“España puede tener su Silicon Valley. Sólo hace falta ser tolerantes con la aventura”

Si usted usa un ordenador, un móvil o un MP3, debería darle las gracias. Sus investigaciones han sido determinantes en la mayoría de los aparatos informáticos que son ya parte de nuestra vida. Estudió ingeniería electrónica, pero no solo es un científico. Es un exitoso empresario con una filosofía. pensar diferente y asumir riesgos. Así empezó en los años 60, cuando, ante un desafío, consiguió reducir el tamaño de los chips 10.000 veces.

Es el pensador y pionero más influyente de la tecnología del silicio . Así lo definió el jurado que le otorgó el premio BBVA fronteras del conocimiento. A Carver Mead, investigador y empresario de Silicon Valley (California, 1934), le sobran los méritos.

Entre sus más de 80 inventos patentados, hay sensores que hoy emplean las cámaras digitales, sistemas que han permitido el desarrollo de dispositivos táctiles -como el touchpad que en los portátiles sustituye al ratón- o sistemas de procesamiento de señales en audífonos.

XLSemanal. Todo empezó con una charla acerca del tamaño mínimo que se podía alcanzar con los microchips.

Carver Mead. Sí. Eso fue a finales de los 60. No es una cuestión ‘industrial’, sino física. Llevábamos tiempo trabajando, a partir de la mecánica cuántica, en dispositivos cada vez más delgados. Gordon Moore, cofundador de Intel, me preguntó si eso limitaría el tamaño mínimo de los transistores, y le dije que sí. Me preguntó cuánto, y entonces un estudiante y yo tratamos de ver hasta dónde podríamos llegar.

XL. Y el resultado fue

C.M. Una gran sorpresa. En aquella época se pensaba que estábamos llegando ya al tamaño mínimo posible, pero según nuestros cálculos, creíamos que los chips podían llegar a ser 10.000 veces más pequeños. Por supuesto, nadie nos creyó entonces Finalmente se dieron cuenta de que era verdad. Y se consiguió poner a la gente en el camino correcto para miniaturizar los transistores cada vez más.

XL. ¿Dónde está el límite?

C.M. En realidad se alcanzó hace unos pocos años, cuando habíamos predicho. Y, como imaginamos, la gente empezó a cambiar la manera de hacer las cosas, a buscar alternativas. En algún momento aparecerá una nueva manera de afrontar el problema, un concepto nuevo que todavía no conocemos.

XL. ¿Y por dónde cree que irá?

C.M. Una clave puede estar en los cerebros de los animales. Una mosca hace cosas que el más sofisticado ordenador no puede en absoluto. Hay algo ahí que aún no entendemos. Algún día lo conseguiremos y lograremos crear sistemas basados en esos principios. Otro elemento prometedor son los ordenadores creados con transistores de un solo electrón. Una posibilidad que descubrimos accidentalmente en los 60. Y, por supuesto, cosas que ahora mismo ni se nos pasan por la cabeza. Por ejemplo, la informática cuántica. Son nuevas dimensiones que pueden ser hermosas, pero todavía estamos comenzando a explorarlas.

XL. Sus investigaciones han sido claves en el desarrollo del ordenador, el móvil, el MP3

C.M. No solo las mías. Hubo mucha gente que lo hizo posible. Es maravilloso haber sido parte de este proceso de evolución internacional. Todos hemos trabajado juntos a veces de modo competitivo, otras más cooperante. Pero siempre amistosamente y con ilusión.

XL. Y todo gracias al silicio, un bien finito ¿Qué vendrá después?

C.M. El silicio seguirá con nosotros durante un futuro largo. Como el hierro y el acero, que no desaparecieron cuando apareció la revolución de la información. Ahí siguen.

XL. Silicon Valley seguirá siendo Silicon Valley, entonces.

C.M. Igual que seguimos teniendo barcos que cruzan océanos. Hay cosas que alcanzan un nivel y se mantienen con nosotros. Siguen realizando su función, aunque no evolucionan ya.

XL. Usted ha visto crecer Silicon Valley

C.M. Lo mejor que tiene es que cuando montas una start-up, solo una cosa importa. el éxito. Así que al contratar a alguien siempre buscas al mejor; si no, no eres competitivo. Y no importan las diferencias de cultura o nacionalidad. Al contrario, solo aportan más fuerza. En una de mis compañías trabajábamos 40 personas de 23 nacionalidades distintas. Eso es lo bueno de Silicon Valley.

XL. ¿Y lo malo?

C.M. Pues cosas como la burbuja de las punto com, en 2000, justo antes de la crisis actual. Tuvimos una invasión muy fuerte de la comunidad financiera de Nueva York. Como consecuencia de aquello, el capital riesgo ya no se comporta como tal. No arriesga. Se ha convertido en algo muy burocrático, quieren tener todo planeado, con grandes recompensas y sin riesgo.

XL. Algo difícil en ese terreno.

C.M. ¡Fue una locura! Desde luego, quedan algunos de los inversores en capital riesgo de los viejos tiempos con los que me gusta seguir trabajando. Pero la mayoría se ha retirado y los más jóvenes no se comportan como ellos. Silicon Valley es hoy algo menos efectivo, pero sigue habiendo muchas start-ups y sigue siendo un buen lugar para montar una empresa. Puedes tener éxito o no, pero si no lo tienes, eso no te convertirá en un excluido. Esta sigue siendo su fuerza. Y esta cultura está creciendo en otras partes de Estados Unidos. Mi mujer y yo vivimos en Seattle, y hay una gran comunidad inversora allí que podría ganar protagonismo.

XL. ¿Y en otros países? ¿India, Brasil, China ?

C.M. ¡Oh, España! Realmente puede crecer en cualquier lugar donde el entorno social sea tolerante con la aventura, con la gente que intenta hacer cosas de manera distinta, donde no se te exija ajustarte a un cierto perfil para ser aceptado socialmente. Los seres humanos necesitamos ser parte de una comunidad. ¡Hace falta que sean tolerantes con los geeks! [ríe]. Gente muy centrada en la tecnología y quizá con menos virtudes sociales que otros. Y no creo que dependa del país como algo global, sino de una pequeña comunidad. Silicon Valley no es más que un área pequeña que creció en los alrededores de Stanford.

XL. Usted es investigador y hombre de negocios. ¿Un ‘matrimonio’ útil?

C.M. Es muy importante que la ciencia mantenga sus raíces en ladad. Cuando eres un científico, estás, aparentemente, muy lejos de cualquier negocio. Pero son solo etapas distintas. Cuando trabajas en un desarrollo de una tecnología, por ejemplo, primero tienes que entender cómo funciona, y ahí te conviertes en científico. Cuando consigues comprenderlo, vuelves a ser un ingeniero para poder ‘realizarla’. Y si ese desarrollo tiene éxito, entonces te conviertes en un hombre de negocios.

XL. ¿Cómo le ha afectado la crisis?

C.M. Siempre digo que si fundas una nueva compañía lo mejor es que lo hagas cuando los negocios van mal. Puedes alquilar locales a buen precio, contratar a gente, tus proveedores contestarán el teléfono ¡En tiempos del boom ni te cogen el teléfono! Así, cuando las cosas vuelvan a ir bien, tú estarás en lo alto de la ola. Cuando las cosas van mal aflora el espíritu empresarial. La gente es más creativa y asume riesgos que nunca tomaría si todo funcionase.

XL. Usted ha puesto en marcha más de 20 compañías. ¿Cómo le ha ido?

C.M. He fundado unas 25 compañías en 20 años. Cuatro son ahora públicas. Otras cuatro ya no existen. El resto siguen siendo pequeñas compañías o han sido absorbidas por otras más grandes. No está mal.

XL. Y como investigador, ¿qué le falta lograr?

C.M. Mi mayor derrota ha sido la incapacidad de influir en la transformación del proceso educativo. Sé enseñar, sé hacer de entrenador a magníficos científicos e ingenieros, pero no he encontrado el modo de cambiar la educación. Me duele mucho ver cómo empeora. Creo que se dirige hacia una crisis Y la crisis es lo único que puede cambiar las cosas. Simplemente hay que tener cuidado para no arruinarlo todo en el proceso.

XL. ¿Hay un límite ético para la investigación?

C.M. Por supuesto. Tendremos que afrontarlo y no siempre acertaremos. También tendremos que aceptar nuestros errores. Es parte del proceso evolutivo. No podemos ver el final desde el principio. Y de alguna manera continuaremos evolucionando. Así hemos llegado hasta aquí y así daremos los siguientes pasos. No podemos planearlo. ¡si lo haces, lo matas!

XL. ¿Es usted religioso?

C.M. Depende de lo que se entienda por ser religioso. A Einstein le hicieron esa misma pregunta. Y dijo que el científico es el ser más religioso del mundo, porque cree que la naturaleza responde a un orden. Seguramente es la mejor respuesta. Por ejemplo, yo creo en la evolución, en los cambios que nos llevarán a algo mejor, incluso aunque no los puedas controlar ni conocer las respuestas antes de que ocurran. Tienes que creer en una dirección, si quieres dedicar tu vida a eso. Si la religión implica una organización a la que me tengo que someter y que pretende saberlo todo, la respuesta es no, no soy religioso.

XL. De pequeño ya desmontaba radios para entender cómo funcionaban. ¿Así nace el espíritu científico?

C.M. Tuve la suerte de crecer en las montañas de California, que permitían mucha exploración. Además, mi padre trabajaba en la central eléctrica alta tecnología para la época. A mí me fascinaba lo que ocurría allí. Desde mis primeros días insistía a mi padre para que me la enseñara. Leí mucho, pregunté mucho Exactamente como he hecho después durante toda mi vida.

XL. ¿Jugaba en la central eléctrica?

C.M. ¡Y con las cosas que ellos desechaban! Construí muchas cosas con lo que tiraban y lo que encontraba por ahí. Después de la II Guerra Mundial hubo mucho material electrónico sobrante que se podía adquirir a precios muy bajos. Un chaval sin apenas dinero podía comprar cosas maravillosas para aprender. Esto fue algo fundamental.

XL. La investigación, al fin y al cabo, tiene algo de juego

C.M. Siempre ha sido algo apasionante. Mi pobre mujer a veces me pierde durante días enteros en los que me sumerjo en un experimento. Quien tiene una pasión es absorbido por ella. Yo he tenido la suerte de poderme ganar la vida con esto. Ahora estoy retirado, pero trabajo más duro que nunca.