Adicto a la sinceridad, el novelista confiesa que tiene asumido el precio que debe pagar por no ser parte del circo de la corrección política. Con esa misma franqueza sorprende ahora con un ‘thriller’, ‘Lucía en la noche’, un guiño a Hitchcock lleno de misterio. De su última obra, de literatura, de enemigos y pasiones hablamos con Juan Manuel de Prada. Por Virginia Drake

Se sabe perro verde y ejerce. Se reconoce reaccionario, de los que reaccionan contra el liberalismo aburguesado, desde su atalaya tradicional. Juan Manuel de Prada, zamorano de Baracaldo (1970), se siente cómodo en el debate y la polémica, acariciando y mimando todas esas palabras en desuso, a veces procedentes del mundo rural que le transmitió su abuelo y otras seguramente recuperadas de la lectura de los textos de San Juan de la Cruz, Quevedo… o de su admirado Chesterton.

Lucía en la noche (editorial Espasa) es una apasionante novela de misterio e intriga, casi un thriller, que evoca inolvidables escenas de Hitchcock. Es también una historia de amor entre un escritor y su rendida admiradora, un relato de redención, de pérdida, de duelo, de búsqueda y de recuperación. De todo ello hablamos con De Prada en esta entrevista.

XLSemanal. Todas sus novelas tienen un punto de romanticismo, pero Lucía en la noche especialmente. ¿Se está ablandando con la edad?

Juan Manuel de Prada. Pues probablemente sí. Cuando uno se va haciendo más viejo, se ablanda bastante.

XL. Parece que esta novela tenga mucho que ver con una experiencia personal.

J.M.P. Sí, nace muy dentro de mí. De alguna manera estoy contando en ella la resurrección que para mí fue conocer a mi mujer en un momento en el que yo era un escritor en horas bajas, hundido, que a través del amor se redime.

“Los españoles auténticos siempre han buscado amigos entre los musulmanes. Es lo que hay que hacer”

XL. ¿Y su mujer logró que superase su depresión, casi crónica?

J.M.P. Siempre digo que yo soy un depresivo activo. A diferencia de quienes a través de la depresión se hunden y se paralizan, a mí la melancolía -como la llamaban los antiguos y que me parece un término más afortunado- me produce una necesidad de búsqueda y de transformación, a veces dolorosa y catártica.

XL. De nuevo aparece su crítica ácida al mundo literario.

J.M.P. Bueno, no especialmente en este libro. Lo que aparece es un escritor que ha renegado de su vocación por hastío, amargura y desafección por la vida literaria y hacia la literatura misma. Alejandro es un escritor que prácticamente ha dejado de escribir.

XL. Igual que usted, durante cinco años.

J.M.P. Sí, sí. Durante ese tiempo no escribí ninguna obra de creación, también por muchas circunstancias personales, muy especialmente por mi divorcio.

XL. ¿Por qué el divorcio le provoca esa reacción contra su profunda vocación literaria?

J.M.P. Porque para mí el divorcio fue una calcinación espiritual extrema y, como es natural, todo lo que tiene que ver con el espíritu se destruye y se quema en esa combustión. Mi divorcio supuso la ruptura con la vida que había deseado tener.

Juan Manuel de Prada entrevista nuevo libro

XL. ¿Se reconoce un perro verde?

J.M.P. Sí, porque las ideas que defiendo son incomprendidas en todas partes.

XL. Su inmovilismo conservador…

J.M.P. Perdón, yo no me considero un conservador ni tampoco un inmovilista. Mi visión del mundo no permanece solidificada porque las personas tradicionales -no conservadoras- nos distinguimos porque entendemos que la tradición es el meollo que da sustento a nuestra vida, que naturalmente tiene que ir mejorando, pero a través de la lealtad a una visión del mundo y de la persona.

“Nunca he recibido palmaditas de nadie ni las he mendigado. A mí todos me han visto siempre como a un enemigo”

XL. Hubo un tiempo en el que el PP y la Iglesia le daban palmaditas en la espalda…

J.M.P. Afortunadamente, nunca he vivido de las palmaditas de nadie ni las he mendigado. Cuando las he recibido, sabía que era circunstancialmente, como así se ha demostrado. A mí todos me han visto siempre como un enemigo porque mi visión es antimoderna y, por lo tanto, contraria a todas las ideologías en boga, que tienen una visión nefasta sobre el ser humano en su andadura terrenal.

XL. Con la Iglesia también topó De Prada.

J.M.P. La Iglesia es una institución de origen divino que desempeña una misión en la historia, pero que se encarna en seres humanos concretos, que en determinadas circunstancias son seres humanos admirables y en otras, deleznables. En el momento presente, en las jerarquías eclesiásticas abundan los elementos deleznables [sonríe]. Siempre he pensado que vivimos una época especialmente detestable, que estamos en manos del dinero, de una sociedad capitalista que ha llegado a unos niveles de concentración de la propiedad monstruosa que destruye a las sociedades. A nadie se le escapa que los estados son peleles a las órdenes del dinero.

XL. Volvamos a la novela. En Lucía en la noche ha rescatado personajes de Mirlo blanco, cisne negro. De nuevo el protagonista es Alejandro Ballesteros, un escritor en sus días más bajos.

J.M.P. Concretamente he rescatado a tres: a Alejandro; a Rosario Tena, la pintora; y a Ramiro Cifuentes, el editor. Pero no se puede decir que sea una segunda parte, porque la trama es distinta: esta es una historia de vivos y muertos, de misterio, de amor y duelo, de muerte y de intento de resurrección.

XL. También recuerda mucho a la película Vértigo, de Hitchcock, en la que James Stewart (el detective Scottie) se empeña en resucitar a Kim Novak (Madeleine), que se lanzó al vacío desde un campanario.

J.M.P. Vértigo es mi película favorita y siempre pensé que algún día escribiría una especie de homenaje a ella. Y esta novela trata de serlo al contar una historia de misterio y de amor en la que el protagonista intenta recuperar a una persona desaparecida.

XL. ¿Por qué en su libro, la novela que escribe Alejandro, calificada como extraordinaria, hace que pase sin pena ni gloria?

J.M.P. Porque en una sociedad degradada es muy difícil que el buen arte tenga cabida. Las expresiones artísticas más exigentes van siendo expulsadas a las tinieblas. La mala literatura es la que vende. Recuerda, querida amiga, que Valle-Inclán, Unamuno, Baroja… jamás tuvieron un gran éxito. ¿Sabes quién tenía un gran éxito?: Blasco Ibáñez [sonríe].

XL. ¿Solo lo mediocre tiene éxito?

J.M.P. El arte degradado es el que tiene más aplauso y más repercusión en esta sociedad también degradada. Eso y que generalmente los contemporáneos no tienen la perspicacia para descubrir al gran escritor y se quedan con el que halaga el gusto de su época, cosa que jamás han hecho los grandes escritores, que siempre han resultado molestos y que sus obras necesitan el paso de al menos 50 años para que sean reconocidas.

XL. ¿Lucía en la noche tendrá el éxito editorial que se merece o habrá que esperar 50 años?

J.M.P. Me gustaría que fuera una de esas excepciones consoladoras y espero que sea bien recibida ahora y también dentro de 50 años.

XL. ¡Un ápice de optimismo para la supervivencia de su obra! [Risas].

J.M.P. Creo que los buenos escritores están condenados a perdurar, a pesar de la turbiedad en la que esta época se desenvuelve. Los grandes escritores sobreviven en la memoria de unos pocos que, a través de la tradición, mantienen vivas sus obras. Pero las masas son llevadas hacia la basura sistémica. Desgraciadamente, esto es así.

XL. En su novela, Alejandro descubre que Lucía no es la mujer de la que se enamoró; porque, bajo una identidad falsa, nada es lo que parecía en ella.

J.M.P. Según va investigando, crecen las sospechas, sí; pero en el amor no había nada de mentira. Es un thriller, una novela de misterio en la que vamos descubriendo poco a poco la verdad tenebrosa de Lucía.

XL. Y en la que introduce ciertos aspectos del islam muy amenazantes.

J.M.P. Mmm… Es cierto que el peligro islamista está muy presente en el trasfondo de la novela y se denuncia, pero no se da en ella esa condena sumaria que se suele hacer al islam, manipulada de forma burda por los medios de comunicación occidentales, que responden a un contubernio de intereses económicos supranacionales.

XL. ¡Hala! ¿Usted qué propone?

J.M.P. Una visión tradicional española nos enseña a no considerar a los musulmanes como enemigos, sino a buscar amigos entre ellos. Mío Cid combatía el islam, quería expulsar a los moros de España, pero a la vez era amigo de muchos moros. Y esa es la lección que tenemos que aprender. Yo me siento cómodo con el Poema del Mío Cid, con El cautivo de Cervantes

XL. ¿Con qué se siente incómodo?

J.M.P. Con lo que se ha impuesto en los últimos tiempos en España: una visión totalmente antiespañola en la que nos meten conductas que nada tienen que ver con nuestra tradición. Como idiotas, nuestros gobernantes están siguiendo la política de los Estados Unidos de América. Esto es una cosa loca. Los españoles auténticos que tienen claras sus certezas y convicciones religiosas siempre han buscado amigos entre los musulmanes. Y es lo que hay que hacer.

XL. En esa defensa de los valores tradicionales, ¿se siente cerca de Vox?

J.M.P. El discurso de Vox no se parece en nada al mío y no me siento identificado con él. Yo solo me identifico con la tradición española católica y, en absoluto, la veo reflejada en Vox.

XL. ¿Encuentra más puntos en común con Podemos?

J.M.P. Nunca he entendido a esa izquierda que condena el capitalismo y, al mismo tiempo, odia a la familia y todo lo que tiene que ver con lo que los antiguos llamaban ‘las virtudes domésticas’. La izquierda quiere combatir el capitalismo destruyendo la familia.

“Vivimos una época detestable; con unos niveles de concentración de la propiedad monstruosos”

XL. [Lo interrumpo]. Pero, para sorpresa de muchos, usted ha coqueteado públicamente con Pablo Iglesias.

J.M.P. Yo no he tenido coqueteos con nadie. Pablo Iglesias me parece un político leído que, además, ha tenido el buen gusto desde su juventud de leerme a mí -cosa que le alabo- y que de forma muy generosa me entrevistó y me hizo una gran entrevista, en la que me dejó hablar, no como tú que me urges y me cambias de tema cuando haces preguntas oceánicas…

XL. ¿Puedo interrumpirle un segundo?

J.M.P. No [ríe]. Parece que a mucha gente descerebrada le ha escandalizado que yo haya reconocido muchas veces que hay razón en cosas que se dicen desde Podemos. Y seguramente en las cosas que defiendan los nuevos partidos de la derecha también pueda descubrir semillas de razón. Pero esto ocurre precisamente porque unos y otros recogen los añicos dispersos de una visión global que creo que no tiene ni la izquierda ni la derecha, porque son incapaces de darse cuenta de las verdades antropológicas más elementales. Sobre todo cuando esas demonizaciones se sustentan en mentiras para meter miedo a tu parroquia.

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