El Museo Reina Sofía expone el trabajo de George Grosz –artista ‘degenerado’ según los nazis– y muestra la influencia que ejerció en el dadaísmo ruso. Por Suzana Mihalic

El autor: George Grosz (Berlín, 1893-1959)

george grosz

A la vanguardia del desencanto

Comenzó con historietas y caricaturas, pero la Primera Guerra Mundial se llevó por delante sus esperanzas y su alegría. Se unió a las vanguardias, se convirtió en el principal precursor del movimiento de la Nueva Objetividad y se radicalizó en sus ideas y su pintura. Fue uno de los representantes de lo que los nazis llamaron ‘arte degenerado’. Se salvó porque huyó a tiempo a Estados Unidos. Desde allí practicó un grafismo violento y apocalíptico.

1. La composición: laberíntica

El cuadro, titulado Plano tatlinesco en homenaje al arte mecánico y revolucionario del artista constructivista ruso Vladímir Tatlin, es una composición irregular, dominada por elementos geométricos desordenados que crean un espacio urbano. Varios planos y la foto de un pórtico en blanco y negro en el fondo crean un laberinto con una perspectiva múltiple y abierta.

2. Juegos visuales: ¿dos caras o una?

El corpulento personaje con un abrigo largo y un sombrero de copa que nos da la espalda y que, con grandes zancadas, parece tener mucha prisa por marcharse, esconde un secreto que, a simple vista, es difícil de detectar: en medio de esta gran cabeza con cabello marrón está dibujado otro rostro, uno de medio perfil con barba y con lo que parecen ser calvas en algunas partes de su cabeza.

3. La protagonista: una prostituta

La indudable protagonista es la mujer semidesnuda que ocupa el primer plano del cuadro. Entre los años 1912 y 1928, las obras de George Grosz solían captar el ambiente nocturno decadente y canalla de la ciudad de Berlín, que se retrata aquí. Aunque el rostro de la chica se muestra de perfil, el ojo está pintado frontalmente con la mirada puesta hacia atrás, como si sospechara que alguien la está persiguiendo.

4. La técnica: fotomontaje

Junto a fotografías pegadas como en un collage -en este caso, de la bailarina desnuda y del pórtico que funciona en la composición a modo de ventana-, Grosz utiliza acuarela y tinta sobre papel. Las pinceladas difuminadas son fáciles de identificar. Los dadaístas consideraban el fotomontaje como un medio artístico dadá y muchos de ellos derramaron su inventiva en ricos collages.

5. Otros personajes: ¿son anónimos?

Otros personajes aparecen esparcidos por el cuadro. Se ve a un individuo de aspecto inquietante y con una sonrisa poco fiable. Hay otro desnudo de una bailarina de cabaret, que se muestra en contraposición con la figura central; y a la izquierda, un hombre marchándose. No todos son anónimos. El dibujo de un soldado está firmado con el nombre Aug Weintz, aunque podría ser un nombre inventado.

6. La paleta: contraste

Varios tonos tienen una importante presencia en el cuadro: el azul, el naranja, el marrón y un rosa claro. Llaman la atención ciertas zonas negras en las que resaltan otros tonos, como la pincelada ancha que envuelve prácticamente todo el cuerpo de la mujer central, lo que le da un aire misterioso. También irrumpen el rojo vivo de sus labios y unas amplias y extrañas ojeras que parecen un antifaz utilizado para camuflar la identidad de la protagonista.

PARA SABER MÁS

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Dadá ruso 1914-1924. Hasta el 22 de octubre.

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