Camina por la calle y piensa en un amigo a quién no ve hace tiempo, cuando… él aparece al torcer la esquina. ¿Es culpa del azar o de una desconocida ley del universo?

El 1 de marzo de 1950 una coincidencia salvó la vida de 15 personas. Ocurrió en Beatrice, un pueblo de Nebraska (EE.UU.). Todos ellos eran componentes del coro de la iglesia que se reunía para ensayar a las 19.20 h. Pero aquel día, y por razones diversas, ninguno fue puntual. La demora resultó ser un golpe de suerte pues un fallo de la caldera hizo que la iglesia estallara a las 19,25 h.

A cualquiera le sucede al menos una casualidad extraordinaria en su vida

El matemático estadounidense Warren Weaver se hizo eco de esta historia. Según sus cálculos, la eventualidad de una cadena de hechos semejantes es de una entre un millón. Así que podemos clasificar el hecho como una coincidencia insólita. Este tipo de casualidades ha traído de cabeza a matemáticos, científicos y psicólogos en el último siglo. La cuestión es que estamos habituados a confiar en que las leyes de causa y efecto pongan orden en nuestro entorno. Pensamos: «Si llueve nos mojamos». Las coincidencias parecen escapar a estas leyes y nos asombran. Por definición una coincidencia insólita tiene, según las leyes de la probabilidad, posibilidades infinitesimales de producirse. Pero, según las estadísticas, a cualquiera le sucede al menos una casualidad extraordinaria en su vida. De hecho, algunas de ellas son tan frecuentes que el lenguaje habitual ha acuñado expresiones para referirse a ellas como «hablando del rey de Roma por la puerta asoma» o «el mundo es un pañuelo».

El célebre actor Anthony Hopkins, por ejemplo, protagonizó una curiosa casualidad. Cuando fue contratado para el filme Mujer de Petrovka salió a comprar la novela en que se basaba el guión pero no la encontró en ninguna librería. Luego, al regresar a su casa en metro, halló el libro abandonado en un asiento. Por supuesto le pareció una casualidad extraordinaria. Pero lo más asombroso fue que el libro que encontró, totalmente subrayado, era del autor de la novela, George Feifer, que lo había perdido.

¿Azar o ley de la casualidad? Para la mayoría de nosotros hechos como éste caen en lo anecdótico. Pero para los expertos en estadística, tras este tipo de coincidencias existe un misterio. ¿Se deben estos acontecimientos únicamente al azar o existe tras ellos alguna ley desconocida? En el último siglo, las opiniones al respecto están divididas. Por una parte existe un grupo de pensadores, entre los que se hallan el biólogo austriaco Paul Kammerer, el psicólogo suizo Carl Gustav Jung, el premio Nobel de Física Wolfgang Pauli y el escritor científico Arthur Koestler, para quienes las coincidencias extraordinarias obedecerían a una ley universal y desconocida, una regla física independiente de las leyes de causa y efecto, capaz de poner en contacto objetos o personas a través del tiempo y del espacio.

Una noche en el Casino  de Montecarlo los pares salieron 28 veces seguidas, la probabilidad de que esto ocurra es de una entre 268 millones

Tesis totalmente contraria es la defendida por matemáticos y expertos en estadística. Para ellos las coincidencias son, por más extraordinarias que sean, producto del azar y de las leyes de las probabilidades matemáticas. Y es posible, incluso, tratar de predecir la frecuencia con que pueden presentarse. En cierta ocasión, por ejemplo, salieron los pares 28 veces seguidas en el Casino de Montecarlo. Las probabilidades de que esto ocurra es de una entre 268 millones, pero los expertos creen que si ha sucedido una vez, volverá a ocurrir más veces en algún lugar del mundo.

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Otra línea de investigación defendida por dos eminentes matemáticos , Persi Diaconis y Frederick Mosteller, sostiene que los hechos, en apariencia fortuitos, podrían obedecer también a razones tan simples como la intervención de la memoria selectiva que adorna los acontecimientos, la intuición o la buena fortuna. Claro que la palabra suerte es un arma de doble filo. Para los matemáticos suerte es equivalente a azar. Mientras que para Kammerer, Pauli, Jung o Koestler, las coincidencias extraordinarias obedecen a una ley física aún no descubierta que trata de poner en orden nuestras vidas.

TRES HIPÓTESIS

Afinidades ocultas

Una antigua corriente de pensamiento sostiene que las casualidades son resultado de una unidad universal por la cual cada criatura está ligada a otras y todas las partes del mundo constituyen un solo mundo. Defendida por filósofos como Hipócrates, Pico de la Mirandola o Leibniz y astrónomos como Johannes Kepler o Giordano Bruno, esta teoría parece confirmada por la física cuántica. Según ésta, los últimos constituyentes del universo, partículas y ondas, son aspectos diferentes de la actividad de la materia, la energía.

Ley de la serialidad

Ideada por el biólogo austriaco Paul Kammerer a principios del siglo XX, y expuesta en su libro La ley de la serialidad, esta hipótesis sostiene que existen fuerzas que actúan bajo un principio universal de la naturaleza, tan fundamental y desconocido como lo era antes la ley de la gravedad, que actúa selectivamente para hacer coincidir en el espacio y en el tiempo cosas que poseen alguna afinidad. Este principio físico opera independientemente de las leyes de causa y efecto y «nos lleva directamente a la imagen de un mundo caleidoscópico que tiende a reunir siempre los factores semejantes».

Emergencia espontánea del orden

El psicólogo Gustav Jung, el físico Wofangan Pauli y el escritor Arthur Koestler han coincidido en atribuir las coincidencias significativas a la intervención de un principio universal no causal que opera con total independencia de las leyes físicas conocidas. Un principio que se revelaría a través de las casualidades altamente improbables y con sentido para sus protagonistas. Esta ‘ley’ sería como un principio rector de nuestras vidas, nos llevaría del caos al orden y guiaría nuestros pasos o nos salvaría en momentos de peligro.

UNA PRUEBA

Leyes de la improbabilidad: matemáticos como Max Frisch o Warren Weaver sostienen que el término probabilidad incluye la improbabilidad en sus límites extremos. Y en base a ello, las coincidencias, por más asombrosas que parezcan, no son sino producto del azar. Existe, por ejemplo, una probabilidad entre un millón de que al tirar una moneda al aire ésta caiga sobre el canto y su movimiento se detenga. O, en un país como EE.UU., la lotería puede tocar hasta 31 veces a la misma persona. Y, siempre que haya 23 personas o más en una reunión dos de ellas pueden coincidir en su fecha de cumpleaños. Es más, según las probabilidades matemáticas, el azar puede lograr, incluso, que un mono llegue a teclear correctamente en un ordenador toda una obra de Shakespeare.