William Blake, el visionario

Ver el Universo
en un grano de arena
y el Paraíso en una flor; sostener el Infinito
en la palma de la mano
y sentir la Eternidad en una hora .

Estas pocas líneas pueden sintetizar lo que hoy en día se llama ‘la nueva conciencia’. la capacidad de entender que todo está interconectado, que los instantes mágicos forman parte de la vida cotidiana y que basta un poco de apertura interior para reconocer que somos capaces de cambiar por completo nuestra realidad, eliminando casi todas las cosas que nos provocan insatisfacción. En la época en la que fueron escritos tales versos, no obstante, pasaron prácticamente inadvertidos.

Su autor, el inglés William Blake (1757-1827), nació en una familia pobre y murió totalmente rechazado por los círculos intelectuales de su época. Alegaban los críticos que había un exceso de misticismo en su trabajo, que tenía comportamientos extraños (como, por ejemplo, quedarse desnudo con su mujer en el jardín de una casa de campo que le habían prestado) o que se mostraba demasiado inocente en sus textos.

Los críticos murieron, y a Blake se lo considera hoy -no solo por su literatura, sino también por sus grabados, que tuve la oportunidad de ver en la Tate Gallery de Londres- uno de los artistas más completos del pasado milenio.

Blake cuenta que, siendo niño aún, estaba en un parque próximo a su casa cuando vio ángeles en los árboles y al profeta Ezequiel surgiendo entre las criaturas aladas. Más tarde, cuando ya tenía treinta años, su hermano menor murió, y Blake asegura que su espíritu se le apareció algunos días después, cubierto de luz, para enseñarle a hacer libros no impresos, grabar textos e ilustraciones de manera artesanal, en tiradas limitadísimas.

Siguiendo el consejo, Blake comienza a desarrollar una tesis que denomina Los estados contrarios del alma humana.
Uno de estos estados es la inocencia cuando la imaginación nos lleva al crecimiento.

El otro estado es la experiencia cuando nuestra imaginación se topa con las reglas, la moralidad y la represión.

Blake vivió intensamente su vida y, aunque murió pobre, aseguraba haber hecho todo lo que deseaba. En uno de sus trabajos más polémicos, El matrimonio del cielo con el infierno, afirma haber visitado el reino de las tinieblas y haber tomado nota allí de los proverbios que los demonios solían decirse entre sí. Copio, a continuación, algunos de estos proverbios.

En el tiempo de sembrar, aprende.
En el tiempo de cosechar, enseña.
En el invierno, aprovecha .
El camino de los excesos conduce
al palacio de la sabiduría .
La cisterna contiene; pero la fuente
se desborda .
La prudencia es una solterona vieja
y rica, cortejada por la incapacidad .
Un estúpido no ve el mismo árbol
que ve un sabio .
El que desea, y no actúa, siembra
la peste .
Ningún pájaro consigue volar
muy alto apenas con la ayuda de sus propias alas .
Las prisiones se construyeron
con las piedras de la ley, y los burdeles, con las piedras de la religión .
Lo que hoy está probado, ayer era apenas un sueño .
Todo lo que puede ser imaginado
es un reflejo de la verdad .
Los tigres de la ira son más sabios que los caballos del conocimiento .
Del agua parada espera siempre
el veneno .
La zorra cuida de sí misma, pero Dios cuida del león .
El hombre que mejor te conoce es aquel que permitió que abusaras de él .
Las oraciones no aran; los elogios
no hacen madurar .
Nunca sabrás qué es lo suficiente
si no te permites saber lo que es más
que suficiente .