Su primer vestido de novia lo convirtió en el favorito de las jóvenes casaderas de la clase alta española. Hoy, cuando cumple más de veinte años de profesión, Lorenzo Caprile es ya un clásico de la moda nupcial, de las alfombras rojas y del figurinismo teatral. Para celebrarlo, recopila en un libro, en forma de consejos, todo el oficio de dos décadas.

Lorenzo Caprile (1967) acababa de volver de Italia, a principios de los noventa, de licenciarse en Literatura en Florencia, y estaba dando vueltas a su futuro profesional cuando su amiga Carla Royo-Villanova lo animó a que diseñara su traje de novia. Iba a casarse con uno de los hijos del exrey de Bulgaria, era una de las bodas del año. Caprile dudó, pero aceptó el reto. Tenía 25 años, pero su formación era impecable. Fashion Institute of Tecnology de Nueva York, Universidad de Florencia, becas y pasantías y contratos con algunos de los mejores grupos textiles italianos (Ratti, Pino Lancetti, Gruppo Finanziario Tessile de Turín) y españoles (Cadena, Lienzo de los Gazules). Acababa de fundar su empresa y con aquel primer encargo, una falda abullonada en algodón y corsé de estilo renacentista inédito en una novia hasta ese momento, inauguró una época en la moda nupcial. Un año después abría su taller en Madrid.

Han pasado 22 años, y por ese taller han desfilado estrellas de cine, empresarias, políticas y casi todas las jóvenes casaderas de la alta sociedad, de la aristocracia y de la realeza españolas. Con un vestido de Caprile se casaron la Infanta Cristina y sus primas Tatiana y Victoria de Borbón-Dos Sicilias, Mafalda Vallejo-Nájera hermana del empresario Colate Vallejo-Nájera o la cantante Marta Sánchez. El primer traje de gala de Doña Letizia como prometida del Príncipe de Asturias, de gasa rojo, fue también un Caprile y permanece como un hito en el vestuario de la Reina.

El menor de siete hermanos de una de las familias empresariales más importantes del franquismo su abuelo, italiano afincado en España, fue el fundador de la Fábrica Española de Magnetos (Femsa), origen de Bosch, Lorenzo Caprile acaba de publicar De qué hablamos cuando hablamos de estilo (Ediciones Temas de Hoy), en el que reúne 20 años de oficio.

XLSemanal. ¿Le molesta que digan que es el costurero de las niñas pijas?

Lorenzo Caprile. No. En España tenemos una enfermedad que es la etiquetitis, pero no me molesta. Si fuera solo esa la etiqueta Lo difícil es mantenerse. He visto a muchas estrellas que han desaparecido de un día para otro. Y de eso sí que me siento muy orgulloso. de la constancia, el tesón. Hacer ruido hoy es demasiado fácil.

XL. Su nombre ha ido asociado a ciertos momentos emblemáticos de la última historia de España. Algunos hoy muy cuestionados

L.C. Lo veo en perspectiva y estoy muy orgulloso. Es un privilegio que en determinados momentos históricos, para bien y para mal [risas], hubiera un traje mío. A la mujer de Francisco Correa [cabecilla de la trama Gürtel, de supuesta financiación ilegal del Partido Popular] llevó un traje de Caprile a la boda de Ana Aznar en El Escorial la ponen en televisión cada dos por tres, y la verdad es que está impresionante, las cosas como son. Para mí es muy reconfortante que mi trabajo esté en esos momentos importantes.

XL. También es el autor de un traje de Doña Letizia que es icónico. ¿Cómo ve usted hoy el estilo de la Reina?

L.C. Sobre esto último no soy quién para opinar y prefiero no hacerlo. Lo que puedo decirte es que la experiencia fue un privilegio y un honor. Es una de esas cosas que te pasan una vez en la vida, y lo que me enorgullece es que un trabajo que se hizo hace 11 años un periodo que en moda convierte las cosas en antiquísimas siga levantando pasiones.

XL. Se define siempre como modista.

 L.C. La definición de mi profesión, si uno la mira en el diccionario, es esa. Nada de diseñador.

XL. ¿Por qué decidió permanecer como pequeño taller y no convertirse en una gran marca?

L.C. Porque no quería depender de nadie. Ahora mismo se necesita una cantidad de dinero astronómica para dar ese salto. Supondría asociarse, medio vender tu marca. Y quita libertad. Yo quiero estar con mi equipo, en mi taller, con mis clientas.

XL. Su libro pretende ser muy didáctico, habla de tejidos, de cortes, de estilos. ¿Hay poca cultura de moda en España?

L.C. Antes sí la había, en la generación de nuestras madres. Daba igual el nivel social. La tienda multimarca llegó relativamente tarde. Todo el mundo se hacía la ropa a medida. Quien tenía dinero se iba a Balenciaga y, si no, se la hacía una misma o acudía a una modista del barrio. Todo el mundo iba con su patrón y compraba la tela. Y luego, algo que puede sonar muy incorrecto políticamente, también quedaba la huella de la Sección Femenina. Ahora, toda esa cultura se ha perdido. Las chicas ahora entienden mucho de estilismo, marcas, novedades y pasarelas. Pero no de tejidos y de lo que se puede hacer con ellos.

XL. ¿Cree que la moda low cost, en la que España tiene marcas tan importantes, maleduca el gusto?

L.C. No, todo lo contrario. Creo que esas marcas hacen un producto correctísimo, estéticamente muy bueno. Es más, han demostrado que se puede vestir correctamente y tener un mínimo de estilo sin gastar dinerales. Sí, claro, la alta moda es otra cosa; pero el problema es que no solo no nos la podemos permitir, sino que ya casi nadie tiene esa vida social que antes permitía lucir esas creaciones maravillosas. Yo, en ese sentido, soy de la escuela de Chanel. es moda lo que veo en la calle, lo que la gente usa. Si no, todo se queda en un mero viaje narcisista.

XL. ¿Son las bodas hoy esas grandes ocasiones para la costura a medida?

L.C. Sí. Hoy, la ropa a medida de mujer vive de las bodas. la novia, la madrina, la madre de la novia Y de las alfombras rojas. Y de alguna puesta de largo, que están volviendo a ponerse de moda.

XL. ¿Cuántos encargos recibe al año?

L.C. Trabajamos en unas setenta bodas, con una media de tres trajes por boda. Unos 240 trajes. En general, sentas fieles, que repiten.

XL. ¿Qué diferencia el estilo de la elegancia? ¿Se ha quedado antigua?

L.C. Creo que es una palabra un poco espinosa Hoy, al no haber una tendencia uniforme, se habla más de estilo. Por ejemplo, Alaska, a lo mejor no es elegante en el sentido estricto, pero es una de las mujeres con más estilo que conozco. Es fiel a su personalidad.

XL. También distingue entre estilo y moda.

L.C. Sí. Por un lado está lo que yo llamo el sistema moda y, por otro, la realidad, lo que la gente se pone y compra. La moda se ha democratizado, y lo importante es lo que cada uno hace con la prenda. Balenciaga solía decir que un traje no es nada hasta que se lo pone alguien. Un traje puede ser más o menos bello como objeto, pero realmente cuando es mágico es cuando lo ves puesto en la persona para la que se hizo. Uno de los problemas de la moda firmada de hoy es que es difícil reconocer de quién es cada cosa.

XL. ¿Qué le parecen el street style y el fenómeno de las blogueras?

L.C. En realidad forman parte del negocio, de eso que comentaba antes del sistema moda. Es la manera de ilustrar ese cambio permanente que es su esencia. El objetivo no es que las mujeres estén guapas, como decía Balenciaga, sino que busquen constantemente lo nuevo. Personalmente no me siento cómodo en ese pequeño circo. Pero, bueno, desde fuera me hace gracia.

XL. ¿Es esa la razón de que no haga desfiles?

L.C. Sí, y porque tampoco sé hasta qué punto es necesario un desfile para lo que yo hago. Yo creo que esa es otra enfermedad muy española, la desfilitis. Un desfile es obligatorio si uno tiene una gran marca global. Es una campaña de publicidad a lo bestia. Pero para una marca como la mía, que tiene un taller en un piso del barrio de Salamanca de Madrid, con una capacidad de producción determinada, un desfile es más algo de vanidad personal.

XL. ¿Cómo ve la moda en España?

L.C. Con una salud excelente. Una gran parte del negocio más rentable de esta profesión es española, con grandes grupos, como en el caso del calzado o la moda nupcial. Cuando yo empecé, no había nada. Ahora, si por moda entendemos la moda firmada o de autor, ese sector en España está muy cojo. Creo que en parte se ha debido a una política de subvenciones mal enfocada. Hay que tener muy claro que esto es un negocio, que no es arte. Por ejemplo, las pasarelas, hasta hace muy poco tiempo dependían de Cultura, no de Industria. Con eso no digo que la moda no sea cultura, pero igual que lo es una casa bien decorada o una mesa bien puesta, algo que indica el nivel de refinamiento de un país.

XL. ¿De qué creaciones guarda un mejor recuerdo en su taller?

L.C. Del primero, el de novia de Carla Royo-Villanova, que podía habernos amargado de por vida a los dos, porque fue un gran riesgo. Pero ocurrió todo lo contrario. Pero como no soy nada mitómano, siempre digo que el más importante es el que me van a encargar esta tarde. El que está por venir.

Secretos de estilo

De la mano de algunos de los maestros de la historia de la moda como Balenciaga, Chanel o Valentino y de su propia experiencia de dos décadas, Caprile hace un recorrido por los distintos aspectos del estilo y cómo aprender a dominarlo. Estos son algunos de sus consejos.

Un patrón bonito debe dejar un poco de aire entre el cuerpo y las prendas. Una prenda excesivamente ajustada no favorece; al contrario, puede resultar vulgar (a menos que seas Marilyn Monroe).

Si te gustan los estampados, conviértelos en rasgo de tu estilo, pero lejos de la cara. Resultan agresivos por encima de la cintura.

El estilo es un proyecto a largo plazo. No seas impaciente. Recuerda. la moda pasa, el estilo permanece.

Una prenda buena siempre es una inversión. Estará impecable siempre.

Un mal traje se puede salvar con un buen complemento, pero un buen traje también puede arruinarse con un mal estilismo.

Los bolsos. mejor pocos buenos que muchos malos.