delil Souleiman (Agencia: AFP/Getty Images)

UN DÍA SIN BOMBAS

Syrian children play on a swing at a park in the rebel-held town of Douma, on the eastern edges of the capital Damascus on February 27, 2016, on the first day of the landmark ceasefire agreement. Less than a day into a landmark ceasefire deal in parts of the country, residents say their usual routine has been thrown off without the usual sounds of artillery, rocket attacks, or helicopter-borne barrel bombs. / AFP / Sameer Al-Doumy (Photo credit should read SAMEER AL-DOUMY/AFP/Getty Images)

Ameer Al-Doumy (Agencia: AFP/Getty Images)

«Esta foto la hice el pasado 27 de febrero, el primer día del cese el fuego en Siria. El primer día en años que no oíamos el ruido de las bombas, que no veíamos sangre. Después de decenas de niños muertos por los bombardeos y de un día sangriento en el que fuimos testigos de cómo una familia entera -madre y tres hijos- era asesinada, no podía imaginar que vería la sonrisa de los niños otra vez. Me sentí feliz». Ameer Al-Doumy (Agencia: AFP/Getty Images)