Elegancia, honor, arrojo y caballerosidad han marcado, para bien y mal, a este cuerpo militar. Un nuevo libro lo explica. Por Fátima Uribarri/ Fotos: Cordon Press y Getty Images

Quién es quién en el zoo militar

Los penachos, las casacas de botonaduras doradas y los pantalones muy ajustados les entorpecían. Pero, «ante la disyuntiva de parecer más atractivos o ir más cómodos, el cuerpo de caballería ha preferido la primera opción». Lo dice Stefano Malatesta, autor de La vanidad de la caballería (Gatopardo Ediciones), donde recorre episodios históricos protagonizados por este cuerpo militar ligado desde antiguo a la aristocracia, el honor, la valentía y la elegancia.

El invento de la ametralladora, a finales del siglo XIX, convirtió las cargas de caballería en una locura suicida

Cuenta, por ejemplo, que durante el imperio de María Teresa para los austriacos «la elegancia del Ejército era inversamente proporcional a las victorias» (iban vestidos de blanco, muy visibles para el enemigo). En el siglo XVIII, la caballería ligera vivió esplendores legendarios con unidades míticas como los prusianos de la batalla de Rossbach, en 1757. Pero la ametralladora, a finales del siglo XIX, convirtió las cargas de caballería en una locura suicida. Lo comprobaron los lanceros polacos de la Brigada Pomerania aplastados por la infantería alemana en la Segunda Guerra Mundial y, antes que ellos, los británicos del 11.º de Húsares que se lanzaron contra los cañones rusos en Crimea, en 1854.

caballeria historia

Un oficial de caballería italiano desciende un acantilado con su montura en 1911

La caballerosidad ha sido otra de las perdiciones de este cuerpo militar. Cuenta Malatesta que en la Guerra de los Siete Años un capitán francés, en un gesto de fair play, le dijo a su oponente inglés: «Por favor, disparen ustedes primero». Y lo mataron.

BATALLAS AL GALOPE

Fumando en pipa

La victoria de los prusianos frente a Francia y el Sacro Imperio Germánico en la batalla de Rossbach, en 1757, es mítica. Las tropas francoimperiales duplicaban a las prusianas. El remate fue el ataque de la caballería. El prusiano Friedrich von Seydlitz hizo formar dos filas de 200 jinetes alineados. Se puso al frente. Sacó su pipa de marfil. Cuando terminó de fumarla, dio la orden de ataque y espoleó a su caballo. Los franceses creían que se les venía encima un alud.

Un gran disparate

El vanidoso lord Cardigan (que dio nombre a un tipo de suéter) encabezó la carga de la caballería británica contra los cañones rusos en la batalla de Balaclava, en Crimea, en 1854. La batalla es famosa por esa carga, conocida como ‘la cabalgada del infierno’. Un ataque mal planificado y un malentendido en las órdenes la dejaron completamente expuesta al fuego cruzado y fue casi aniquilada. Cardigan sobrevivió.

Una derrota de leyenda

George Armstrong Custer tenía un envidiable historial de victorias subido a su caballo, pero pasó a la historia por una derrota: la batalla de Little Big Horn, que tuvo lugar en 1876 y supuso el fin del Séptimo de Caballería y del propio Custer. Cayó frente a 9000 indios liderados por Caballo Loco y Toro Sentado.

Las últimas cargas

En la Segunda Guerra Mundial, todavía se emplearon unidades de caballería. Las más famosas, la de los lanceros polacos, llamada Brigada Pomerania, que fue aplastada por los Panzer nazis. La última carga de caballería en la guerra la realizó el Regimiento Saboya, en Rusia, en 1942.

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