La Orden del Temple nació pobre, y esa característica fue la que dictó una de sus reglas fundamentales: la frugalidad. De hecho, los templarios se dieron a conocer como «los pobres caballeros de Cristo». Por José Segovia

El más prestigioso hombre de la Iglesia en la época, Bernardo de Claraval, afirmó que «los templarios se visten con lo que les dan y no buscan comida ni vestido por otros medios». Pero en pocos años los caballeros de la orden comenzaron a recibir cantidades ingentes de dinero y donaciones de reinos europeos por sus méritos en la defensa de Jerusalén y del Santo Sepulcro.

En el año 1200, el Temple era la orden militar más rica de la cristiandad. Eran ‘banqueros’ de los reyes

Los servicios que prestaron a los reyes de Jerusalén y a las monarquías europeas, especialmente las de la Península Ibérica, fueron principalmente militares, pero también financieros. Los templarios necesitaban reunir efectivo en Occidente para enviarlo a Tierra Santa, una actividad económica que los convirtió en expertos en esta materia.

Los templarios consiguieron grandes exenciones fiscales del papado y fueron eximidos de casi todos los impuestos entre 1130 y 1150. Gracias a esos incentivos, la orden construyó infinidad de edificios para sus encomiendas y graneros para aprovisionar sus crecientes enclaves en Francia, España, Portugal, Inglaterra y otros lugares de Europa. En el año 1200, el Temple era la orden militar más rica de la cristiandad.

Las fuertes sumas de dinero que prestaron a diversas cortes europeas, entre ellas al rey de Francia Felipe IV, fueron el origen de su dramática desaparición. El monarca francés temía el poder que había adquirido la orden y, a la vez, necesitaba sus riquezas para solucionar la quiebra económica de su reino. Sin el apoyo del papa Clemente V, que se plegó a los deseos de la Corona francesa, los templarios poco pudieron hacer para frenar los rumores que hizo correr Felipe IV sobre su disoluta conducta. Se los acusó de practicar la sodomía, adorar a Satán y pisar crucifijos.

Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden del Temple, fue quemado en la hoguera en 1314

En 1307, más de cien templarios fueron detenidos en París y torturados. Cuatro años más tarde, el Concilio de Vienne acordó la disolución del Temple, cuyos bienes fueron expoliados por los reinos europeos. El 18 de mayo de 1314 su maestre, Jacques de Molay, y una treintena de hermanos de armas fueron quemados en la hoguera. Tras casi dos siglos de existencia, desaparecieron del mapa, pasando gran parte de su riquísimo patrimonio a manos del insaciable Felipe IV.

La maldición del Temple

Jacques de Molay dijo antes de morir en la hoguera: “Dentro de poco muchos males caerán sobre los que nos han condenado a muerte”. Poco después fallecieron Felipe IV de Francia y el papa Clemente V.

Falsas acusaciones

En 2007, los responsables del Archivo Vaticano publicaron un documento sobre el proceso contra los templarios, que incluía el Pergamino de Chinon, cuyo texto desvela que las acusaciones contra la orden fueron injurias instigadas por el monarca francés.

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