¿Cuántas medallas ganaría el hombre en unos Juegos Olímpicos que lo enfrentaran al resto de las especies animales? ¿En cuántas categorías nuestros mejores deportistas podrían acercarse a las marcas de los campeones de la naturaleza? Fuerza, velocidad, reflejos, resistencia En el mundo salvaje, los animales ganarían a los humanos en todas las categorías. En sus competiciones, los seres vivos se juegan mucho más que una medalla y, más que para pasar a la historia, baten todos los récords imaginables para pasar tan solo al día siguiente.

La carrera más importante de su vida iba a empezar. La contrincante era una velocista de fama mundial. Sabía que aquella experta en media distancia era más resistente que ella; no tan rápida, pero mucho más resistente. Si quería ganarla, tendría que preparar la estrategia. En la salida, la rival se puso por delante. Con cortos y rápidos movimientos alcanzó los 80 kilómetros por hora. Pero la aspirante no era cualquiera. Era una madre guepardo en plenitud de facultades. una máquina biológica diseñada para la velocidad; el único ser sobre la Tierra capaz de superar los 100 kilómetros por hora. Poco antes de quedarse sin potencia, alcanzó a la gacela Thomson. La ganadora se hacía con el título. Podría mantener a sus cachorros unos días más. La perdedora no volvería a correr. En la naturaleza, las competiciones son cuestión de vida o muerte.

Lo que para nosotros no es más que un ejercicio de superación, para el resto de las especies supone muchas veces un momento clave en el que un animal se juega sus hijos o su vida. Cuando dos ejemplares de cualquier especie se miden y compiten en velocidad o fuerza por un fin, no buscan medallas. Los machos compiten por las hembras para poder aparearse con ellas y dejar descendencia que perpetúe su código genético. Los cazadores y las presas compiten para sobrevivir. Los corredores de grandes distancias, aquellos animales que realizan grandes migraciones como las mariposas monarcas, los gansos nivales, las ballenas y tantos otros, lo hacen buscando unas condiciones del entorno que les permitan traer al mundo a sus crías y poder alimentarlas tras el nacimiento. Los primeros en llegar encontrarán los mejores lugares para hacer sus nidos o traer al mundo a sus crías. En definitiva, el que gana sobrevive y el resto se queda fuera de la competición para siempre. El resultado de esta competencia sin descanso por la supervivencia es, como en el caso de los humanos, una permanente mejora en sus marcas. Los más preparados, los mejores para cada una de las pruebas, sobreviven. Y los que sobreviven dejan descendencia y perpetúan las mejoras. Es la archiconocida selección natural. ülos seres humanos hemos ido mejorando marcas en las competiciones físicas de forma imparable. A la selección natural le hemos añadido una selección artificial generada por nuestro desarrollo intelectual y técnico. Y eso puede hacer que perdamos la perspectiva y lleguemos a creer que nuestra especie tiene alguna posibilidad en una imaginaria olimpiada con el resto de las especies. Grave error. Ni nuestros mejores campeones podrían acercarse a las marcas de los campeones de la naturaleza.

Especialmente si se ajustaran las pruebas bajo un justo baremo de proporcionalidad; es decir, si se ajustaran los resultados de una forma proporcional a los pesos y medidas de los participantes. Entonces la más importante de las especies sobre la Tierra, la dominadora absoluta del planeta, se vería superada por pulgas, ranas, escarabajos peloteros y hormigas.

Guepardo140 km/h Atletismo 37 km/h

el oro indiscutible

El récord mundial de los 100 m lisos -considerada la prueba estrella de la velocidad- lo tiene Usain Bolt con 9.58 s, lo que nos da a los seres humanos una velocidad máxima de 37 km/h siempre que se corra en una superficie plana y sin pendiente. Un guepardo, corriendo en terreno abrupto y girando cada poco, supera fácilmente los 100 km/h.

Pez vela 100 km/ h natación 8,6 km/h

Phelp es un aficionado

Los humanos Michael Phelps, en concreto tenemos el récord de velocidad nadando en 8,6 km/h y siempre que sean pequeñas distancias. El campeón del océano, el pez vela, supera los 100 km/h y es capaz de nadar a esa increíble velocidad durante kilómetros. Su cuerpo en forma de torpedo lo hace hidrodinámicamente perfecto. Su musculatura, diseñada tanto para la velocidad como para la resistencia, lo convierte en uno de los predadores marinos más eficaces. Y, lo que es más sorprendente todavía, su aleta dorsal en forma de vela le permite dar rápidos giros a alta velocidad con una precisión sorprendente. De esta forma, el pez vela es capaz de aturdir o matar a los pequeños peces sardinas o anchoas que le sirven de alimento con su afilado apéndice en forma de espada y devorarlos luego a placer.

Escarabajo 1141 veces su peso Hatelrofilia 6,5 veces su peso

Como levantar seis autobuses

En estas olimpiadas salvajes, la medalla de oro en levantamiento de pesas se la llevaría ¿el elefante? Sí en términos absolutos, pero no si guardamos la proporcionalidad. En ese caso, los seres más pequeños arrasarían y el escarabajo pelotero se haría con el triunfo. Necesita la pelota que arrastra para depositar allí su huevo y alimentar a la larva que nacerá del mismo. Por eso la arrastra, la levanta a pulso y la entierra con esmero fuera del alcance de posibles enemigos. Pese a que el récord de los humanos ronda los 465 kg el alemán Matthias Steiner, oro en Pekín 2008 (en la foto), ha levantado 461, un escarabajo pelotero puede mover una bola 1141 veces más pesada que su cuerpo. Para un humano de 70 kg equivaldría a levantar ¡80 t!, como levantar seis autobuses de dos pisos.

Rana Hocicuda 100 veces su talla Salto longitud 4 veces su talla

Más que saltar, vuelan En salto de longitud son muchos los animales que pulverizarían nuestro mejor registro. Una pantera de las nieves llega a saltar 15 m de un solo salto, un canguro llega a los 13 m, un impala supera los 10 Pero si seguimos con la compensación de escalas, sería una simple rana la que haría quedar en ridículo a nuestros campeones olímpicos y al resto de los grandes saltadores mamíferos. Nuestro récord olímpico de longitud roza los 9 m, mientras que algunas especies de rana como la rana hocicuda de Sudáfrica son capaces de saltar hasta cien veces la longitud de su cuerpo. Si nuestro atleta diera un salto proporcional, tendría que saltar 170 m. la longitud de dos aviones Jumbo puestos en fila. En la foto, Maurren Maggi atleta brasileña de 1,73 m de altura. Fue oro en Pekín 2008 tras saltar 7,04 m de longitud.

Cabras. Presión de 2000 kilos lucha libre Presión de 200 kilos

<stompen un bloque de hormigón

Ni los mejores luchadores de todos los tiempos podrían competir contra una cabra hispánica o cualquiera de las especies de íbice que existen en el mundo. En sus peleas por las hembras, los machos se golpean con sus cuernos usando las patas traseras como catapulta sobre las que lanzar su ataque embistiendo desde arriba. Cada uno de estos choques, testuz contra testuz, imprimen una presión al adversario de 2 t, un golpe capaz de partir por la mitad un bloque de hormigón y pulverizar cualquier hueso humano que se interponga en su camino. En una embestida no habría luchador humano que se mantuviera en pie para una segunda carga. En la foto, de azul, Buvaisar Saitiev triple campeón olímpico. oro en Atlanta 1996, Atenas 2004 y Pekín 2008. En Londres 2012 va a por más. Aun así, con las cabras no podría.

Pulga 150 veces su altura Salto de altura 1,12 veces su estatura

Derrotada por una pulga

En salto de altura, la cosa sería aún máshumillante porque la medalla de oro se la llevaría ¡una pulga! Mientras nuestro récord mundial está en los 2,45 m, una pulga salta cerca de 150 veces la longitud de su cuerpo; un salto que equivaldría en nuestra especie a superar los 250 m de altura. En términos absolutos, tampoco tendríamos nada que hacer. El récord lo tendría el puma con un salto de 5,4 m, seguido por los delfines con un salto de 5 m, los salmones que en su remontada río arriba para desovar vencen cascadas y corrientes con saltos de 4,5 m y los antílopes, como la gacela saltarina o springbok, que casi doblarían nuestro récord con saltos de más de 4 m. En la foto, Tia Hellebaut la belga campeona olímpica en Pekín 2008, tras saltar 2,05 m.

Orcas perfecta sincronización Natación sincronizada Con margen de error

Pesadas, pero con estilo

Por mucho que nuestras nadadoras sincronicen sus movimientos, las orcas las superarían. La necesidad les ha hecho coordinar sus movimientos hasta la perfección. En los mares antárticos, las orcas sincronizan sus movimientos para cazar evidenciando una inteligencia aún más desarrollada de la que suponían los científicos. Cuando localizan una foca sobre un hielo flotante, urden una estrategia que combina la fuerza, la inteligencia y la sincronización. Un individuo del grupo se prepara y espera la señal en aguas profundas del otro lado de la presa. Las orcas restantes forman en una línea y nadan a la vez a gran velocidad generando una gran ola que barre el témpano y arroja a la foca al agua. La orca que esperaba del otro lado solo debe cazarla. En la foto, las rusas Anastasia Davydova y Anastasiya Yermakova, doble campeonas olímpicas.